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Guillermo Fournier Ramos: Hacia una salida

Guillermo Fournier
Guillermo Fournier

La posibilidad de un mejor futuro

Guillermo Fournier Ramos (*)

Toda crisis genera cambios profundos y brinda una serie de lecciones que llegan para quedarse; los tiempos difíciles también son oportunidades para romper paradigmas y construir un mejor porvenir.

Así, la presente contingencia de salud por Covid-19 (que viene acompañada de terribles efectos en el plano económico) ha sacudido la vida de las personas de manera importante y en múltiples aspectos.

Por decirlo de modo contundente: no volveremos a ser los mismos después de esta experiencia única por sus dimensiones y amplios alcances.

Sin duda, el confinamiento en casa ha sido duro; la especie humana es sociable por naturaleza y la ausencia de contacto con nuestros seres queridos resulta un sacrificio significativo.

Como bien sabemos, las medidas de distanciamiento social tienen como propósito la reducción del riesgo de contagio, pero, aun conscientes de que vale la pena cumplir con estas restricciones con disciplina, existe un innegable impacto psicológico que por ratos nos trae frustración. Quisiéramos volver a la normalidad; ahora recordamos con nostalgia el mundo antes de Covid-19.

Por otro lado, la situación crítica ha tenido consecuencias poco previsibles en primera instancia. Mantenernos en el encierro relativo nos abrió espacios propicios para la reflexión.

Aunque pudiera parecer algo poco relevante, lo cierto es que el dinamismo de la era contemporánea rara vez nos deja espacios para la introspección y la reflexión profunda.

La prolongada permanencia en casa, para muchos, ha implicado más horas dedicadas a pensar en nuevos proyectos, estimular la creatividad y retomar pasatiempos apasionantes como la lectura.

Probablemente, otros tantos, han invertido tiempo en meditar sobre sus metas de cara al futuro; nunca es mal momento para trazar un plan de vida con objetivos bien definidos.

Tener momentos para imaginar es fundamental, ya que el mundo de las ideas es el punto de partida: el lugar donde nacen las acciones que al final consiguen cambiar la realidad.

Asimismo, el estado de crisis nos motiva a acudir a la esperanza, y no hay mejor manera de lograr esto que con la elaboración de planes a determinado plazo. El optimismo extrañamente se presenta en los tiempos de mayor incertidumbre, tal vez porque los humanos entonces nos convencemos más que nunca de que la mejor forma de predecir el futuro es precisamente creándolo.

En situaciones de dificultad, las personas solemos acudir a la fe. Esta puede tener múltiples expresiones dependiendo de la cultura y de las convicciones propias. Lo cierto es que la espiritualidad es un fenómeno fascinante que se encuentra en la mayor parte de la población en mayor o menor medida e intensidad.

En mi opinión, la fe es un elemento imprescindible por su potencial para brindar fortaleza a los individuos en momentos obscuros. Además, la fe común suele unir a las sociedades en torno a causas compartidas, incentivando la solidaridad. En los últimos meses, mucha gente, posiblemente ha volteado a ver nuevamente hacia ese lado espiritual de su humanidad.

El núcleo familiar es el ente más preciado en nuestra cultura; en general los mexicanos, y específicamente los yucatecos, cultivamos verdaderamente los valores familiares. No obstante, el ir y venir de un mundo acelerado, también se ha traducido en una menor cohesión de las familias.

Desde luego, este hecho puede traducirse a largo plazo en una crisis de valores sociales y humanos con consecuencias devastadoras.

Así, la prolongada contingencia y sus medidas de confinamiento han dado a las familias la oportunidad de convivir de manera plena. Claramente, las relaciones personales tienen sus retos: por lógica, la sana convivencia se logra cuando aprendemos a vivir al lado de nuestros pares. Con seguridad, estos meses han servido para valorar más la compañía de los familiares que tanto aportan a nuestra vida, formación y desarrollo.

Si es verdad que el mundo no volverá a ser como antes, más nos vale adaptarnos a las circunstancias complejas y trabajar unidos para crear un mundo mejor, con más oportunidades en condición de igualdad y con menos decadencia en valores humanos.

Los cambios de paradigma no siempre son negativos, pues obligan a las sociedades a replantear cuestiones profundas y otorgan la posibilidad de establecer nuevos principios y fundamentos.

La reflexión, la espiritualidad y la cohesión familiar serán elementos cruciales para conseguir trascender y superar cualquier crisis. Para salir adelante, encontraremos un camino, o lo haremos juntos.— Mérida, Yucatán

Fournier1993@hotmail.com

Licenciado en Derecho, maestro en Administración Pública

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