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Filiberto Pinelo Sansores: Tapaos los unos...

Filiberto Pinelo Sansores
Editorial de Filiberto Pinelo Sansores

La consigna

Un nuevo episodio de la serie “Para qué sirven los órganos anticorrupción en Yucatán” acaba de ser puesto a circular en nuestro estado al aprobarse las últimas cuentas del gobierno de Rolando Zapata Bello por el Congreso local.

Haciendo uso de leyes a modo para que quienes gobiernan puedan evadir la obligación de rendir cuentas a sus gobernados, la burocracia multipartidista que despacha en el Congreso del Estado, una de cuyas funciones, según la Constitución estatal, es vigilar que todo dinero público sea bien empleado, levantó la mano y de manera casi unánime —una diputada fue la excepción— decidió que, pese a quien le pese, los recursos del erario yucateco estuvieron excelentemente administrados en el sexenio anterior.

Queriendo explicar por qué habiendo tantas denuncias, hechas en tiempo y forma —durante y después de ese gobierno—, por los graves desvíos en que incurrió, los diputados —casi todos— aprobaron esas cuentas, el diputado del PRD, Alejandro Cuevas Mena, presidente de la Comisión de Vigilancia de la Cuenta Pública, Transparencia y Anticorrupción del Congreso, argumentó que fue porque en el informe general de la Auditoría Superior “no se informa de denuncia alguna hecha por esta institución en contra de la administración del exgobernador Zapata Bello”. O sea que los crédulos diputados dieron por buena la omisión y, sin más trámite, la hicieron suya.

Preguntas obligadas son entonces:

1) ¿Cómo es que con el rimbombante nombre que lleva la Comisión que preside, él y sus integrantes se conformaron con el informe omiso de un órgano cuyo titular llegó al cargo impulsado por el mismo personaje, Zapata Bello, cuyas cuentas auditó?

2) ¿Cómo es que, en el pleno, todos los diputados, excepto una, acataron lo que dispuso tal Comisión con base en ese informe y, apresuradamente, aprobaron un dictamen viciado de origen?

La respuesta es obvia: porque a todos ellos les importa un bledo que haya corrupción en nuestro estado o nuestro país. Lo que les interesa es seguir aferrados a la ubre del presupuesto, pasar de un cargo a otro o —ahora que ya existe la posibilidad de relegirse—, mantener el mismo otros tres años; pero interés en que se sepa dónde están decenas de millones de pesos, hasta el momento desaparecidos, ninguno.

El juego es patear la lata hacia adelante para dar tiempo al tiempo, que pasen los años y los asuntos se pierdan en el olvido.

Como parte de ese juego de “Yo no fui, fue Teté, pégale, pégale que ella fue”, de inmediato entró en escena otro personaje del régimen de simulaciones en que se desenvuelve la tradicional clase política de nuestro estado: el Fiscal anticorrupción, figura de impacto creada por la astuta imaginación de quienes idean falsos mecanismos para dar atole con el dedo al pueblo.

El licenciado José Enrique Goff Ailloud, con larga carrera en el engranaje oficial, impulsada, eso sí, por los mismos actores palaciegos que llevaron a su cargo al Auditor cuyo informe fue aprobado, no podía quedarse callado y, como eventualmente hace cada vez que el tema de la corrupción asoma la cabeza en los medios, echó su cuarto a espadas.

Repitió las excusas que siempre da en lugar de resultados:

1) Que el proceso de fiscalización de la Auditoria cuyo informe fue aprobado es autónomo al que lleva al cabo su Fiscalía, que es penal.

2) Que está “explorando todas las posibles líneas de investigación de manera objetiva, exhaustiva e imparcial, como lo señala el Código Nacional de Procedimientos Penales”.

3) Que “denuncias interpuestas por la administración actual han sido remitidos a la Fiscalía General de la República, para que sea la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción de ese órgano federal la que continúe las investigaciones y determine lo que legalmente corresponda, mismas que suman un monto aproximado de $230 millones”.

4) Que de las que corresponden a su ámbito, la mayoría están resueltas porque “se corrigió lo denunciado” o se devolvió lo sustraído y, por último...

5) Que tres casos están bajo investigación de su Fiscalía, los de la Secretaría de Administración y Finanzas, la Agencia de Administración Fiscal y la Secretaría de Salud.

Llevan casi dos años las denuncias que está investigando y no hay a la vista ningún resultado que se exprese en nombres, responsabilidades, cantidades de recursos recuperados en cada caso o identidad de los sujetos llevados a juicio por los desvíos.

Sus respuestas parecen más cortinas de humo para proteger a los prohombres que lo llevaron al puesto que detenta que expresión del funcionamiento eficaz del órgano que dirige. Y no son sólo las cuentas del gobernador que se fue en 2018 las que ha tenido obligación de investigar, al parecer, sin hacerlo; están también otros presuntos ilícitos cometidos por otras autoridades, como las empresas fantasmas de las administraciones de Vila y Renán cuando fueron autoridades municipales, cometidos en los mismos tiempos en que el gobierno de Zapata cometía los suyos.

Es demasiado el tiempo transcurrido para poder decir que se está cumpliendo con el encargo de combatir sincera y eficazmente la corrupción en nuestro estado.

Mientras en el ámbito nacional caen peces gordos que ya están en la cárcel o están siendo buscados por la justicia, en nuestros lares no hay ningún corrupto en la cárcel, no obstante que se han documentado, durante largos años, muchos escandalosos casos a partir del gobierno de Ivonne Ortega hasta nuestros días.

Y mientras esto siga así, no podrá alegarse que en Yucatán se combate la corrupción, por más que se creen y se refuercen órganos sin dientes en la sociedad civil para hacerlo. El quid del asunto está en que quienes dirigen los poderes del Estado estén convencidos de ese combate; mientras eso no ocurra, seguiremos teniendo recurrentes episodios como el que acabamos de ver de una Auditoría que no encuentra irregulares denunciables en la cuenta pública de un titular de poder Ejecutivo que las cometió a ojos vistas, un Congreso que las aprueba y un Fiscal que sale con lenguaje cantinflesco a esparcir humo para proteger ambos hechos.— Mérida, Yucatán.

fipica@prodigy.net.mx

Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa

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