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Jesús Retana Vivanco: Maestra de primaria

Jesús Retana Vivanco
El estanque de los cocodrilos: Historias cortas donde el estanque es la vida y los cocodrilos los protagonistas

Maestra de primaria y una madre ejemplar; me enseñó a leer a los cuatro años, a sumar y multiplicar antes de entrar a la primaria, en pocas palabras a ser un hombre de bien, como muchas madres que ahora tienen tiempos compartidos con sus hijos, ¿a qué me refiero? a que además de atender el hogar, tienen que trabajar, checar tareas, y seguramente permanecer detrás de una computadora por si algo no entendió la criatura.

Un día calificando pruebas de cuarto año de primaria, grado que impartía mi mamá en una escuela pública, de esas antiguas muy grandes, de mobiliario bien cuidado, salones amplios y limpios, muchos niños y niñas, cercana a la Basílica de Guadalupe, me dice con visible preocupación que era urgente llevarme al doctor para revisar mis amígdalas. Frecuentemente padecía de dolores que a mis ocho años ya no se mitigaban con un té caliente o inhalaciones de vick, no había para más.

Un elevador repleto de gente se sacudía con un rechinido al cerrar la puerta cuando el elevadorista ataviado con su uniforme y su gorro de monito cilindrero alzaba la voz para decir: “Nadie más”. Era 1954 en un edificio muy bonito de alguna calle del centro del DF.

Una señora gordita con cara bonachona se sube en el segundo piso, se me queda viendo y le pregunta a mí mamá si me pintaba el cabello. En ese momento siento el apretón de su mano para contener el coraje que ruborizó su cara. La contestación no se hizo esperar con el sarcasmo que acostumbraba cuando alguna situación le era incómoda: "Mire señora, no puedo perder el tiempo para estarle pintando el pelo, mejor vea el color de mi cabello y el color de mis ojos, luego entonces, si es usted inteligente, encontrará la respuesta".

Así de contundente era mi madre, con respuestas que aludían a un contexto para no evidenciar una contestación simplona pero sí retórica.

Llegamos al sexto piso donde tenía la cita con el doctor, solo pensaba en lo que me diría. Mi lengua de fuera, la paletilla de madera presionándola y la lamparita apuntando para verificar la inflamación. Es el momento de operarle las amígdalas para evitar más recaídas –fueron las palabras del galeno.

Lo que me dolía además de las amígdalas era tener que faltar unos días a la escuela. En verdad la pasaba muy divertido. El recreo, la cascarita de béisbol con los amigos, la tiendita, la convivencia y todo lo que aprendía me ilusionaba, así fue en toda mi vida escolar. Al salir del consultorio mi madre me dijo que después de la operación, de premio, me llevaría al cine. Desde muy niño me aficioné al cine y a las series de televisión, además como mi papá por esos años era inspector de salas cinematográficas, mis visitas a Cinelandia eran muy frecuentes, un cine en el centro de la ciudad que proyectaba películas del Gordo y el Flaco, Los tres chiflados y caricaturas de Walt Disney.

“Llueva, truene o relampaguee”

¿Qué pasa hoy día con los escolares? Padres preocupados por el vertiginoso aviso del inquilino de Palacio Nacional: “Llueva, truene o relampaguee”, el siguiente curso escolar será con clases presenciales. Chistoso refrán el de este hombre, mismo que usaba mi abuela para decir que no importaba nada, solamente hacer lo que ella mandaba.

Entendamos a los niños, a los jóvenes, hartos de las clases en línea que quieren la convivencia con los compañeros. Le pregunté a mi nieta de 14 años (ya vacunada) si prefería las clases presenciales o en línea y de inmediato me contesto: presenciales. Pero qué piensan aquellos padres de familia cuyos hijos se apegaron a un sistema en televisión mal planeado, mal ejecutado y ni modo, no aprendieron, pero todos pasaron año.

No lo dudo, habrá muchos que prefieran mandar a sus hijos a la escuela por las razones que se les ocurran: para sacarlos del encierro por el bien de su salud, para aprovechar mejor los conocimientos, o simplemente por comodidad.

Regreso a clases con pandemia, puede ser un desastre, dispararía aún más la tercera ola del Covid.

Habrán pensado las autoridades de Salud que el pronóstico para volver a la escuela es arriesgado por la nueva cepa del virus, esto implica entre otras cosas subirse a un camión (los que no tienen coche), exponerse a un contagio y transmitirlo a sus compañeros, maestros y familiares. Sin tener una estrategia para aquellas escuelas que fueron vandalizadas, sin saber cómo implementar el ingreso alternado. En fin, un asunto para reflexionar donde no caben las metáforas.— Mérida, Yucatán Twitter@ydesdelabarrera


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