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¿Espionaje en Mérida?

Antonio Salgado Borge

Entre una ciudad inteligente y el Estado de vigilancia chino

Antonio Salgado Borge (*)

Mucho se ha criticado la frivolidad que implican los frecuentes viajes del gobernador al extranjero. No es para menos. La poca claridad y la naturaleza abstracta de los compromisos de inversión supuestamente logrados hacen difícil ver cómo los beneficios derivados de los días que Mauricio Vila y su comitiva pasan en el extranjero son mayores que los costos, económicos y administrativos, que estos viajes generan.

Recientemente, el alcalde Renán Barrera viajó a China y acumuló su propia dosis de kilómetros trasatlánticos. Pero el alcalde trajo consigo a su regreso un proyecto muy puntual y que pronto tendría que notarse: el actual gobierno municipal asegura que a partir del próximo año convertirá a Mérida en una “ciudad inteligente” con ayuda de la gigante transnacional de telecomunicaciones china Huawei.

Y es que, en palabras del alcalde, con la tecnología que se adquiriría “se pueden implementar ciudades cada vez más seguras, con mejor conectividad y mayor control en materia de internet, cámaras de seguridad y de públicos para, por ejemplo, saber cuándo están encendidas o apagada” (Diario de Yucatán, 15/06/2019).

Dados los antecedentes de gobernantes yucatecos y sus cortes viajando al extranjero, es rescatable que un alcalde regrese de un viaje largo con un proyecto concreto que tenga como fin directo mejorar la calidad de vida de tantos seres humanos. También es destacable que lo buscado sea monitorear el ruido, el manejo de basura o el uso de energía eléctrica de un municipio.

Sin embargo, hay dos enormes problemas implícitos en el proyecto anunciado. Y es que, de acuerdo con el Ayuntamiento de Mérida, (a) la tecnología se compraría a Huawei y (b) esta tecnología incluiría sistemas de reconocimiento facial.

Para ver por qué los puntos anteriores son problemáticos, empecemos considerando la existencia de lo que en un reciente reportaje “The New York Times” llamó “El Estado de vigilancia chino. Este periódico ha dado cuenta, con lujo de detalle, de la presencia de un sistema integrado por cámaras de videovigilancia y centros de control equipados con tecnología de reconocimiento facial que es actualmente utilizado en China para controlar e intimidar a la población.

No haré aquí un análisis detallado del funcionamiento de este esquema en China, pues una entrega pasada de esta columna, titulada “El surgimiento del Estado de vigilancia”, fue dedicada al tema —este texto está disponible en el portal del Diario—.

De lo dicho entonces solo rescataré aquí que mediante el sistema que actualmente funciona en China es posible identificar o seleccionar personas con base en su apariencia, tipo de sangre, su trabajo o incluso su relación con otras personas, como amigos o familiares.

Hay dos aspectos fundamentales de este sistema que son relevantes para efectos de este análisis. El primero es que el gobierno chino ha ensayado esta herramienta de vigilancia e intimidación contra grupos minoritarios, lo que anticipa su concepción como mecanismo de represión o control. El segundo es que el gobierno chino busca insistementemente exportar este sistema, probablemente con la intención de ampliar su alcance y extender su influencia en otras regiones del mundo.

Un ejemplo que ilustra a la perfección cómo opera la versión de exportación del “Estado de vigilancia chino” es Ecuador. A lo largo de aquel país sudamericano se ha extendido el “ECU-911”, un sistema videovigilancia integrado en parte por 4,300 cámaras de video y 16 centros de monitoreo.

Otro reciente reportaje de “The New York Times” explica que este sistema, adquirido a través de China, emula la versión de Estado de vigilancia de aquel país asiático. De la mayor importancia para el caso de Mérida es que tanto el hardware como el software que esto implica han sido diseñados y construidos principalmente por dos compañías chinas: C.E.I.E.C y Huawei.

Estamos ante un esquema documentado por publicaciones de prestigio mundial, que opera en decenas de países del mundo y que, cuando menos para una de las partes en la mesa de negociaciones —aunque por lo general para ambas—, claramente tiene fines que van más allá de lo comercial.

¿Cómo podría el ayuntamiento de esta ciudad garantizar que lo que empezará a funcionar el próximo año no es una instancia de este esquema?

1) El Ayuntamiento de Mérida podría, en primer lugar, intentar zafarse de la sombra del Estado de vigilancia explicando que el gobierno chino no tendrá nada que ver con los datos recolectados. Una forma de hacer esto pasaría por argumentar que si bien C.E.I.E.C es una empresa controlada por el gobierno chino, Huawei no. Dado que el anuncio reciente no incluye explícitamente a C.E.I.E.C, entonces el peligro de abrir la puerta al rudimento del Estado de vigilancia está conjurado.

Sin embargo, una objeción de esta naturaleza perdería de vista que, de acuerdo con un informe de la CIA presuntamente en manos del gobierno británico, Huawei, una empresa conocida en México principalmente por la comercialización de sus teléfonos celulares, habría recibido dinero de una rama del área de inteligencia del gobierno chino y de la Comisión Nacional de Seguridad de ese país (“The Times”, 20/04/2019).

Esto no es todo. Huawei ha sido objeto de sanciones y fuertes críticas porque su tecnología estaría diseñada para permitir la vigilancia desde el gobierno de China. Tan es así que Huawei recientemente ofreció al gobierno británico firmar un acuerdo de “no espionaje”. Mediante este acuerdo, la empresa china se ha comprometido a “cerrar las puertas traseras” que su tecnología normalmente deja abiertas con tal de poder operar en Gran Bretaña (“The Guardian”, 14/05/2019). En cualquier caso, la frontera entre Huawei y las áreas de seguridad e inteligencia de China es, por decir lo menos, evidentemente porosa.

2) Ahora bien, el Ayuntamiento de Mérida podría conceder lo anterior, pero decir que la liga con Huawei y con el Estado de vigilancia chino son inocuos. La forma de hacer esto pasa por argumentar que el gobierno de Mérida no ha adquirido esta tecnología para vigilar o controlar. Sin embargo, a esta respuesta se podría objetar que supuestamente tampoco el sistema implementado por Ecuador tiene esta función. Es decir, que ningún gobierno compra esta tecnología prometiendo control e intimidación; pero ello no ha impedido que así haya sido utilizada en un buen número de casos.

Desde luego, el Ayuntamiento podría alegar aquí que dada la naturaleza de sus funciones y de sus recursos, es muy complicado pensar que el gobierno de Mérida pueda utilizar la información recolectada, como se hace en China, con el fin de controlar o intimidar a seres humanos. No tiene los recursos materiales y humanos para establecer un Estado de vigilancia. Sin embargo, alegar esto no es suficiente para desarticular el problema.

Por ejemplo, de acuerdo con “The New York Times”, en Ecuador aquel este sistema alimenta directamente la base de datos de su temida agencia de inteligencia interna. ¿Cómo podríamos garantizar que el Ayuntamiento de Mérida no ceda a terceros o mal use esta información?

3) Finalmente, el Ayuntamiento podría decir que el gobierno de Yucatán ya cuenta con un sistema de vigilancia equipado con cámaras y muy probablemente con software de reconocimiento facial —conseguir este tipo de programa es sumamente fácil y barato— y que, por ende, no tendría que asustarnos que Mérida haga lo propio.

Pero esta objeción tiene serios inconvenientes. Por principio de cuentas, la presencia del sistema de videovigilancia del gobierno del estado es de suyo cuestionable y poco clara, así que la utilización actual de tecnologías de esta naturaleza no hace más aceptable el vínculo con Huawei y con el sistema empleado por el “Estado de vigilancia chino”.

De hecho, lo contrario es cierto. El posible eventual vínculo entre ambos sistemas hace al proyecto del Ayuntamiento todavía más delicado y problemático.

En conclusión, el contexto en que se produce la adquisición de la tecnología, en combinación con los puntos anteriores permiten ver que, con intención o sin ella, al momento de adoptar un sistema de “ciudad inteligente” como el que ha anunciado el Ayuntamiento de Mérida estaría siendo copartícipe de la estrategia exportadora del “Estado de vigilancia chino”.

Lo anterior no significa, desde luego, que el Ayuntamiento deba renunciar a su intención de incrementar su eficiencia apoyándose en la tecnología. Recordemos que hemos visto que los elementos más problemáticos de este esquema son su origen y el reconocimiento facial. Por tanto, modificar ambos componentes cerraría la puerta a varias de las objeciones aquí planteadas.

Para las personas que habitan en Mérida, lo importante es no perder de vista que la existencia del “Estado de vigilancia chino”, así como la forma en que operan sus sistemas, son hechos plenamente documentados y estudiados. Y que, por ende, Renán Barrera, como alcalde en funciones, tiene la responsabilidad de no abrir las puertas de la ciudad a un esquema que amenazaría a aquellas personas cuyo bienestar, presente y futuro, se ha comprometido a garantizar.— Edimburgo, Reino Unido.

asalgadoborge@gmail.com

@asalgadoborge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (ITESM)

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