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Guillermo Fournier Ramos: La nueva década

La fórmula contra los retos

Guillermo Fournier Ramos (*)

El tiempo es relativo y aunque los días, meses y años no son más que una construcción humana para medirlo, las fechas del calendario también nos pueden servir como referencia en múltiples aspectos.

Es a través de la temporalidad que estudiamos los sucesos relevantes para nuestra especie, trazamos metas personales de vida, y realizamos celebraciones periódicas que nos unen como comunidad.

Pues bien, si cada año nuevo es visto tradicionalmente como una oportunidad para cargarnos de energía en el afán por cumplir determinados propósitos, más todavía lo es la llegada de una nueva década. En 2021 nos metemos de lleno a un decenio que promete ser revolucionario en ámbitos como la ciencia, las telecomunicaciones, y la innovación. Ya se habla en distintos foros del inminente cambio de era próximo de la mano de la digitalización y las transformaciones tecnológicas.

Todo parece indicar que el mundo será muy diferente hacia el final de la década que se inicia, respecto de la realidad que conocemos ahora. Desde luego, muchos de los cambios ya están en marcha, pero, con alta probabilidad, las dinámicas de las fuerzas disruptivas se acelerarán.

La humanidad ha demostrado su falta de precisión al predecir el futuro. La razón es simple: el porvenir no se predice, sino que se construye día tras día, por medio de acciones concretas de millones de variables vinculadas con la conducta de las personas. Es decir, más que temer los posibles escenarios futuros, debiéramos ser conscientes de que la fatalidad no existe cuando hay voluntad por hacer para dirigir el cambio hacia una eventualidad favorable.

Es cierto que los retos por delante son enormes: la crisis medioambiental, la desigualdad económica, y la inestabilidad política supondrán riesgos complejos en esta década emergente; no obstante, de la capacidad para colaborar y hallar soluciones creativas, así como éticas, dependerá nuestro éxito o fracaso en el manejo de estas asignaturas.

Claramente, pensar en lo que depara el porvenir puede generar inquietud; los cambios producen resistencias porque los seres humanos preferimos la certeza sobre la incertidumbre. Sin embargo, por otro lado, nos gusta imaginar un futuro con mejores condiciones, donde haya prosperidad y bienestar; la esperanza es inherente al individuo, y es justamente con este optimismo que debemos abrazar la década que comienza.

¿Por qué sentir ansiedad por el cambio cuando podemos trabajar para moldear los escenarios por venir? Sin duda, somos la generación con más recursos a su alcance para combatir los problemas que nos amenazan, aunque ello no será suficiente si no conseguimos organizarnos como sociedad para avanzar hacia objetivos comunes. El nuevo decenio será una oportunidad para replantear el paradigma de la colaboración entre pares; estoy convencido de que las respuestas a las incógnitas que hoy aparecen sobre el camino llegarán, siempre y cuando haya disposición por cooperar sin distinciones, al amparo de valores y principios compartidos.

¿Causarán las revoluciones tecnológico-digitales más daños que beneficios? Nuevamente, ello estará sujeto a las decisiones que se tomen en materia social, económica y política; eso sí: también la educación y la cultura jugarán papeles fundamentales. En primera instancia hay que decir que la tecnología es la aplicación de la ciencia en beneficio de las personas. Mientras este enunciado implacable no sea desvirtuado, las cosas irán bien; empero, nada nos garantiza que así será, por lo que se torna indispensable formar líderes virtuosos que conduzcan los rumbos de las sociedades con ética y visión de futuro.

Si las disrupciones provocan inestabilidad, hace falta volver al enfoque humanitario, que ponga el acento en la dignidad de las personas y sus necesidades. Anticiparse al cambio es tarea de liderazgos capaces.

La década que dejamos atrás ha estado repleta de lecciones, experiencias valiosas y puntos de reflexión. Las crisis que hemos atravesado nos han hecho más fuertes, aunque tal vez aún no nos hayamos dado cuenta de ello. Al pie de un nuevo decenio, es nuestro deber y oportunidad abrirnos ante perspectivas novedosas, maneras distintas de afrontar los retos, y renovados valores que nutrir. Se vale también trazar metas a mediano y largo plazo, con voluntad firme y entusiasmo por construir.— Mérida, Yucatán.

fournier1993@hotmail.com

Licenciado en Derecho, maestro en Administración

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