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Ixil, tierra de las famosas cebollitas

Cosas del Mayab

Miguel Ángel Orilla (*)

Cuando se llega a Ixil, lo primero que se ve es la casa grande de todos los ixileños: el Cementerio del Pueblo; ahí en el pórtico un arco que nos advierte que “La riqueza y la pobreza aquí terminan”. Enseguida se divisa un cartel que da la bienvenida a visitantes y lugareños.

Ixil, es ahora, una pequeña y laboriosa comunidad de horticultores. Antes fue henequenera. Don Pancho Canché, antiguo vecino del pueblo nos comentó que hace como 40 años, desde el techo de la iglesia, se podía ver el panorama: “era como un mar de puro henequén”.

El desplome de la industria henequenera hizo que los lugareños volvieran los ojos a la madre tierra y se dedicaran al cultivo de hortalizas, entre ellas un ancestral sembradío: las cebollitas, que le han dado merecida fama.

Los horticultores realizan su trabajo en los mismos patios de su vivienda o en las afueras de la población, en las unidades de producción o parcelas; ahí laboran familias enteras: padres, hijos y jornaleros. El trabajo de horticultura se efectúa en sanas convivencias familiares.

Por las tardes, es común ver a los habitantes trasladarse de un lugar a otro llevando en las parrillas de sus bicicletas, o en triciclos, huacales llenos de productos: cilantro, rábanos, lechuga, yerbabuena, chiles, etc., que llevan a vender a Mérida; por es razón, el autobús y los taxis, que viajan a las tres de la madrugada, siempre huelen a cilantro.

Cuentan los viejos del pueblo que antes del cultivo del henequén esta tierra fue de horticultores; quizá esto se deriva el significado de Ixil: “tierra estregada, labrada muchas veces”.

Según investigaciones, la cebolla fue traída por los conquistadores españoles, quienes enseñaron las técnicas de su cultivo.

La siembra de la cebolla se inicia a fines de septiembre; para diciembre cuando las matitas ya alcanzan unos 20 centímetros se hace el trasplante; ya para los meses de abril, mayo y junio se levanta la cosecha.

Actualmente la siembra de la cebolla se hace por mecates, es decir, en extensiones de 20 x 20 metros cuadrados, la superficie puede ser de mayor; para el riego se emplean bombas de agua eléctrica o de gasolina. Antiguamente el riego se hacía a pulso con cubetas de agua y se formaban pequeñas medidas conocidas como “eras”.

Los terrenos donde se siembra, se limpian muy bien, cuidando que tenga las menos piedras posibles y se abona con bagazo de henequén. La semilla se esparce por la tierra.

Esta semilla tiene apariencia de pólvora. Las cebollas son pequeñas, de color rosa y blanco. Durante el ciclo productivo, a diario se riega y se tiene el cuidado de mantener el terreno libre de malezas.

Aproximadamente, a los 120 días del trasplante es cuando ya las hojas de la cebolla comienzan a tomar forma; entonces comienza a brotar unas flores blancas que semejan un bello paisaje digno de admirar.

La comercialización se efectúa en el domicilio del horticultor; la producción siempre resulta insuficiente. Los compradores acostumbran a encargarla con anticipación.

Los mismos productores orgullosamente la obsequian a sus parientes o amistades. La tradicional cebollita se cocina de diversas maneras pero la más común es asada o encurtidas.

Existen costumbres y creencias acerca de la cebolla que vale la pena mencionar.

Los productores son muy celosos de transmitir la semilla de la cebolla a persona ajena a la comunidad, sólo se la pasan entre compañeros y familiares. No la venden. Prefieren decir que es muy escasa o buscar algún pretexto para no proporcionarla.

Existe la creencia que la cebollita solo se produce en tierras de Ixil. Dicen que se ha llevado a otros pueblos y no se logra la cosecha.

Creen que si la semilla se guarda en un hogar donde existe algún enfermo de calentura, no germina, se seca… pero esa es otra historia.

Estas modestas letras tienen la intención de hacer un merecido reconocimiento a hombres y mujeres campesinos que se dedican a conservar la tradición de cultivar la exquisita y sabrosa cebolla de la región. (Fragmento tomado del Libro “Cebollitas Ixil”, de mi autoría).— Ixil, Yucatán.

miguelorilla.cosasdelmayab@gmail.com

Miembro de la Asociación de Cronistas e Historiadores

 

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