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Guillermo Fournier Ramos: Pasión por la escritura

El poder de la palabra

La capacidad de comunicarnos mediante palabras que conforman un vocabulario complejo es lo que nos hace humanos. Ninguna otra especie cuenta con la habilidad suficiente para crear signos comunes que puedan pronunciarse por medio de sonidos (la voz) o plasmarse a través de letras (la escritura) para transmitir mensajes de igual a igual.

Este desarrollo evolutivo de nuestra inteligencia es fascinante y, a la vez, nos ha permitido avanzar en la construcción de sociedades civilizadas que emplean la tecnología para mejorar sus vidas. El pensamiento abstracto abre un universo casi infinito de posibilidades, por lo que los procesos comunicativos son sumamente diversos, así como dinámicos.

Sin duda, la palabra hablada es digna de interés. La expresión verbal nos da la oportunidad de comunicar por medio de entonaciones que reflejan emociones, cambios de ritmo que indican grados de intensidad y modulaciones del volumen que describen la severidad del que habla. La comunicación oral es una herramienta de enorme utilidad para entendernos con la gente en nuestro entorno de manera práctica y cercana.

Sin embargo, la expresión escrita es igualmente relevante para fines de comunicar ideas, conceptos e intenciones. Más aún, la era digital nos ha orillado a utilizar con mayor frecuencia, en el día a día, el teclado de distintos dispositivos electrónicos para redactar breves textos; probablemente, enviamos más mensajes de los que imaginamos.

También leemos una inmensa cantidad de contenidos sin siquiera asimilarlos; nuestra capacidad para absorber información se ve obligada a expandirse, almacenando lo útil y desechando aquello que no lo es.

Quizá por la velocidad del transitar de la información, las imágenes y las letras, hemos perdido poco a poco el auténtico aprecio a la expresión escrita como poderoso instrumento para persuadir, conmover y transformar.

De ahí el descuido de la ortografía y el rechazo a seguir las reglas gramaticales básicas; por ello la saturación de emojis acompañada de una reducción en el vocabulario de las personas; y, por tanto, la disminución del hábito de la lectura de libros y la notoria pereza de algunos jóvenes por redactar ensayos o textos sobre temas de importancia.

La palabra escrita es tan poderosa que históricamente ha sido usada lo mismo como arma para vencer en guerras, vehículo para movilizar comunidades en busca de la defensa de ideales o herramienta para esparcir conocimiento de utilidad entre las personas.

Las letras perduran en el tiempo y eso les otorga un poder impresionante. Gracias a la escritura podemos acceder a la filosofía de los antiguos griegos, pero también a los descubrimientos científicos de Charles Darwin, tanto como a la Biblia y los textos religiosos. La comunicación escrita no conoce de los límites propios de la temporalidad.

La escritura además vence las barreras de la física y el espacio para volverse omnipresente. Por ella, el conocimiento y la imaginación son capaces de trascender fronteras y extenderse por el mundo, con el simple deseo del lector por descubrir nuevos horizontes. Verdaderamente, la lectura nos transporta a la mente del autor. Así, quien perfecciona el arte de la escritura posee en sus manos la posibilidad de trascender. Quien gusta de redactar cuenta con la dicha de compartir lo más valioso: las ideas.

Escribir es dibujar con el pensamiento. Se trata de imprimir en cada golpe del teclado pasión e intensidad, pues solo así se conseguirá que el lector se mueva en un mar de emociones. Quien escribe, a la par, pretende provocar a su público; moverlo a la reflexión o la acción. Entonces, el maestro de la palabra escrita se conduce como un poderoso transformador social.

Volvamos a valorar en su justa dimensión la belleza inigualable y la contundencia implacable de las letras como instrumento de comunicación y cambio. Contribuyamos a preservar el uso de la palabra escrita como plataforma de cultura, educación y desarrollo. Perdamos el miedo a expresarnos de manera abierta y profunda; con certeza, la escritura será de gran ayuda en este propósito. Por último, nunca olvidemos que lo escrito, escrito está.— Mérida, Yucatán.

Fournier1993@hotmail.com

Licenciado en Derecho, maestro en Administración

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