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Jesús Retana Vivanco: México, ¿qué te cuesta?

Jesús Retana Vivanco
El estanque de los cocodrilos: Historias cortas donde el estanque es la vida y los cocodrilos los protagonistas

México, ¿qué te cuesta? Me puse a pensar después de mi segunda vacuna: Hasta dónde llegará este maldito infortunio que nos ha pegado con toda su fuerza.

Semáforos de colores anuncian la reclusión o la liberación de nuestras cotidianidades, restricciones en los espacios, en nuestros hábitos. La mente no se libera de traer como carga un contagio a casa. Hemos aprendido a vivir con el temor a cuestas y ya nos lo sabemos como el abecedario, la vida ha cambiado a las personas. Dejamos de ser libres para aceptar la numerología de contagiados y fallecidos como algo natural.

Pero cuando nos sueltan la cuerda y vemos el amarillo, esperado por las vacaciones veraniegas, nos damos cuenta de nuestra fragilidad.

Somos humanos sensibles, no queremos desperdiciar el tiempo, nos lanzamos para abrazar la libertad con los amigos, a tomar unos tragos, a sentir la caricia del viento en la cara, a sortear las olas en la playa, todo lo que no pudimos hacer el año anterior, ver un atardecer desde un camastro de alberca. Esa visión estaba limitada a una pantalla de tele o a la lectura de algún libro. Pero cuando por fin nos sentimos libres y pensamos que hay que aprovechar las horas y los días perdidos, es cuando volvemos a recaer, y nuevamente hay que matar la felicidad para entrar en una zozobra que vulnera los sentidos.

Se atraviesa el color naranja, y tal vez el rojo, no entendemos que ahora la vida es como un barco que debemos aprender a navegarlo de acuerdo al oleaje.

Esto va a durar mucho tiempo, coartando la libertad que se nos otorgó desde que aprendimos a disfrutarla.

Vamos a regresar a la ansiedad de nuestras paredes y a seguir viendo la tele, olvidarnos de nuestros seres queridos, solo escucharemos su voz o los veremos por el celular. Evitemos darle rienda suelta a esa momentánea libertad. La vacuna solo te ayuda a no agravar más la situación.

Escapémonos de las estadísticas letales, no te cuesta nada, hay que aprender a permanecer.

La nueva vulnerabilidad

Es entendible que se nos fue un año de vida en aislamiento. Los jóvenes añoran las fiestas, los bares, los antros, pero el precio es muy alto. El  “no vayas a la fiesta” suena egoísta de mi parte, pero hay que adaptarse a la nueva vulnerabilidad.

Esquivar los colores cálidos del dichoso semáforo para no llegar al extremo, será una de las metas si queremos la libertad.

Se está contemplando el llamado pasaporte Covid para traspasar fronteras, solo aplicable para los vacunados; esto limitará a los jóvenes de los 13 a los 18 años sobre todo en los países   latinoamericanos que no tienen las suficientes vacunas.

México esta más preocupado por las “ganancias” políticas de las pasadas elecciones, pero el descuido a la salud de los mexicanos comienza a prender los focos rojos (hablando de colores). Como me dijo un amigo: “Ya se gastó el presupuesto, ahora… ¿qué sigue?”.

Están quedando a deber en la educación de nuestros hijos, a pesar de que los planteles particulares se han esmerado en fortalecer la enseñanza en línea, pero ¿que hay de las escuelas que no pudieron acceder a esa opción? Ahora planean recuperar el tiempo perdido con clases presenciales para el próximo ciclo escolar con toda la severidad del caso.

Ahí se los dejo a su criterio, pero por más que nos reciten que vamos muy bien, como dije, el sistema nos queda a deber en éste y en otros temas que seguro estallarán en su momento.

Iré a tomar un café con mi esposa asegurándonos de observar todas las medidas que dispuso el Estado y sentarnos a ver como solía hacerlo desde hace años a las patinadoras de la pista del centro comercial; las que he visto crecer y superarse en tan complicado deporte,  derrotando la pandemia con el único objetivo de ser mejores cada día.

Acostumbrémonos a usar cubrebocas, comer en casa o en un restaurante al aire libre, tomar distancia, transmitir esto constantemente a nuestros hijos, nietos y amigos… México, ¿qué te cuesta?— Mérida, Yucatán    Twitter@ydesdelabarrera


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