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Hacer la paz positiva

Guillermo Fournier
Guillermo Fournier

Un camino por recorrer

Guillermo Fournier Ramos (*)

Uno de los aspectos que más se valoran dentro de una vida en sociedad es el disfrutar de un entorno de paz y tranquilidad. Más aún, existe una correlación entre altos estándares de desarrollo económico y elevados niveles de seguridad; a su vez, las sociedades con menos violencia y delincuencia encuentran espacios propicios para la prosperidad.

Se trata de una dinámica de retroalimentación permanente: un círculo virtuoso al cual toda comunidad debe aspirar.

La civilización humana nació cuando nuestros ancestros lograron organizarse en redes complejas de individuos con roles particulares y complementarios entre sí. También se vincula estrechamente con el descubrimiento de la agricultura y la llegada del sedentarismo para abandonar la vida nómada. La sofisticación del lenguaje para optimizar los procesos de comunicación, desde luego, fueron trascendentales.

Pero, quizá el mayor impulsor del surgimiento de sociedades relativamente estables fue el paulatino uso del razonamiento y la cooperación para resolver conflictos que, de manera inevitable, acontecían como parte de la interacción entre pares.

Y es que la paz no puede entenderse como la mera ausencia de controversias o disputas entre humanos; de hecho, las relaciones interpersonales, casi por definición, son conflictivas; cada sujeto piensa distinto de los demás y cuenta con una perspectiva única respecto de la realidad que le rodea. Por tanto, la pacificación pretende que aprendamos a convivir en comunidad, identificando aquellos valores y principios que nos unen, al tiempo que reconocemos nuestras diferencias de la mano del respeto y la apertura.

La pluralidad es un elemento innegable en cualquier sociedad en el contexto de un mundo globalizado. Sin embargo, hace falta desarrollar una mayor sensibilidad y grado de conciencia que nos permita asimilar lo evidente: aquel que es diferente a mí no es mi enemigo, sino una persona con idéntica dignidad a la mía. El odio y la discriminación son producto de la ignorancia y la falta de virtud.

Ahí donde hay educación y valores humanos, la inclusión se hará presente, como una vía hacia la igualdad y la prosperidad.

En este orden de ideas, debemos ampliar nuestra noción de la paz, ya no exclusivamente como un estado de las cosas, sino como un camino por recorrer, como una legítima aspiración de vivir en un mundo mejor.

Para hablar de auténtica paz, hay que incorporar una visión holística a la discusión: visualizar un sistema con múltiples dimensiones que precisan ser tomadas en cuenta.

De este modo, conseguiremos comprender que no es posible obtener paz cuando no existe igualdad de oportunidades para todos; saldrá a la luz que la exclusión de determinados grupos poblacionales en situación de vulnerabilidad es un tipo de violencia que urge ser erradicado.

La paz negativa se da cuando en un territorio o sociedad no se presentan actos de violencia de forma sistemática; se establece en ciudades y estados con bajos niveles delictivos y una elevada percepción de seguridad por parte de sus ciudadanos.

Indiscutiblemente, es un verdadero privilegio para una comunidad el disfrutar de un clima de tranquilidad; los bajos índices de delincuencia son un signo plausible. No obstante, la paz negativa es una paz incompleta, aunque puede fungir como punto de partida para la construcción de una cultura de la paz robusta que se traduzca en prosperidad.

La transición de paz negativa a paz positiva es un proceso estructural que toma tiempo, pero, sobre todo, exige de compromiso de los diferentes entes que componen la sociedad.

Las dinámicas de sana convivencia, la cultura del respeto y el buen trato son bases formidables para edificar redes de apoyo efectivas, comunidades incluyentes y proyectos sociales fructíferos.

Ahora bien, hace falta de mucha disposición para hacer el cambio; la igualdad entre hombres y mujeres, la integración de las personas con discapacidad, y el reconocimiento de los derechos de las personas mayores, son solo ejemplos de asignaturas pendientes que debemos superar si es que queremos avanzar hacia una paz positiva.

Es tarea de todos: iniciativa privada, sociedad civil, autoridades gubernamentales, cada sector tiene su propio papel por desempeñar.

Asimismo, las y los individuos estamos llamados a procurar la paz en cada palabra expresada y cada acción realizada. La paz nace de la buena voluntad, pero requiere de esfuerzo y trabajo duro para madurar y perdurar.— Mérida, Yucatán.

Fournier1993@hotmail.com

Licenciado en Derecho, maestro en Administración

 

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