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Homilía dominicaL

Foto: Megamedia

PRESBÍTERO MANUEL CEBALLOS GARCÍA

Cinco panes y dos pescados

San Mateo nos dice que Jesús deseaba estar a solas con sus discípulos y descansar con ellos, una vez que éstos hubieran regresado de su primera misión evangélica. Jesús sabía muy bien que está en camino hacia la muerte y toda su vida pública era una subida a la ciudad que asesina a los profetas, a Jerusalén, y al Calvario.

Jesús siente compasión de la gente, no solo porque ve que anda desorientada con la doctrina de los falsos maestros, sino porque ve también sus necesidades corporales. Por eso cura a los enfermos y le da de comer a los hambrientos.

Ahora bien, uno podría preguntar después de leer el episodio: ¿Cómo se multiplicaron los panes? ¿oólo en manos de Jesús, o en manos de Jesús y de cada apóstol? ¿Tuvieron que ir dando viales de ida y vuelta para coger nuevos trozos cada vez que se acababan? ¿Por qué no dice nada san Mateo del reparto de los pescados? Ya casi de noche, ¿a quién se le ocurrió ir a recoger las sobras en mitad del campo?

Lo más seguro es que la gente de la comunidad de san Mateo recordaran el episodio en que Moisés, guiado por Dios, le dio de comer a los hebreos durante su marcha desde Egipto a la Tierra Prometida (Canaán) y el relato sobre el profeta Eliseo que dio de comer a un grupo abundante de discípulos de origen humilde y pobre (2 Re 4, 42-44): Jesús alimentó a toda aquella gente, como lo hicieron, en su momento, Moisés y Eliseo, con la diferencia de que Jesús no tuvo que pedirle a Dios que resolviera el problema y que, en comparación con Eliseo, Jesús no alimentó a cien personas con veinte panes, sino a varios miles con solo cinco. La misericordia y el poder de Jesús quedan subrayados de forma absoluta.

Sin embargo, queda una pregunta latiendo entre nosotros: ¿sigue saciando Jesús nuestra hambre, nos sigue ayudando en los momentos de necesidad? El milagro de la multiplicación de los panes fue una señal de la vida que Jesús ha venido a traer a la tierra, de una vida abundante para el cuerpo y para el alma.

En aquel lugar, nos dice el relato, había allí mucha hierba, en donde se sentó la multitud. San Juan nos dice más explícitamente que estaba próxima la pascua de los judíos, lo cual es un dato verdaderamente importante, pues se trata de la perspectiva pascual en la que se sitúa el milagro.

Por lo tanto, el sentido del milagro es la vida que Jesús gana abundantemente para todos con su muerte en la cruz. Si se quiere, la multiplicación de los panes es ya una eucaristía campestre en la que se proclama la misma gracia que en la Cena del Señor. De la Eucaristía se sacan fuerzas para amar a Dios y al prójimo, superar las dificultades diarias y resistir en medio de todas las tentaciones.

 

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