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Jesús Retana Vivanco: Vámonos en tren

Jesús Retana Vivanco
El estanque de los cocodrilos: Historias cortas donde el estanque es la vida y los cocodrilos los protagonistas

Vámonos en tren.  Sentados en el comedor de la casa, a mi papá y en ese entonces al joven de quince años que esto escribe nos llamó mucho la atención escuchar la propuesta de mi madre, porque el viaje en tren era a Monterrey y de ahí en autobús a Laredo, Texas.

Con una mirada de extrañeza, mi papá dijo: “No es lo mismo ir en tren a Veracruz o a Querétaro, que hasta Monterrey”.

Eran vacaciones de fin de año y sin más ni más, preguntó si queríamos ir para separar los boletos. Con mucha prudencia mi padre le contestó que sí.

Seguimos comiendo y la cara de mi madre reflejaba el gusto de viajar en primera clase o en pullman, creo que así le llamaban. Total, como sea se pasarían las doce o catorce horas del recorrido. Yo estaba feliz de ir nuevamente a Estados Unidos para comprarme unos auténticos Levis que estaban de moda en los 60.

A la gente le gustaba viajar por tren, era seguro, rápido y no tan costoso como el avión.

Llegamos puntuales a la estación del ferrocarril de Buenavista. Nos esperaba un gabinete con un par de literas para dormir, ya que salíamos de noche. Al paso de las horas y como fondo, el peculiar ruido de las ruedas de acero contra las vías, la dichosa máquina pierde velocidad y se para en medio de la nada con una obscuridad total. Nadie atinaba a saber lo sucedido, inclusive ni el porter (persona encargada de atender a los viajeros en el vagón).

La clásica desesperación de mi papá lo llevó a preguntar a una persona de seguridad el motivo por el cual nos habíamos detenido. Un desperfecto en la locomotora que además ocasionó la falta de energía eléctrica en todo el tren. Teníamos que esperar un convoy emergente con  mecánicos para echar a andar semejante armatoste.

Así transcurrieron como cinco horas, hasta que llegó el auxilio en una máquina más pequeña.

Llegamos cansados y hambrientos a Monterrey para abordar el autobús de la Greyhound que nos llevaría en unas tres horas a Laredo, Texas. Terrible experiencia que culminó felizmente con tres  días de shopping en Laredo.

Dos décadas sin trenes de pasajeros en México

Los trenes de pasajeros en México desaparecieron en 1997, el gobierno decidió no invertir y dejar los destinos para trenes de carga.

La nostalgia por el uso de este añorable medio de transporte se vio premiada con el famoso Chepe, tren que recorre las Barrancas del Cobre entre los estados de Chihuahua y Sinaloa.

Yo no he hecho el recorrido, pero amigos que ya lo hicieron, dicen que es espectacular por las vistas que se logran desde los acantilados montañosos. La atención y el servicio son de primera. Una experiencia que me falta completar.

Tren Maya o Tren Depredador

¿Qué hay del futuro Tren Maya?, me pregunto.

Es un desatino por donde quiera que se le vea: desde la visión turística o como tren de carga. El estudio que hizo el área científica del Conacyt en 2019 sobre  tan caprichoso proyecto negó su viabilidad con argumentos contundentes, lo que evidenció la incongruencia del inquilino de Palacio Nacional por impulsar a toda costa este disparate, que como lo he dicho en otros editoriales, socavaría el medio ambiente y  afectaría miles de predios de los indígenas de las regiones que atraviesa.

El nombre del juego es confiscar, invadir la única selva con infinidad de vestigios arqueológicos que aún queda en el país, contaminar acuíferos, alterar la biosfera, acabar con flora y fauna que dan vida sustentable a otras especies y a los mismos indígenas, trasgrediendo con descaro sus derechos humanos.

Esto no es Adventureland, de Disneylandia, es un legado que nos dio el planeta, no podemos convertirlo en un recorrido que tiene un desagradable tufo a negocio. La Península  sí requiere de una infraestructura moderna, mas no de depredación.

Insisto, no soy analista, soy tan solo un ciudadano al que le da vergüenza que el capricho basado en un tren se vaya a convertir en un muerto viviente que nos costó a todos los mexicanos.

Sin duda, el recorrido será emocionante, pero las consecuencias serán también emocionantemente graves.

La persecución en contra de esos hombres y mujeres que no dieron su anuencia al proyecto  revela la mezquindad de quien ahora, además, nos quiere enjaretar una contra reforma energética, la que nos proveerá de energías sucias y caras, haciendo que México retroceda 60 años en el tema eléctrico, sin mirar al futuro.

La Península de Yucatán no necesita trenes, me decía un amigo yucateco, necesita que se acaben los apagones y bajen las tarifas eléctricas.

Ahí les dejo mi reflexión, por si en un futuro alguien les dice: “Vámonos en tren a Valladolid”.—  Mérida, Yucatán Twitter:  @ydesdelabarrera


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