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Fallaron muchos de los pronósticos

El crecimiento de México

Filiberto Pinelo Sansores (*)

Fallaron los pronósticos de los expertos que anunciaban la inminente caída en recesión de la economía mexicana. Es cierto que no es motivo para echar al vuelo las campanas que la economía haya subido tan sólo 0.1 por ciento en el segundo trimestre con respecto al primero del año en curso, pero sí es para poner de manifiesto que los expertos también se equivocan en sus predicciones, alimentadas, muchas de ellas, en gran medida, por prejuicios en contra de la manera totalmente nueva como se conduce al país.

Aún la víspera del anuncio del Inegi —que reveló que el Producto Interno Bruto (PIB) del país, contra todo vaticinio, había subido, aunque fuera ese pequeño porcentaje— una nota del Diario informaba de una encuesta hecha por la empresa Bloomberg a 11 expertos. Éstos afirmaron, unánimemente, que el índice que se revelaría al día siguiente demostraría que nuestra economía no sólo no creció sino se redujo. Estimaron, que en este segundo trimestre la caída sería del orden “de 0.1% del (PIB)” con respecto al anterior, la que, por ser “la segunda caída trimestral”, confirmaría “que México cayó en recesión” (D. de Yuc., 31-07-19).

Qué satisfacción hubieran sentido los adversarios del gobierno actual si se hubiera confirmado el pronóstico. Eso les habría dado un arsenal para bombardearlo durante semanas, colocándole el sambenito de no saber gobernar, como si quienes gobernaron antes hubieran sido un portento de sabiduría en la materia y eso se palpara en los resultados que dejaron. Estos son: una economía prendida con alfileres, un clima de inseguridad que contribuye a ahuyentar inversiones, una pobreza lacerante que impide la existencia de un verdadero mercado interno, una deuda pública construida a base de robarse el dinero recibido y una extendida corrupción que hace brotar en cada parte que se toca del cuerpo nacional verdaderos chorros de pus.

El subgobernador del Banco de México, Jonathan Heath Constable, sintetizó con claridad meridiana el fenómeno del freno al crecimiento en estos primeros meses del gobierno de López Obrador. “La economía mexicana —dijo— lleva cinco trimestres con un crecimiento promedio anual de 0.04 por ciento, es decir, tres de ellos corresponden al sexenio del expresidente Enrique Peña Nieto, quien dejó su último año con una desaceleración importante” (SinEmbargo, 01-08-19).

Y si de comparar se trata, no es por demás recordar que las cifras de los dos primeros trimestres de cada una de las cinco administraciones presidenciales precedentes, desde Zedillo hasta Peña, muestran cifras que no son para presumir. Zedillo (1995) tuvo una caída de -5.7 % en su primer trimestre y de -4.9% en el segundo; Fox (2001) subió 0.2 % en el primero y cayó -0.6 % en el segundo; Calderón (2007), subió menos de 1 punto porcentual en cada trimestre, 0.7 % y 0.8 % y Peña (2013) subió 0.3 % en el primero, pero bajó -0.7% en el segundo. Así fue y ningún experto hizo ruido.

Entonces, pasar de 0.04 a 0.1 % puede ser el inicio de una reversión de la inercia para tomar el camino del crecimiento, como esperamos millones de mexicanos. Faltan más de 5 meses para ver en qué medida cumple el gobernante su ofrecimiento de crecer al 2% en 2019, y mayor tiempo aún para saber si cumple el de crecer 4% en promedio, en todo el sexenio. Nadie puede adelantar vísperas, hay que darle tiempo al tiempo.

Dificultad

Es muy difícil revertir una descomposición como la que dejaron los burócratas-tecnócratas-corruptos que se fueron, que operaron durante 36 años, en el corto lapso de ocho meses. Dejaron un país destruido y ahora pretenden que se salga de ese trance sólo con algunos pases de magia. La clase gobernante neoliberal, durante su estancia en el poder, se dedicó a dos cosas: a hacer turbios negocios con empresarios privados, por un lado, y a saquear al erario, por el otro.

Hay muchos ejemplos de estas dos formas en que se condujo esta clase gobernante durante el lapso que tuvieron en sus manos las riendas del país. Citaremos sólo dos del último tramo: uno, la pretensión de construir un costoso aeropuerto en el lago de Texcoco, sabiendo que se hundiría y que, en consecuencia costaría mucho mantenerlo, a cambio de cerrar dos con el fin de usar los terrenos en multimillonarios negocios inmobiliarios, al estilo de los que se hacen en la ciudad de Mérida con tierras ejidales, pero a escala mucho mayor y, dos, la llamada “Estafa Maestra”, en que con el aval de Peña, Rosario Robles y su equipo tejieron una red de funcionarios federales y estatales y de universidades para desviar dinero público.

Un giro diametralmente opuesto a esta forma de gobernar es lógico que enfrente intereses poderosos, como los de grandes empresarios que hacían negocios turbios a la sombra del poder y políticos corruptos que saqueaban al erario como su patrimonio personal. Estos son los que, aunque sea de palabra, con la ayuda de voceros en medios y redes, tratan de convencer a la sociedad de que es malo el camino que se recorre. Las llamadas empresas calificadoras, que representan intereses ajenos al país, no cesan en su exigencia de que el gobierno entregue Pemex al capital privado para que continúe el saqueo de nuestro recurso energético y cancele el país la posibilidad de usarlo para su desarrollo en beneficio del pueblo.

Unos y otros, en la práctica, se unen para oponerse abierta o veladamente a un cambio de paradigma que tiene como norte combatir la corrupción, cuidar el patrimonio público para que sirva al pueblo y no a unos pocos y terminar con privilegios tales, como la devolución de impuestos de manera selectiva a unos cuantos y las compras por el gobierno a precios inflados y a grupos monopólicos de los insumos que requiere.

Desmontar la maquinaria que en el pasado sirvió para que México se fuera hundiendo no les está gustando a estos actores, que tratan, en consecuencia, desesperadamente, de detener el proceso y revertirlo, con infundios, descalificaciones, o predicciones catastróficas, pero no les funcionará, porque el pueblo ve que las políticas de austeridad, combate a la corrupción, amplios y profundos programas sociales, obras detonantes del desarrollo, etc., no son ficciones, como antes sino realidades que se palpan. — Mérida, Yucatán

fipica@prodigy.net.mx

Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa

 

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