in

Jesús Retana Vivanco: De Kennedy a Colosio

Jesús Retana Vivanco
El estanque de los cocodrilos: Historias cortas donde el estanque es la vida y los cocodrilos los protagonistas

De Kennedy a Colosio. Era un viernes,  22 de noviembre de 1963; faltaba poco para las vacaciones de fin de año. Salía de la prepa en la colonia Del Valle, en el entonces Distrito Federal, caminaba el concreto caliente de la banqueta en  la calle de Nicolás San Juan, día soleado a pesar de ser noviembre. A unos cuantos metros me esperaba la taquería donde todos los viernes me despachaba unos tacos de canasta antes de tomar el camión a casa. 

En el camino, sorprendido, veo la tienda de electrodomésticos con sus televisores encendidos hacia la calle tras el vidrio del aparador;  la gente se arremolinaba para ver las pantallas. “Seguro se trata de algún juego de la selección de fútbol”, pensé.

Al acercarme, una señora con ojos llorosos me dice: “Mataron a Kennedy”. La mirada automáticamente se va al televisor donde la repetición daba cuenta de lo sucedido al presidente Kennedy y al gobernador de Texas, John Connally, en el Lincoln Continental  descubierto que circulaba por las calles de Dallas.

A pesar de las investigaciones que se hicieron para esclarecer el magnicidio, nunca se llegó a la verdad, supuestamente tomaron preso al tirador, Lee Harvey Oswald, que a su vez fue asesinado por Jack Ruby al salir de un interrogatorio.

Se llenaron expedientes con miles de páginas, se nombró una comisión para llevar al cabo la indagatoria y nadie supo las causas y si en verdad fue uno o varios tiradores. Kennedy murió de tres balazos: en la espalda, la garganta y el disparo mortal en la cabeza. Conally salió mal herido, pero salvó la vida.

Se escribieron artículos, libros, se filmaron documentales y hasta una película y todo quedó en especulaciones, “nadie sabe” quién lo mató y cuál fue la causa;  se argumentó una   conspiración.

Seguí mi camino, apesadumbrado tomé mi camión, me repetía “…estos gringos están muy locos”.

Kennedy dio inicio al impulso para establecer los derechos civiles de la gente de color ante una turbulenta oposición política, inclusive de su propio partido demócrata, y no fue sino hasta un año después, 1964, cuando su sucesor Lyndon B. Johnson firma la ley que otorga la igualdad de derechos a la raza de color, prohibiendo así la discriminación racial en Estados Unidos.

Luis Donaldo Colosio

El 23 de marzo de 1994 sentado en mi escritorio revisando una factura de quinientas mil calcomanías para la propaganda de Colosio y cien mil pendones de plástico que serían colocados en los postes del país, mi secretaria me avisa que hablaron de la coordinación de campaña de Colosio y que pusiera la televisión (nuevamente la televisión). Casi entro en shock cuando las imágenes, por cierto muy confusas, evidenciaban el atentado a Luis Donaldo Colosio, candidato del PRI a la presidencia de la República.

Seguimos por los noticiarios de radio y televisión la secuencia del suceso. Por la noche el vocero de la campaña anuncia el fallecimiento del candidato.

En aquel momento me acordé lo que mi mente trajo después del asesinato de Kennedy y me repetía “…el mundo está muy loco”.

Lo interesante de estas experiencias es la huella que van dejando en el sentir de la gente. Los dos personajes que ahora ocupan el estanque fueron extremadamente carismáticos, poseedores de un don de gentes que los acercaba a las masas, también vi a muchas personas llorar por la muerte de Colosio. La política también mostró su lado más ruin al darme cuenta que había gente sonriendo con sarcasmo.

Tenía mucho material promocional guardado después de la muerte del candidato. Pregunté qué hacer con él, la coordinación de su campaña me dijo que regaláramos las calcomanías que llevaban el logotipo con su nombre. Contratamos gente para tal efecto, aunque creíamos que no las íbamos a poder pegar en los cristales de los coches.

Mi sorpresa fue que el setenta por ciento de las calcomanías fueron pegadas.

Pero, ¿qué paso con el caso Colosio? También quedó sin resolver, el supuesto tirador Mario Aburto es solo eso, el supuesto autor del magnicidio y el gobierno dio por cerrado el caso, algunos asumen que también fue una conspiración.— Mérida, Yucatán Twitter@ydesdelabarrera


Otros textos del autor:

Aparecen más anomalías en un organismo del gobierno del Estado

Liberan a persona ''secuestrada'' en la Jesús Carranza