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Guillermo Fournier Ramos: Motor de la vida

En busca del sentido

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Se dice que el carácter personal es puesto a prueba cuando nos vemos obligados a enfrentarnos a situaciones difíciles. Sin duda, los grandes desafíos requieren de fortaleza mental para ser superados; los momentos de crisis traen consigo una alta carga de estrés y tensión.

Por ello, la resiliencia como capacidad para sobreponernos a la adversidad es fundamental. Sin embargo, en medio del caos, con frecuencia cedemos ante la desesperación, producto de las emociones negativas que acompañan a la incertidumbre.

La historia nos demuestra que la humanidad ha conseguido sortear obstáculos de enormes dimensiones: guerras prolongadas, catástrofes naturales e incluso otras pandemias se han hecho presentes a través de los siglos causando terror, dolor y horror entre la población de los países.

Lecciones

Estos eventos del pasado, claramente, nos han dejado lecciones, pero sobre todo al repasarlos podemos ver que es posible pensar en un mejor mañana. La esperanza no es ilusoria, pues ya hemos sido capaces como especie humana de lidiar con retos complejos y salir avante. Por supuesto, esta no será la excepción.

Hay testimonios muy valiosos que dan cuenta de cómo podemos hacer frente a las crisis aun en las horas más obscuras. Quisiera apuntar el de Viktor Frankl, un psicoterapeuta de origen judío que fue internado en los campos de concentración del régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Tras ser liberado, al concluir el conflicto bélico, el célebre médico escribió un libro titulado “El hombre en busca del sentido”, en el que relata su experiencia como prisionero del Tercer Reich.

En su obra, Frankl narra las terribles condiciones a las que él y sus compañeros fueron sometidos desde su captura. A través de las páginas, se habla de tratos inhumanos, sufrimiento y desolación. El interesante enfoque del autor consiste en buscar descifrar qué era lo que mantenía vivos a esas mujeres y hombres que ya habían perdido su libertad y se hallaban en una situación verdaderamente deplorable como resultado de la violencia ejercida por sus captores.

Pues bien, con base en sus conocimientos psicológicos, Viktor Frankl sostiene que, incluso en los peores ratos, lo que motivaba a la gente a seguir adelante, era la convicción de que sus vidas tenían un valor en la medida en que conservaban su dignidad humana a pesar de la privación de su libertad física.

Más aún, la situación extrema sacó a relucir lo mejor de muchos individuos, que a la postre se convirtieron en verdaderos héroes de la historia por haberse sacrificado de diversas maneras (incluso hasta el grado de perder la vida) con tal de ayudar a otros.

Al parecer, la tragedia permanente conseguía estimular las acciones solidarias entre pares. La colaboración se tornó la única vía para acceder a la supervivencia en medio de trabajos forzados y múltiples carencias.

Otra práctica común consistió en el esfuerzo por motivar y animar a aquellos que parecían darse por vencidos. La vida de estas personas había cambiado de un día para otro, por causas ajenas a ellos. Paradójicamente, el injusto cautiverio fortaleció las convicciones y virtudes de miles.

Lo más terrible, en ocasiones, se aprende enseguida, mientras que lo sublime puede tomar toda una vida.

El sentido de la vida es la trascendencia y ésta la alcanzamos cuando aprendemos a servir a los demás. El motor que nos mantiene vivos en espíritu es la certeza de que somos valiosos en la medida en que somos importantes para otras personas que esperan algo de nosotros.

La adversidad no nos define, sino que es la dignidad humana la que nos hace seres llamados a la trascendencia. Sin embargo, todo aquello que vivimos sí se traduce en aprendizaje que puede ser útil para encontrar sentido a nuestra existencia, aunque este sentido siempre haya estado ahí esperando ser revelado.

De la mano de la solidaridad, la resiliencia y los valores, superaremos esta crisis que nos azota con fuerza. La vocación que compartimos todas las personas por colaborar en la construcción de un mejor futuro sigue intacta.

Quizá ahora más que antes, sea urgente ser conscientes de las áreas de oportunidad que tenemos como sociedad. A veces, los tiempos difíciles son propicios para pensar en el sentido de la vida; encontrar este sentido nos hará más humanos.— Mérida, Yucatán.

fournier1993@hotmail.com

Licenciado en Derecho, maestro en Administración Pública

 

 

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