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Es peor de lo imaginado

Mirada Antropológica

Rodrigo Llanes Salazar (*)

Si el calor extremo en Yucatán y otras partes de México y del mundo te hace pensar que el calentamiento global es peor de lo que imaginabas: sí, estás en lo cierto.

No nos remontemos décadas atrás, cuando las imágenes del derretimiento de los glaciares y de osos polares raquíticos alarmaban sobre las terribles consecuencias del cambio climático provocado por los seres humanos. Hace menos de cuatro años, en diciembre de 2015, fue adoptado el Acuerdo de París dentro de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, un documento considerado histórico, pues es el primer pacto mundial para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (a diferencia del Protocolo de Kioto que, adoptado en 1997, solo comprometía a los países “desarrollados” a reducir sus emisiones).

Entre los compromisos que asumieron los gobiernos que firmaron y ratificaron el Acuerdo de París, se encuentra el objetivo a largo plazo de mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2ºC sobre los niveles preindustriales. Sin embargo, a pesar de este Acuerdo, en 2017 las emisiones industriales de dióxido de carbono llegaron a niveles históricos. Asimismo, 2016 alcanzó el récord del año más caluroso del que se tenga registro. Esta tendencia ha continuado en 2017, 2018 y lo que va de 2019. En palabras de António Guterres, secretario general de la ONU: “Los pasados cuatro años fueron los cuatro años más calurosos desde que se llevan registros” (“La Jornada”, 21-3-19).

Varios estudios científicos importantes de los últimos dos años han documentado que las consecuencias del cambio climático ya las estamos sufriendo y que son peor de lo que imaginábamos.

Uno de ellos es el Reporte Especial “Calentamiento global de 1.5ºC”, elaborado por el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), presentado en octubre del año pasado.

El Reporte fue realizado por 91 autores, quienes revisaron más de 6 mil estudios científicos, y sostiene que ya estamos viviendo las consecuencias de un calentamiento global de 1ºC, tales como condiciones meteorológicas más extremas, aumentos del nivel del mar y el derretimiento del hielo marino en el Ártico.

El Reporte especial del IPCC ha encendido las alarmas porque advierte que muchos de los problemas que se prevén si alcanzamos una temperatura mundial de 2ºC los tendremos si la temperatura aumenta a 1.5º. Entre estos problemas se encuentran sequías más severas, inundaciones de costas más devastadoras, mayor escasez de comida, incendios forestales más frecuentes y la muerte masiva de arrecifes de coral. Todo esto lo sufriremos tan pronto como en 2040, si no tomamos cartas en el asunto.

Por ello, para el IPCC el compromiso del Acuerdo de París de mantener el aumento de la temperatura mundial por debajo de los 2ºC es insuficiente; mínimo, debe ser por debajo de los 1.5º, lo que implica cambios más ambiciosos que los previstos en el Acuerdo de París. No lo olvidemos: el umbral ya no son los 2 grados, sino 1.5.

Un segundo estudio que enciende las alarmas es el artículo elaborado por Camilo Mora y otros 22 especialistas, titulado “Broad threat to humanity from cumulative climate hazards intensified by greenhouse gas emissions” (“Amenaza amplia para la humanidad por las amenazas climáticas acumuladas intensificadas por las emisiones de gases de efecto invernadero”), publicado en la prestigiosa revista “Nature Climate Change” en noviembre del año pasado.

Mora y sus colegas revisaron alrededor de 3 mil artículos sobre los efectos del cambio climático y encontraron evidencia de 467 formas en las que la salud humana, el agua, los alimentos, la economía, la infraestructura y la seguridad han sido impactadas por los daños del clima, tales como las ondas de calor, los incendios forestales, el aumento del nivel del mar, inundaciones, sequías y huracanes.

Asimismo, advierten que para el año 2100, la población mundial estará expuesta de manera concurrente a más de una de esas amenazas y que incluso algunas costas tropicales podrían enfrentarse hasta a seis amenazas simultáneas.

Otro artículo que ha generado preocupación es el elaborado por Lijing Cheng y tres estudiosos más, titulado “How fast are the oceans warming?” (“¿Qué tan rápido se están calentando los océanos?”), publicado en la revista “Science” en enero de este año. La respuesta también es peor de lo que imaginábamos: los océanos se están calentando 40 por ciento más rápido de lo que estimaba la ONU hace cinco años. Las consecuencias del aumento de la temperatura de los océanos son la elevación de los niveles del mar, la destrucción de los arrecifes de coral, el declive de niveles de oxígeno en el océano, así como de las capas de hielo y los glaciares en las regiones polares.

Finalmente, este mes, la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES, por sus siglas en inglés), dio a conocer el resumen de cuatro nuevos informes científicos escritos por más de 550 expertos en los que se documenta que la diversidad biológica “continúa en declive en todas las regiones del mundo y va reduciendo significativamente la capacidad de la naturaleza de las personas” (Comunicado de prensa, 6-5-19).

Debido a presiones tales como el estrés del hábitat, la sobreexplotación y el uso no sostenible de recursos naturales y la contaminación del aire, la tierra y el agua, alrededor de un millón de especies vegetales y animales se encuentran en peligro de extinción.

Para la región de las Américas, el IPBES informa que “hoy, en promedio, las poblaciones de especies en un área son casi un 31% más pequeñas de lo que eran al momento del asentamiento europeo. Con los efectos en aumento del cambio climático sumado a los demás factores se proyecta que esta pérdida alcanzará el 40% para el año 2050”.

Ciertamente, las cifras anteriores pueden resultarnos abstractas, por lo que es difícil imaginar resultados concretos. Veamos algunos. El calor extremo es uno de ellos. Las cada vez más frecuentes olas de calor en Europa y Estados Unidos son otro. El hundimiento de islas del Pacífico es uno más. Las más de 22 millones de personas desplazadas desde 2008 por el clima es otro resultado concreto y crítico de la gravedad del problema. Un resultado aún más concreto y cotidiano para muchas personas: bebidas favoritas como el café y la cerveza se encuentran en riesgo debido a las afectaciones a los cultivos de café y cebada en el mundo.

A todo lo anterior podemos sumar dos problemas más: nuestro “acostumbramiento” al cambio climático y el “negacionismo” del mismo.

De acuerdo con un estudio de Frances C. Moore y tres especialistas más publicado en la revista “Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America” en marzo de este año, las publicaciones en redes sociales como Twitter sugieren que los usuarios se han habituado a los climas extremos en solo dos años. Probablemente nosotros ya nos hemos acostumbrado también a los memes sobre el calor extremo en Yucatán y el resto de México y apreciamos el cambio climático como una nueva normalidad.

Con respecto al negacionismo, a pesar de todas las evidencias documentadas, políticos como Donald Trump o el ministro de Medio Ambiente y el Canciller de Brasil niegan la existencia del cambio climático. Incluso, en Brasil, integrantes del gabinete de Jair Bolsonaro hablan sobre el “climatismo” como una “ideología” que busca imponerse para limitar la soberanía nacional —una estrategia similar a las denuncias de la presunta imposición de la “ideología de género—.

Pero, como ha observado el Premio Nobel de Economía Paul Krugman, el negacionismo del cambio climático también se expresa cuando las autoridades reconocen que existe el cambio climático pero dicen que no se puede hacer mucho al respecto, pues la prioridad es el crecimiento económico (una posición que nos recuerda a nuestros gobiernos locales).

Afortunadamente, no todo está perdido. De acuerdo con la reciente Encuesta Intergeneracional Actualidad Latinoamericana GDA 2019, los “Daños al medio ambiente” es el segundo tema que más preocupa a la “Generación Z” (77.1% de los encuestados), solo por debajo de la “Corrupción de los gobiernos” (72.5%). Muestra de esta preocupación fue la manifestación de niños, adolescentes y jóvenes en todo el mundo para exigir acciones contra el cambio climático el pasado 15 de marzo. Como informó Diario de Yucatán, decenas de jóvenes yucatecos también participaron en esta manifestación.

El cambio climático es un problema actual y peor de lo que imaginábamos. Además de acciones individuales, como consumir menos plástico y sembrar árboles, debemos exigir firmemente a nuestros gobiernos tomar acciones: dejar atrás el negacionismo y apostar por un transporte público sustentable, contrarrestar la expansión de la deforestación (ya sea por desarrollos inmobiliarios o la agroindustria), respetar plenamente las reservas naturales (como el Anillo de Cenotes y la Biocultural del Puuc), además de elaborar políticas públicas con un enfoque de sustentabilidad y derechos humanos.— Mérida, Yucatán.

rodrigo.llanes.s@gmail.com

Investigador del Cephcis-UNAM

 

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