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Jesús Retana Vivanco: A mí mismo

El Estanque de los Cocodrilos: Historias cortas donde el estanque es la vida y los cocodrilos los protagonistas

 A mí mismo. Nunca había pensado en escribirme a mí mismo, tal parece que el yo interno me lo ha estado pidiendo para hablar de todo y al mismo tiempo de nada, lo importante es que representa un ejercicio convertido en un ensayo literario que puede resultar interesante.

Te conozco desde hace más de setenta años y creo que has vivido muchas cosas de las que nos puedes contar, entretenernos y reflexionar para entender estos difíciles tiempos por los que pasas tú y toda la humanidad.

En realidad, ¿sabes quién eres? ¿Qué piensas de ti mismo? de tus aficiones, de lo que has luchado en la vida.

Bueno, para empezar, disfruté mucho mi profesión de publicista, oportunidad que me dio la vida para ser una persona que entiende el comportamiento de los demás. Concebir ideas para motivar a la gente a comprar productos o servicios, es fascinante.

Me inicié como redactor de textos con la inspiración de David Ogilvy, uno de los más grandes íconos de la publicidad de todos los tiempos, el que decía: La gente que piensa bien, escribe bien.

¿Qué otros aspectos rondan en tu vida? disgustos, satisfacciones, experiencias.

Un día al ver tanta pobreza decidí ayudar a la fundación Casa Santa Hipólita con un humilde donativo mensual, donde niños sin hogar esperan un mejor futuro para ser alguien en la vida. Conmovedor ver cómo esos niños sin oportunidad se superan día con día, es cuando dices: valió la pena dejar a un lado la falsedad de lamentar la pobreza, aún sin conocerla siquiera.

¿De qué te sirvió todo esto? Soy más sensible para entender a la gente sin recursos y sancionar, aunque sea para mí mismo, a todos aquellos que ostentan ser humildes y por fuera lucen una fachada hipócrita y vanidosa.

Sentado en la iglesia, se acerca una anciana que pedía limosna a la salida y se sienta al lado mío. Con las manos juntas sobre su rostro, murmurando una súplica como queriendo ser escuchada en su desesperación. Saco un billete de cien pesos y tocándola del hombro, en voz baja le digo… “tome (dándole el billete), esto mitigará un poco su pena”. La anciana lo toma, y sin decir nada se va repentinamente.

A la salida de la iglesia me coge del brazo para darme un beso en la mano, cosa que evadí.  Nunca se me olvidará el sentimiento del tono de su voz al decirme: “Que Dios lo bendiga”.

Seguro la carga emocional que sentiste te ha despertado un enorme apego por la gente desprotegida, la que menos tiene y más lo necesita… Yo creo que sí.

Hay temas que te preocupan en esta realidad que se nos presentó de repente.

Me preocupa el futuro de las nuevas generaciones. Tendrán que hacerle frente a un país con una economía devastada, un gobierno errático al que solo le interesa el poder sin hacer caso a la lógica más elemental, un gobierno de chistorete que no tiene parangón.

Te digo una cosa, la pandemia será un enorme gap para la humanidad sin que se vislumbre una vuelta de página en el corto plazo. Y qué me dices del cambio climático, al que Bill Gates calificó como más devastador que la misma pandemia. Hay mucho por escribir. ¿Estás seguro de que quieres hacer otro ensayo? Por supuesto que sí.— Mérida, Yucatán   Twitter@ydesdelabarrera


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