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Jesús Retana Vivanco: La clase de historia

Jesús Retana Vivanco
El estanque de los cocodrilos: Historias cortas donde el estanque es la vida y los cocodrilos los protagonistas

La clase de historia de México en la preparatoria, algo que difícilmente voy a olvidar, impartida magistralmente por Tirso Canales, homónimo del poeta salvadoreño. Fue  uno de los profesores que admiré por su desparpajo para platicar la historia, asignatura que le da oxígeno a nuestro acervo cultural.

Tomar su clase bastaba para hacerme el día. Dotado de un carisma especial para darle otro matiz a los pasajes históricos, hacía comentarios muy a su estilo del libro obligatorio que llevábamos. Descalificaba capítulos completos sin el menor empacho, con la única evidencia de una verdad que solo él tenía, producto de infinidad de lecturas e indagaciones con otros autores.

Cuando nos tocó escoger el tema, alcé la  mano y le pedí que nos comentara sobre los niños héroes; sabía que levantaría ámpula, por eso lo escogí.

–Mire Retana, ni fueron niños, ni fueron héroes.

No entendí por qué me estaba dando esa respuesta, cuando me esperaba una narrativa por demás interesante de la invasión del ejército norteamericano en 1847 al Castillo de Chapultepec, que en ese entonces era el Colegio Militar.

Después de un… “déjeme explicarle”, el profesor continuó con su alocución.

La custodia del Castillo la integraban cerca de 1,200 soldados de diferentes batallones. Los niños, no tan niños eran: Juan Escutia, que contaba con 20 años; Juan de la Barrera 19 años; Fernando Montes de Oca, 18 años; Agustín Melgar, 18 años; Vicente Suarez, 17 años, y Francisco Márquez 14 años.

Todos mis compañeros de clase, sorprendidos, esperaban ansiosos la continuidad del relato. 

El profesor Canales tomó asiento en su escritorio, sacó su pipa sin tabaco y jugueteando en la boca con ella prosigue con la desmitificación de los niños héroes en una batalla que los  historiadores de la época, por razones patrioteras relacionadas con la guerra contra Estados Unidos, le dieron toda la relevancia para ligarla con la pérdida de casi la mitad del territorio nacional.

La muerte de los héroes fue en situaciones propias de una guerra, y como cadetes, decidieron integrarse en la defensa a la toma del Colegio Militar.

Juan Escutia y la Bandera

Un compañero le preguntó si Juan Escutia se había arrojado envuelto en la Bandera. El profesor esboza una sarcástica sonrisa; mueve la cabeza, se quita la pipa de la boca para explicar que esa fue una de las grandes mentiras de la toma del hoy Castillo de Chapultepec, ya que Juan Escutia no era cadete y al tratar de escapar con  los demás, fue alcanzado por las balas del invasor.

Francisco Martín Moreno cita en uno de sus libros que Margarito Zuazo fue a quién encontraron muerto envuelto en la Bandera ensangrentada  durante la batalla que se libró en Molino del Rey y su nombre pasó sin pena ni gloria.

Años más tarde asistí con mucho interés a una plática que dio un reconocido historiador, del cual  me reservo el nombre. Al terminar le pregunté sobre la muerte de Juan Escutia, su contestación me confundió aún más.

Como si él hubiese estado presente, me dijo que Escutia se encontraba ebrio, arropado por el frío con la Bandera y en la confusión se aventó un piso abajo muriendo instantáneamente con el cráneo roto que tiñó de rojo el lábaro patrio.

De cualquier forma, la historia de México tiene facetas para platicarse mucho tiempo, sean mitos o no, siempre son controvertidos e invariablemente inducen a la polémica.— Mérida, Yucatán   Twitter@ydesdelabarrera


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