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Iñigo Casares Pérez: Futuro y ciclovías

La movilidad en Mérida

Desde que empezaron a realizarse planes de inversión para reactivar el sector económico, atender las necesidades viales que surgieron a causa de la pandemia y las inundaciones de los últimos meses en Mérida han surgido reformas en el sistema de transporte público y viales, con unos proyectos más polémicos que otros.

Algunas de esas modificaciones son el nuevo alumbrado público, el mantenimiento del sistema acuífero y de calles dañadas, puentes peatonales con elevadores en el Periférico, semáforos peatonales, la modificación de rutas del transporte público, entre otras. Sin embargo, hay un tema que tiene horrorizado al sector empresarial y privilegiado de la sociedad.

Paseo de Montejo, el Centro Histórico y el fraccionamiento Las Américas son las zonas urbanas que han ocasionado críticas por la ampliación de camellones para peatones y nuevas vialidades para ciclistas.

Los argumentos en resistencia a estos nuevos espacios son de empresarios que no quieren que sus empleados lleguen “apestosos” al trabajo, ciudadanos disgustados por la nueva imagen vial y que creen que aumentará el tránsito en la ciudad. Incluso hay un hotelero que logró un amparo contra la ciclovía de Paseo de Montejo, mismo que exclama que la colocación de las isletas/maceteros en la entrada de su hotel es una represalia.

Estamos acostumbrados a que se desarrollen las ciudades tomando como actor principal a los autos, imaginando que una ciudad rica y próspera tiene grandes avenidas y complejas carreteras. Así que es de esperarse que quienes siempre se han visto privilegiados por la planeación urbana se sientan amenazados o consternados por los cambios en los espacios públicos.

No obstante, para el pesar del ciudadano habituado al transporte privado, la planeación urbana debe ser incluyente, ecológica y adecuada a todos los sectores de la población, priorizando siempre a aquellos que no cuentan o no quieren moverse utilizando ese medio de transporte.

La realidad de Mérida es ajena a muchos que dicen sí conocerla. Caminar por el centro para la mayoría de los ciudadanos no es una actividad recreativa sino una forma de transporte que resulta lenta e ineficiente, sin el espacio necesario para hacerlo con seguridad o la mínima comodidad.

Aquellos que han caminado por el centro y muchas otras partes de la ciudad se han percatado de que las aceras son muy angostas y constantemente hay postes de luz que imposibilitan el tránsito de personas. Esto, sin mencionar la ausencia de espacios destinado a personas con discapacidad por falta de rampas y el mal estado en el que se encuentran los corredores peatonales.

Las personas que se mueven en bicicleta conocen los peligros que supone trasladarse dentro de Mérida, en la cual mueren aproximadamente 40 ciclistas al año, a causa de accidentes en la vía pública.

La movilidad urbana no puede basarse en la exclusión de quienes no disfrutan del privilegio de un coche personal. La contaminación, el tráfico, el mal aprovechamiento del suelo y la deforestación son consecuencias, que justifican aún más el plan de acción que se está implementando en la ciudad.

Mérida es la octava ciudad del país que emite más CO2, en los rubros de “gobernanza y legislación urbana” y “sostenibilidad ambiental” tiene una calificación de 32.96/100 y 30.5/100, respectivamente.

Los datos anteriores son algunos indicadores de las medidas que se tienen que implementar en temas de desarrollo urbano y movilidad. La forma en la que está creciendo la ciudad y las consecuencias climáticas del estilo de vida que vivimos en Mérida solo tiene un final: arruinar el futuro de la ciudad.

El tráfico cada vez es peor y de no hacerse las transformaciones necesarias, no se podrá mejorar o conservar por muchos años más la calidad de vida que disfrutan los ciudadanos de Mérida.

Es necesario conceder que hay fallas en la planificación de estas nuevas modificaciones; falta asegurar la interconexión de las ciclovías y existen paraderos de camiones que son atravesados por la ciclovía, dificultando el acceso de pasajeros a los autobuses y exponiendo a posibles accidentes a los ciclistas.

Como ciudadanos, hay que darle seguimiento a la política pública para que la administración ponga en práctica proyectos inteligentes, de la mano de expertos, que consideren las necesidades de los ciudadanos.

Pobre de los empresarios y ciudadanos que se aferran a las estructuras de antaño que hoy día ya no se pueden seguir rigiendo. El pensar que hacer espacio en las calles para los peatones y ciclistas es un problema de interés público que amerite acción inmediata para su detención solo es un reflejo del miedo que se siente por el cambio.

Es admirable que se presenten nuevos planes que aspiren al desarrollo sustentable, con el fin de cambiar la forma en la que los meridanos se mueven, disminuyendo el tráfico y ofreciendo nuevas y seguras vialidades, convirtiendo la ciudad en un lugar incluyente, sostenible y seguro.— Puebla, Puebla.

Estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Iberoamericana de Puebla

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