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Isabel Bolio Benitez: La vivienda en tiempos del coronavirus

La situación se les salía de las manos a las autoridades. La gente moría, uno tras otro, y no había más remedio que enterrarlos a todos juntos en hileras sin apenas reconocimiento de quiénes eran.

Se transmitía rápidamente de persona a persona y las autoridades tuvieron que implementar fuertes medidas de sanidad… Esto es lo que se narra de la peste bubónica del siglo XIV.

Han pasado más de seis siglos y aquello no deja de hacer eco a lo que vivimos hoy. Y aunque la peste negra fue una tragedia, no cabe duda que a consecuencia de ella surgieron muchos cambios buenos. Es por esto que, considerando la crisis actual, merece la pena echar un vistazo al pasado para así poder empezar a visualizar los cambios que se avecinan.

Cuando la peste negra arrasó Europa en el medioevo uno de los cambios fuertes que trajo consigo fue el diseño de ciudades, redefiniendo muchos paradigmas urbanos. Las ciudades dejaron de ser laberínticas, se limpiaron y se pavimentaron.

La peste nos heredó medidas de sanidad que rigen nuestra legislación urbana hasta el día de hoy.

También así cambió la vivienda. La reglamentación que exige ventilación, iluminación, áreas libres mínimas y metros cuadrados mínimos no es casualidad. Fueron crisis de esa magnitud las que marcaron los parámetros de lo que significa tener una vivienda digna.

En las últimas semanas nuestros hogares se han convertido en nuestro mundo entero y esto no puede más que significar un cambio de paradigma en nuestra concepción del espacio doméstico. Si existen cambios fuertes en una sociedad, aquellos se verán indudablemente representados en materia urbana y arquitectónica. Y aunque esto significa un cambio en nuestras ciudades, sin duda los cambios más inmediatos se verán reflejados a pequeña escala en nuestros hogares. Pero, ¿qué cambios podemos esperar?

En primer lugar está la relación entre el espacio laboral y el doméstico. No es que el “home office” sea un concepto nuevo. La tecnología ya lleva algo de tiempo que tiene el nivel suficiente para que esto sea una realidad. Sin embargo, el cambio de mentalidad se habría dado poco a poco si no fuera por la pandemia.

El Covid- 19 no ha hecho más que acelerar aquello que hubiera llegado en el transcurso de la década.

El confinamiento nos ha demostrado que aunque hay algunas cosas que se frenan con el distanciamiento hay una gran cantidad de cosas que sí se pueden resolver de lejos para eficientar muchos procesos. Eso significa que gran parte de la población seguirá trabajando desde casa. Para quienes tienen la fortuna de tener una casa con espacios lo suficientemente amplios para poder destinar uno exclusivamente al estudio esto significa poco cambio. Sin embargo, para quienes no tienen tal comodidad habrá que tomarse el tiempo para repensar espacios. Habrá que ser mucho más flexibles. El papel del arquitecto será ayudar a hacer este proceso más ágil. A ayudar a tener soluciones para que la mesa del comedor pueda ser un escritorio de oficina o a encontrar la manera de que haya espacios herméticos en donde no entre el sonido y no invada las reuniones por zoom, por mencionar algunos ejemplos.

Y más allá de la interacción entre la esfera laboral y doméstica que veremos en los espacios, existen una serie de elementos del diseño de interiores que sin duda habrá que cuestionar y replantear.

En primer lugar: la iluminación. El encierro ha subrayado nuestra necesidad de luz natural. Espacios encerrados y lúgubres siempre han sido opciones menos favorables... ahora ya no son opción. Es necesario no solo por el confort sino por las implicaciones físicas y psicológicas que aquello tiene en nuestro bienestar.

La calidad de los espacios es responsable de nuestra salud mental.

Con el confinamiento, el papel de la vivienda se acentúa más que nunca.

En segundo lugar está la relación entre exterior e interior. Al reducir la oferta de espacios públicos, se debe de tomar en consideración la necesidad del exterior y cómo introducirlo a nuestros hogares. Esto podría suceder de distintas maneras, desde poner especial atención a diseñar un balcón o un patio, hasta diseño especial para realmente aprovechar nuestros jardines. El punto es que habrá que enfatizar el contacto con el ambiente externo lo más posible.

Relevancia

En cuanto a cambios más permanentes, valdrá la pena cuestionar la relevancia del papel que hacen ciertos espacios en la vivienda moderna que, aunque ya de por sí son algo arcaicos, ahora necesitarán un cambio acelerado. Un ejemplo claro es la sala. Se sigue proyectando en cualquier casa o departamento al igual que hace un siglo, aunque su función haya cambiado.

Este espacio es o el más subutilizado (en proporción al porcentaje de espacio que abarca), o solo se usa para actividades fuera de su función original.

La crisis mundial se presenta entonces como oportunidad en materia de diseño que permita redefinir este espacio y sacarle mayor provecho. Dejar atrás la rigidez que le define y proyectarlo no solo como sala de reuniones sino como una zona flexible e itinerante que tenga la capacidad de convertirse también en estudio, sala de lectura, sala de juegos o espacio para ejercitarse, según las necesidades.

Pero más allá de los cambios particulares lo importante es que habrá que estar preparados para un cambio fuerte de paradigma en la forma en que vivimos y construimos. Dejar de diseñar solo con las preconcepciones que ya llevábamos y realmente preguntarnos si lo que aplicaba hace unos meses sigue siendo relevante en un mundo revuelto como el que nos toca hoy. Para lograr esto no solo hay que ser dibujantes, si no arquitectos. Hay que cuestionarnos a fondo las necesidades de la sociedad antes de producir en serie.

Más aún, para poder lograr cualquiera de estos cambios hace falta un esfuerzo colectivo en el que no solo los arquitectos o constructores, sino que cada quien tome la responsabilidad y haga lo posible por mejorar su entorno. La mejora no vendrá solo porque estamos viviendo una crisis, debemos aprovechar el sufrimiento, darle un significado y aprender de él. Debemos de trabajar en esto para que poco a poco logremos adaptarnos de la mejor manera. Habrá que empezar con nuestras casas y calles más inmediatas.

Aunque por otro lado, quizá el primer paso sea simplemente ordenar nuestro cuarto antes de poder pensar en arreglar el mundo entero. Pero si tomamos estas pequeñas acciones con responsabilidad y tenacidad, si logramos estar a la altura de la ocasión, quizá entonces al final del túnel encontremos un renacimiento, tal y como se vivió al terminar la peste negra. —Mérida, Yucatán

isabel.boliobe@anahuac.mx

Egresada de la Licenciatura en Arquitectura de la Universidad Anáhuac Mayab

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