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Espacio público, tu ciudad… ¿y tú?

Escena en la Plaza Grande

Beatriz Malja Santoyo (*)

En mi tarea como profesor de la materia de proyectos urbanos en la Universidad Anáhuac Mayab, persiste el reto y el compromiso de concientizar a los estudiantes de la Escuela de Arquitectura sobre la importancia de la planeación urbana y dentro de ella, el espacio público.

Las generaciones jóvenes no perciben los cambios que han sufrido las ciudades, sobre todo en las últimas décadas. Hasta hace solo dos generaciones, los niños jugaban en los parques y los fines de semana las familias paseaban por éstos, sin afrontar los retos que actualmente esto implica.

¿Pero, cómo entender esto? El punto de partida es sencillo: Según el Inegi, el 70% de la población en México vive en localidades urbanas, es decir en una ciudad; a diferencia de los años 50 cuando el 43% de la población mexicana vivía en las ciudades y el 57% en poblaciones rurales.

Entre otros factores que incidieron en este fenómeno, debemos mencionar que vivir en la ciudad nos lleva a disfrutar o a padecer las experiencias en un ámbito urbano. Si bien la ciudad nos proporciona servicios de salud, educación o infraestructura, también nos reta a vivir en un medio donde la inseguridad y la polución, entre otros aspectos, también están presentes.

En principio debemos entender, en este sentido, que la ciudad debe significar no solo el lugar que nos proporciona estos satisfactores, sino el ámbito donde el ciudadano vive, se desarrolla, convive y crea identidad; es por ello que es vital insistir en la importancia de la creación, protección y mantenimiento del espacio, donde estas actividades tienen lugar; este es… el espacio público.

Pero, ¿qué es el espacio público y cuál es su importancia? Se ha escrito mucho al respecto, pero diversos autores coinciden en que es un lugar de libre acceso, de esparcimiento, de expresión y convivencia, de interrelación social; un espacio equitativo donde no se hacen visibles diferencias de raza o género, nivel socioeconómico, creencias, etc. Un lugar de todos y para todos, definido jurídicamente y regulado por el Estado.

Es en este espacio donde el ciudadano encuentra el carácter de la ciudad, donde se recrea en sus sitios culturales, naturales, patrimoniales y en donde el fenómeno de anonimato, que es característico de los grandes centros urbanos, pareciera desvanecerse, al menos durante los momentos de convivencia con los demás.

Hagamos memoria. La relación espacio público-ciudad ha sido muy alterada, por el fenómeno de urbanización, sobre todo a partir de mediados del siglo XX.

Recordemos que en México, particularmente en las décadas de los 70 y 80, a pesar de las regulaciones y normas creadas para incidir en los proyectos urbanos, no se corrigieron ni se previeron las muchas veces toleradas invasiones (asentamientos irregulares) de particulares, que deterioraron significativamente la calidad de vida y el medio ambiente.

En los 90 existieron importantes inversiones en centros de recreación y consumo (centros comerciales), siendo éstos los nuevos espacios de encuentro. Mientras que las urbanizaciones privadas introdujeron el concepto de espacio privado de uso público.

El impacto de este fenómeno ha sido tan fuerte, que en la actualidad la ciudad pareciera estar destinada a ser un cúmulo de seres humanos dentro de un ámbito ruidoso y estresante, inmerso en un medio artificial en donde los espacios públicos resultan del residuo urbano, y no como parte de la planeación original, sin relación ni interacción con la vivienda y el equipamiento existente.

Algunos teóricos mencionan que debido a la globalización los jóvenes han perdido interés en los jardines vecinales o los parques urbanos y prefieren los centros comerciales, o eventos masivos como conciertos etc.

Si bien la dinámica social ha cambiado, las necesidades básicas del ciudadano no.

Basta ver la Plaza Grande de Mérida los fines de semana o el Jardín del Arte en Coyoacán en Ciudad de México como claros ejemplos de la integración social y cultural necesaria siempre para los ciudadanos, sin negar otras alternativas; aún más, en un estudio hecho en mayo de 2017 para Ciudad de México se menciona que el rescate de los espacios públicos eleva entre 10 y 15% la plusvalía de las colonias porque mejora la calidad de vida de sus habitantes.

Estos espacios no solo son parques y jardines, sino calles compartidas con movilidad integral, todo este contexto de la participación de la comunidad es el cimiento para que la planeación y los esquemas de recuperación tengan éxito.

Estamos condenados a seguir… ¿igual?

Cambiar el paradigma donde el 73% del presupuesto de las ciudades se invertía en infraestructura —gris— orientada al automóvil, sin considerar paseantes, ciclistas y transporte público; donde en la CDMX se invertían en infraestructura vial alrededor de 6,000 millones de pesos anuales, de los cuales más de 5,000 se focalizaban en el automóvil, lo que provocó que el tránsito se tornara incontrolable. Que un parque grafiteado en donde el vandalismo se apoderó de los lugares de nadie, es responsabilidad única del gobierno y entonces le dan cualquier uso o lo abandonan.

Los proyectos nacidos desde el urbanismo participativo, con la concepción de proyectos incluyentes donde diferentes grupos sociales, con visiones, requerimientos y concepciones diferentes concilian intereses, resultan más efectivos en las soluciones del espacio público.

En Mérida, el Sistema de Gestión de Espacios Públicos considera planes y programas que pretenden responder a los problemas y retos de una ciudad con un crecimiento elevado, sobre todo en esta última década.

En suma, la relación espacio público con la ciudad es responsabilidad de las universidades, los colegios, las asociaciones civiles, de la comunidad. Debemos considerar la gestión ambiental de los espacios públicos como una tarea imprescindible y organizada para una mejora de vida, con acciones concretas e integrales, para hacer la ciudad más sostenible en lo ambiental, más igualitaria en lo social y, por ende, más participativa, porque aunque su génesis pudiera emanar de la conciencia social individual, el compromiso es de todos.— Mérida, Yucatán.

Maestra arquitecta

Avanzan hacia su objetivo