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Escuelas de esperanza

Riesgos del regreso

Marcelo Pérez Rodríguez (*)

El regreso a clases presenciales en estos días, después de año y medio del cierre de las escuelas por la pandemia, es diferente a lo acostumbrado.

El bullicio de antaño en las aulas fue silenciado por el virus que asuela al país, a la entidad, al mundo...

Todo ha cambiado en la vida cotidiana. El Covid trastocó nuestras relaciones personales, sociales, laborales, comerciales y escolares.

Hay una realidad diferente en la cual estamos todos inmersos y es importante acostumbrarnos a este nuevo estilo de vida.

La escuela no es la excepción. A partir del surgimiento del virus la vida escolar se transformó. Las escuelas cerraron y los hogares se convirtieron en el centro del aprendizaje escolar. Los padres aprendieron, con mil dificultades, a ser ayudantes del profesor que, a distancia, hacía su labor.

En el regreso a clases, también surgieron padres que no deseaban enviar a las aulas a los hijos por el temor a los contagios.

Y las opiniones encontradas obligaron a que la asistencia a las escuelas sea opcional.

Una parte de los alumnos asisten a las escuelas en la entidad y otra parte, la mayoría, se quedó en casa para seguir con las actividades escolares a distancia. El inicio de un curso escolar inédito en Yucatán, pues en las aulas escasean los alumnos y el silencio las envuelve.

Pero en una pandemia de esta magnitud todos estamos en riesgo, no solo las aulas escolares en este regreso a clases, sino al ir al supermercado, a determinado comercio, a la oficina, en un restaurante, en el trabajo y en cualquier lugar.

Por eso la insistencia de seguir los protocolos sanitarios y no reunirnos en grandes grupos, menos sin cubrebocas.

Ya hay varias escuelas de determinados niveles con contagios de alumnos y docentes, incluso algunos fueron contagiados antes del regreso a clases y detectados en las escuelas.

Si algún director tiene síntomas es necesario evitar su presencia en la escuela. Sería una irresponsabilidad acudir enfermo al pensar que como no tiene contacto con alumnos no puede contagiarlos, pero sí puede contagiar a los intendentes o algún docente y extender el virus en las aulas. Y ya se vivió algo similar en una escuela de nuestro estado.

El regreso a las escuelas no se podía seguir posponiendo unos meses más pensando que el virus en octubre o diciembre ya no estaría aquí. Este año y el otro seguiríamos sin clases, las escuelas permanecerán cerradas, los niños estarán con ansiedad y depresión, y muchos padres de familia igual si pensamos que el final de la pandemia está cerca.

La gris realidad es que un tiempo, este año, el otro y tal vez otros más, seguiremos navegando en este oleaje de contagios por un virus que se resiste a abandonarnos. Por tanto, aunque nos canse y sea molestoso lavarnos las manos con frecuencia, tener un desinfectante cerca, utilizar el cubre bocas, mantenernos a dos metros de distancia al estar con otras personas y evitar reuniones con mucha gente, será imperativo hacerlo al salir de casa.

A pesar del virus y la pandemia la vida sigue, diferente y con una realidad nueva, pero hay que afrontarla. Convirtamos a las escuelas, y también a los hogares, en espacios de esperanza y fortalezas para llenar nuestro espíritu de optimismo y no doblegarnos ante el virus. Entre todos y con responsabilidad saldremos de este nebuloso túnel.— Mérida, Yucatán.

marpero53@yahoo.com.mx

Profesor

 

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