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Hitler y la segunda Guerra Mundial

Foto: Megamedia

Raúl Espinoza Aguilera(*)

El primero de septiembre pasado se cumplieron 80 años del inicio de la Segunda Guerra Mundial.

A principios del siglo XX, Adolfo Hitler, un joven austriaco que en un inicio de dedicaba a la pintura y al dibujo y que no fue aceptado por la Academia de Artes, vagaba por las calles de Viena padeciendo hambre y toda clase de privaciones.

Pero, en medio de su situación de penuria, en 1914 estalla la Primera Guerra Mundial y Hitler la considera como la gran oportunidad de afiliarse y salir de su estado de postración. Ahí destacaba por su valentía en las misiones que se le encomiendan y recibe una condecoración “La Cruz de Hierro” al final de la confrontación bélica.

Posteriormente, Hitler fue invitado a los grupos del naciente Partido Nacional Obrero Alemán. Y en esas reuniones, Adolfo sorprendió a los militantes de ultraderecha debido a su elocuencia, su oratoria convincente, sus ideas revolucionarias.

En diciembre de 1923, Hitler y sus seguidores intentaron dar un golpe de estado. Fracasó, fue encarcelado y en prisión escribió su célebre libro “Mi lucha”. Mientras tanto, la popularidad de Hitler fue creciendo como un líder, un destacado caudillo.

¿Qué ideas propugnaba Hitler? El anticomunismo, el antisemitismo, la lucha contra la masonería y la extensión del territorio alemán por otros países europeos (pangermanismo), entre otros.

“Nuevo Orden”

El objetivo de Hitler era establecer un “Nuevo Orden” basado en la absoluta hegemonía de Alemania Nazi sobre el resto del continente europeo. Este caudillo despierta el sentimiento patriótico al replantear el “Tratado de Versalles” de 1919, ya que los dirigentes de los países aliados establecieron condiciones extremadamente injustas para la perdedora de la Primera Guerra Mundial. Alemania, por ese entonces, sufría una hiperinflación y un caos económico y político. Todos los alemanes buscaban a un líder que los sacaran de ese estado tremendamente crítico.

Así que la entrada de Hitler en la escena política —con sus promesas de grandes cambios— era bien vista por la mayoría de la población. Al llegar al poder, fue nombrado el líder, el Fuhrer.

Comienza entonces la eficaz y profesional propaganda profesional dirigida por Joseph Goebbels y discursos cuidadosamente preparados. Se producen programas de radio, películas, posters, revistas, abundante publicidad y noticias para enaltecer la figura de Hitler. En poco tiempo, el célebre personaje era admirado y temido en Alemania y fuera de este país. Y pasa a convertirse en un dictador irrebatible.

Su decisión de iniciar la Segunda Guerra Mundial el primero de septiembre de 1939 invadiendo Polonia, a pesar de la oposición de algunos de sus generales, resulta el detonador de una confrontación mundial de enormes proporciones. Todos recordamos el doloroso Holocausto, los campos de concentración en el que murieron no solo millones de judíos sino también miles de católicos y muchos ciudadanos inocentes. Fue como un acto de locura universal.

Ya en perspectiva, únicamente vista esta Segunda Guerra Mundial desde el ángulo de la estrategia militar, ¿cuál fue el tremendo error de Hitler? Despreciar a sus militares capacitados, con experiencia y criterio para definir y concretar las importantes determinaciones por realizar, en vez de que él mismo llevara al cabo todas las decisiones, hasta las más nimias.

Con esta absurda actitud, el Fuhrer tenía sus días contados, así como su “Nuevo Orden”.

Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la UNAM y maestro en Comunicación por la Universidad de Navarra

 

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