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Jesús Retana Vivanco: Semana de la publicidad en Chicago

Jesús Retana Vivanco
El estanque de los cocodrilos: Historias cortas donde el estanque es la vida y los cocodrilos los protagonistas

Semana de la Publicidad en Chicago. Era como un rico postre que se podía disfrutar sin ningún remordimiento. Se daba cita lo más destacado de la publicidad en los años setenta. Tendencias creativas, lo más premiado en anuncios de televisión, radio, prensa, revistas, bill board etc. Mesas de trabajo y conferencias daban el marco ideal a creativos y publicistas procedentes de un sin número de países a esta fiesta del talento publicitario organizado por la revista Advertising Age.

Se mostraba el trabajo repleto en talento y creatividad, ante ávidos  pares multiculturales del mundo publicitario, que hacían de Chicago, por una semana al año, la catedral mundial de la creatividad.

Asistí dos veces a este evento y aún recuerdo a Silvio García Patto, publicista mexicano invitando a la delegación mexicana a una fiesta con champagne en una suite del hotel donde nos alojábamos. Las extravagancias de este pintoresco personaje de la publicidad, ya fallecido (esposo de la actriz Olivia Collins) se hicieron patentes. Cuentan los que asistieron que había invitado a una clienta muy importante ya entrada en años y de repente la comenzó a tutear y tratarla con displicencia. La reacción de la dama no se hizo esperar y en ese momento le canceló el contrato que recién había firmado para el manejo de su publicidad y se retiró del evento.

Club Playboy

Chicago, una ciudad que me parecía mágica, por sus restaurantes, sus increíbles vistas desde el hotel hacia los grandes lagos, la cantidad de bibliotecas, casa de famosos equipos de béisbol, fútbol americano, básquetbol, sus museos y el famoso club Playboy de chicago que fue cerrado en 1986 así como todos los que existían en Estados Unidos, que no era más que un bar caro, sin ningún chiste, donde unas meseras vestidas de conejitas servían las bebidas.

Hace unos días, en una plática con un amigo dedicado también a la publicidad, salió a relucir el nombre de Hugh Hefner, fundador de la revista y propietario del imperio Playboy, el que en 1953 publicó en su primer ejemplar la famosa foto de Marilyn Monroe, misma que le compró a un fotógrafo de medio pelo por quinientos dólares y éste le pagó solo cincuenta dólares a la actriz. Fue la portada que hizo famosa a tan controvertida revista.

Cuando le comenté a Toño, mi amigo, si tenía idea del tiraje de Playboy en sus años gloriosos, me contestó que más o menos calculaba la circulación de una de las revistas del espectáculo chilango.

–Como 600,000 ejemplares –fue su respuesta. Creo que te fallo por mucho –le dije. Playboy ha sido una de las revistas considerada históricamente como de mayor tiraje, tan solo en Estados Unidos se vendían 7 millones de ejemplares cada mes.

Nueva York

La segunda visita al Advertising Week me tocó en Nueva York, ciudad no menos interesante para los que nos dedicamos a la publicidad, donde los más importantes corporativos de la industria se encuentran en la tumultuosa metrópoli. Solo en Madison Avenue y la Quinta Avenida encontramos los cuatro grupos de comunicación más importantes en el mundo.

Era el final de una de las sesiones donde presenciamos los 100 mejores comerciales de televisión. Hacía hambre, mi socio me sugirió salir a comer una pasta a Little Italy, un barrio muy peculiar donde los restaurantes italianos albergaban abarrotados a los hambrientos comensales. Llevábamos una recomendación para comer en uno de ellos, pero sin reservar era imposible obtener mesa, además traíamos el tiempo un poco limitado. Así sucedió en los tres que visitamos, la alternativa fue un pequeño restaurante con unas cuatro  mesas que nos dio posada. Pedimos una pasta con una copa de vino.

Las sorpresas te atacan cuando menos lo esperas y así sucedió, cuando después de media hora de amena plática y saborear la rica pasta, se aparece la única mesera, nos indica que teníamos que desalojar el lugar, pregunté la razón y me señala un letrero cuyo texto se leía: La ocupación de las mesas se limita a treinta minutos. Esto lo hacían para dar cabida a los que solo disponen de cuarenta minutos para tomar su lunch. Salimos con un plato de cartón a terminar nuestra pasta en la banqueta.

La última sesión de trabajo en la que participábamos diez de los dieciocho mexicanos que conformamos la presencia del país en el evento. Las 9 de la mañana en punto y da comienzo la práctica que nos correspondía, con la novedad que ninguno de nuestros compañeros asistió. La razón: la “cruda” realidad de la noche anterior, pesó mucho en el ánimo de nuestros connacionales.— Mérida, Yucatán Twitter@ydesdelabarrera


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