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Jesús Retana Vivanco: pandemia

Jesús Retana Vivanco
El estanque de los cocodrilos: Historias cortas donde el estanque es la vida y los cocodrilos los protagonistas

Pandemia. El aterrador sonido de los respiradores se escucha en la atribulada sala Covid de cuidados intensivos del hospital. El virus no da respiro a nadie, pasillos llenos de camillas, la tos como común denominador.

Angustia en cada metro que conduce hacia la salida, no se puede sacar video ni fotos de un espectáculo que ni el mismo Dante hubiera descrito. Hay cerca de cinco camas con cuerpos cubiertos por una sábana y una bolsa negra encima, señal del infortunio por la falta de aliento para seguir con vida.

Doctores y enfermeras, encabezan la batalla enfundados en trajes especiales algunos, otros, tan solo con lentes y cubrebocas. La escasa mirada que se puede observar de sus rostros, acusa tristeza y la merma de fuerzas por ver morir a la gente después de muchas horas de trabajo, gente que se va en el vacío de la soledad debido a lo que un día se convirtió en pandemia.

Sentada en el suelo, una doctora con la cabeza baja, mirando al piso que pide tragársela con la derrota sobre sus hombros, repetía y repetía: –Ya no puedo más, ya no puedo más–, se desploma de cansancio o de impotencia por luchar contra un enemigo invisible, silente, que arrebata la vida sin poder evitarlo.

Una camilla empujada por el camillero a toda velocidad pidiendo a gritos un respirador para la anciana que no dejaba de toser. Ponla boca abajo, ahora la intubamos, palabras del médico. El corazón se quiere salir al ver este increíble teatro donde el protagonista se llama vida y el antagonista muerte, a veces se puede llegar  al final de la obra, pero hay quien se queda en el intermedio.

En la calle, los familiares  exigen saber sobre sus enfermos. Llanto incontenible, gritos y más gritos, sin que nadie atienda. La vendedora de tortas de tamal con un chal improvisado de cubrebocas, despacha sin importar las consecuencias, hay que llevar algo de dinero para sobrevivir a la crisis.

El desempleo se convirtió en un tsunami tragándose todo a su paso. Los que una vez presumieron su título de abogados, ingenieros o contadores, ahora arrastrados por falta de oportunidades y la desesperanza, llevan el justo sustento que les da manejar un taxi, o toman la banqueta del  ambulantazgo.

La noche cae a pleno afuera del hospital en Ciudad de México, solo quedan las miserias de una población que ha sido castigada, inerme para remediar las penurias. Crisis de salud de la que Hipócrates no nos dio la solución, crisis económica que va apareada con el desastre, la ineptitud o la irresponsabilidad. Un golpe que fractura de tajo la supervivencia, un miedo de salir a la calle, un infarto mental cuando pensamos en el contagio.

Ya no hay soplo de vida, solo una involución de lo que fuimos. Esperaremos pacientes la vacuna que nos permita el encuentro con nuestro antiguo ser. Por ahora, la pandemia es como traer un marcapasos, al que de repente se le agota la pila y detiene nuestro motor biológico.— Twitter: @ydesdelabarrera

(Agradezco a mi amigo, el doctor Alejandro Macías, por haberme dado una breve referencia de lo que tristemente se vive en un hospital  Covid).

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