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Ganadería y cambio climático. Yucatán paga alto precio

Juan Ku Vera (*)

En memoria del doctor Francisco Alfonso Larqué Saavedra

Debido a su posición geográfica, Yucatán es altamente vulnerable al impacto de los fenómenos climáticos atípicos, tales como sequías prolongadas, tormentas y huracanes intensos e incendios forestales devastadores.

La porcicultura, la avicultura, la producción bovina y ovina, y la apicultura, son fuentes de empleo, de generación de valor y de arraigo al sector rural.

La producción ganadera aporta bienes de consumo indispensables para la salud humana: leche, carne y huevo de alto valor nutricional, esenciales para el crecimiento y desarrollo de las nuevas generaciones.

Es notoria la confusión que existe en la sociedad en lo que respecta al papel que juega la ganadería en la contaminación del aire, del suelo y del agua, así como en cuanto a las opciones disponibles para reducir el impacto ambiental de la producción ganadera.

En el Inventario Nacional de Emisiones de Gases y Compuestos de Efecto Invernadero 1990-2015, publicado por la Semarnat y el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) en 2018, se asienta que las tres principales fuentes de emisión de dióxido de carbono equivalente (CO2e) fueron en 2015:

1) El sector de energía. 2) El sector de procesos industriales y uso de productos y 3) la ganadería.

En el sector de ganadería, el 76% de las emisiones de CO2e provino del metano eructado principalmente por los bovinos y el 24% restante se originó en el manejo de las excretas (heces y orina), en su mayor parte en la forma de metano (CH4) y de óxido nitroso (N2O), dos importantes gases de efecto invernadero (GEI).

Es así como las principales emisiones de GEI de la ganadería mexicana provienen del metano eructado por los bovinos. Las emisiones de metano representan una pérdida de cerca del 7% de la energía total consumida por una vaca.

Según el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP) de la SADER, la población de bovinos de México en 2019 era de 35 millones 224,960 cabezas.

En su Contribución Nacionalmente Determinada, México comprometió ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático una reducción del 22% en sus emisiones totales de GEI para 2030.

¿Qué se está haciendo en el sector ganadero para cumplir con dicho compromiso? No mucho que se pueda comentar, por lo que existe amplio potencial para mitigar las emisiones de GEI de origen pecuario.

El metano producido por las especies rumiantes es eructado por la boca y se acumula en la atmósfera, donde permanece en promedio 12 años y contribuye así al calentamiento global.

Debido a su contenido de nitrógeno, las heces y la orina de los animales dan origen al óxido nitroso, gas que posee 265 veces mayor potencial de calentamiento global que el dióxido de carbono.

De acuerdo con el alarmante reporte del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) publicado en agosto de 2021, la humanidad se enfrenta a la más severa crisis ambiental de la historia, que ha resultado en un aumento en la temperatura de cerca de 1.1°C por arriba de aquella registrada antes de la Revolución Industrial.

Las emisiones de GEI, informa el reporte del IPCC, provienen inequívocamente de la actividad económica humana.

La Organización Mundial de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación recomiendan el consumo de cerca de 60 gramos de proteína total por día en el adulto y la demanda de este nutrimento está en constante aumento debido al incremento de la población y a la urbanización.

Por tanto, es probable que los inventarios ganaderos se incrementen en los próximos años, debido al aumento en la demanda de carne, leche y huevo. La porcicultura intensiva de Yucatán se distingue en el país por estar en los primeros lugares de productividad, uso de tecnologías de punta e inocuidad.

De manera similar, la calidad genética de los sementales bovinos criados en Yucatán es incuestionable y es reconocida tanto en México como fuera del país. A pesar de tan honrosas distinciones, ambas actividades productivas se desarrollan en el marco del intercambio ecológico desigual.

¿Qué significa este concepto? En términos generales expresa el hecho de que la sociedad está pagando caro el costo ambiental (deforestación, contaminación, pérdida de la biodiversidad) de la producción de carne, leche y huevo; y en muchos casos, dicho costo es externalizado por los países desarrollados hacia los países con menor grado de desarrollo, como México.

Es incuestionable que la porcicultura intensiva que se practica en Yucatán produce carne de calidad exportación, pero el precio de la carne de cerdo no lo puede ya pagar una creciente mayoría de la población rural y urbana que percibe un magro salario, por lo que según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, existe una grave inseguridad alimentaria.

¿Por qué es esto así? Principalmente porque los alimentos de alta calidad que consumen los cerdos y las aves determinan que la carne se encarezca y quede fuera del poder adquisitivo de muchas familias.

La alimentación de los animales representa cerca del 60% de los costos totales de producción.

¿Y la carne bovina? En las carnicerías y mercados de Mérida el kilo de carne de res cuesta alrededor de 150 pesos, mientras que el salario mínimo es de 141 pesos, por lo que estratos mayores de la población no alcanzan a satisfacer sus necesidades básicas de alimentación.

¿Existe el calentamiento global o es un mito? Los impactos por las lluvias torrenciales y las inundaciones con el paso de la tormenta tropical “Cristóbal” y del huracán “Delta” en junio y octubre de 2020, no dejan lugar a dudas, ya que causaron considerables estragos en la economía de los horticultores y milperos, quienes perdieron parte de sus cosechas y algunos, sus animales.

Según el SIAP, Yucatán contaba en 2019 con 578,240 bovinos y 1.135,190 cerdos. Los bovinos (toros, vacas, novillas) eructan el gas metano en cantidades importantes. Cada una de las vacas del hato bovino que pastorea apaciblemente en Yucatán eructa al ambiente aproximadamente 250 litros de metano por día.

Cada cerdo que se produce en Yucatán para preparar la deliciosa cochinita pibil o el lechón emite 448 kg de dióxido de carbono al ambiente. Desde el siglo pasado, la ganadería extensiva ha contribuido a la deforestación de miles de hectáreas en todo el territorio nacional para producir pastos y forrajes que son la base de la alimentación del hato bovino.

El Programa Nacional de Desmontes fue la estrategia federal para deforestar al país hace solo 50 años. ¿Existen opciones para producir carne y leche sin afectar al ambiente? Sin duda es factible desarrollar una ganadería yucateca neutral en carbono, pero se necesita invertir en desarrollos tecnológicos para alcanzar tan ambiciosa meta, junto con destinar incentivos a la ganadería por los servicios eco-sistémicos ofertados (mitigación de metano, fijación de nitrógeno atmosférico, etc.), con acceso a mercados regionales; o sea, una ganadería más integral.

El intercambio ecológico desigual no es algo nuevo en Yucatán. El monocultivo del henequén es muestra del negativo impacto económico y social que la expoliación del trabajo agrícola tuvo sobre la población maya henequenera, ya que resulta evidente al día de hoy: la pobreza, mala alimentación, marginación y discriminación que sufre dicho grupo de población.

¿Es posible reducir las emisiones de GEI provenientes de la ganadería bovina y de la porcicultura? La respuesta es afirmativa, y de hecho es algo relativamente sencillo de hacer, es suficiente con alimentar plantas nativas que contengan compuestos químicos anti-metanogénicos para mitigar las emisiones de metano de las vacas.

¿Lo pueden hacer los ganaderos? Por supuesto, de hecho, muchos ganaderos alimentan a sus vacas con follaje de: óox, huaxín, habín, pixoy y piich; y así mitigan el metano eructado en un 20-25%. Los ganaderos cuyas vacas reduzcan sus emisiones de metano podrían recibir una retribución económica de participar de manera organizada en el incipiente Sistema de Comercio de Carbono de México.

En Yucatán, las excretas de los cerdos son tratadas a través de un proceso de fermentación anaeróbica en biodigestores (para 2015 ya se habían instalado 123 de éstos en el estado), con el propósito de reducir su potencial contaminante. Las excretas de las aves (gallinaza) son realimentadas a los bovinos desde hace mucho tiempo como una fuente de nitrógeno reciclable, para así disponer de este desperdicio que se produce en grandes volúmenes.

Es importante reducir los impactos del cambio climático (sequías, inundaciones, incendios) en el sector agropecuario; los efectos de los huracanes “Grace” y “Nora” en agosto de 2021 en Veracruz y en los estados de la costa del Pacífico, respectivamente, son una advertencia de que los fenómenos climáticos atípicos tienen suficiente potencial para afectar económicamente extensas regiones agropecuarias de México.

El intercambio ecológico desigual no debe de ser el concepto que oriente el desarrollo ganadero de Yucatán; resulta caro, es energéticamente ineficiente, socialmente injusto y ambientalmente inaceptable. Debido a lo anterior, es importante que las autoridades en los diferentes órdenes de gobierno, junto con las diversas agrupaciones de ganaderos, emprendan acciones coordinadas, utilizando el conocimiento resultado de la investigación científica, para superar los retos que la intensificación sostenible de la ganadería yucateca demanda en el momento actual, ante los impactos cada vez más severos y frecuentes del cambio climático en el sector agropecuario.— Mérida, Yucatán.

kvera@correo.uady.mx

Profesor-investigador de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Uady

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