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Importante acompañamiento espiritual

Semana del Seminario 2019

Ricardo Alberto Atoche Enseñat (*)

Dios nos ha regalado una “gracia invaluable” para alcanzar la santidad en la ayuda que la Iglesia nos brinda a través de las orientaciones de un acompañante o director espiritual. Es, sin duda, un ministerio bellísimo, pues quienes lo ejercemos hemos podido constatar muy de cerca la increíble acción de Dios en los corazones humanos.

Nos sentimos muy agradecidos con Nuestro Señor por permitirnos ser testigos de un Dios que vive en el interior de la persona humana. Dentro de cada uno de nosotros existe una realidad que a simple vista no es posible percibir, ni siquiera para uno mismo. Se necesita un trabajo muy perseverante para ayudar a los acompañados a sumergirse en la profundidad de su vida interior. De ninguna manera realizamos “psicoanálisis” ni somos psicólogos, aunque no desconocemos teorías y técnicas empleadas por esta ciencia. El acompañante espiritual es esencialmente una persona elegida por Dios para contemplar la presencia de Él mismo en el corazón humano. Por poner un ejemplo, hacemos lo mismo que hace una persona que pertenece al apostolado de la Adoración Nocturna, solo que lo hacemos a plena luz del día, y el Sagrario que se abre delante de nosotros para exponernos la Presencia Divina es el corazón del hombre con toda su manifestación de emociones, intenciones, anhelos y deseos, envueltos en el drama humano de su contradicción y sus heridas.

Es, pues, un servicio por un lado apasionante y por otro muy exigente. Si cuando vemos una serie de televisión nos quedamos en suspenso, imagínense lo que significa ver cómo Dios va esculpiendo su rostro en el corazón de sus sacerdotes, quisiera uno ver lo que pasará en la siguiente etapa de esa vida.

Ésa es la parte bonita del acompañamiento espiritual, pero también existe la otra cara de la moneda, es un servicio muy exigente, porque, como nos ha enseñado la Palabra de Dios, “el acero se templa al fuego” y “el oro se purifica en el crisol”. Solo hay una manera para configurarse con Cristo y es “a través de la cruz”. Acompañante espiritual que no entiende esto no debería ser director espiritual de nadie; porque si “un ciego guía a otro ciego…”.

San Juan de la Cruz, que es uno de los mejores directores espirituales que hemos tenido en toda la historia de la Iglesia, acuñó esta sentencia: “El más grande obstáculo para que una persona alcance su santidad es un director espiritual ignorante en los caminos de Dios”.

Y el camino que recorremos todo director o acompañante espiritual, que es movido auténticamente por la gracia de Dios, es el camino al Gólgota, al ofrecimiento total de nuestras vidas. “Así, nuestra vida se llena de sentido en la Cruz, al abrir los brazos, junto con nuestro Maestro Jesucristo, para abrazar la miseria humana y entregar nuestro espíritu a la voluntad del Eterno Padre”.

¡Qué dicha el haber sido llamado a acompañar a otros a recorrer este camino!

Director Espiritual de la Etapa Discipular.

 

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