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Jorge Pacheco Zavala: La literatura y los arquetipos

La historia de la literatura universal, ha dado al mundo un sinfín de historias que se quedarán grabadas en la mente de los lectores, esas historias se han convertido en arquetipos, debido a que seguimos recurriendo a ellas para ejemplificar o reproducir situaciones de la vida real.

Un arquetipo puede ser hallado en cualquier situación, en cualquier discurso, inclusive en los deportes; a estas expresiones conocidas también les llamamos “Lugares comunes”. Los arquetipos tienen un carácter universal, ya que los podemos encontrar en cualquier cultura de cualquier país. Por ejemplo, una expresión de amor al obsequiar flores, puede ser un rasgo característico en México y en Rusia, lo mismo que en Japón o la India. Otro ejemplo puede ser el saludo “Buenos días”. De una u otra manera, todos nos saludamos, sin importar las variaciones que se expresen por medio de esta cortesía amigable.

En la literatura, los arquetipos refuerzan la idea de Carl Jung acerca del “inconsciente colectivo”, en donde sostiene que el ser humano, guarda un reducto a partir de sus propias experiencias, de las cuales algunas quedan en lo profundo del alma y que se manifiestan así, como conductas, ideas, pensamientos, etc.

Uno de los arquetipos más conocidos, es el representado por Romeo y Julieta. La historia narra la vida de estas dos familias para las que el amor es casi imposible. Y cuando alguien que conoce la historia escucha mencionar la expresión “Romeo y Julieta”, lo que viene a su mente siempre tiene que ver con el amor.

Este patrón que se repite con diferentes connotaciones en la literatura, permanece debido a que los lectores somos capaces de asociar nuestras propias experiencias de vida, con aquellas en que los personajes responden de tal o cual forma. Los modelos literarios se eternizan a través de sus personajes y su comportamiento.

Por ejemplo, si pensáramos en una cualidad personificada, diríamos que la de “héroe” le va muy bien a Dorothy, en “El mago de Oz”. Pero también se reproduce y representa en “El señor de los anillos”, a través de Frodo Bolsón.

Por otro lado, las temáticas arquetípicas van desde la creación de la existencia misma, hasta la destrucción o eventos apocalípticos. Sin embargo, el tema de la muerte y el tema del amor, son dos aspectos recurrentes en la literatura universal.

Por un lado, el colombiano Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura en 1982, con su novela “El amor en los tiempos del cólera”, nos cuenta una historia de dos amores que se reencuentran y se consuman en la vejez, y que por cierto, también la vejez representa un arquetipo que muchos autores han abordado.

En el otro extremo, con una literatura más reflexiva, está el escritor portugués José Saramago, también ganador del Premio Nobel de Literatura en 1998, con su novela publicada en el 2005 “Las intermitencias de la muerte”. Aquí Saramago aborda no sólo el tema de la muerte, sino que reflexiona y se pasea por las veredas del miedo a morir.

En el apartado de la traición como tema arquetípico, voy a mencionar también dos obras literarias que hicieron historia, no solo por el manejo temático, sino por la época y la forma tan excepcional en que fueron escritas.

Y por supuesto que habría que comenzar con una obra maestra del inglés William Shakespeare, “Hamlet”. Publicada por primera vez en 1609. En este drama, el espíritu del padre del príncipe Hamlet, le pide que actúe para vengar su muerte producto de la traición. La complejidad del personaje llamado Hamlet lo sumerge en la contrariedad reflexiva que le impide actuar. Traición y venganza.

La otra obra, “El monje”, es la escrita por el joven británico de nombre Matthew Lewis de solo 20 años. Esta novela de corte gótico es una verdadera joya; escrita en 1796, en la que el monje Ambrosio (personaje principal), peleará por no sucumbir a la tentación que lo puede llevar al pecado y a su eterna destrucción. Un dato interesante, es el que remarcan sus biógrafos respecto al proceso de escritura de la novela, pues se dice que Lewis tardó sólo diez semanas en terminarla. Es una novela de 376 páginas.

Otras temáticas y condiciones humanas han provocado que autores de todo el mundo den rienda suelta a su capacidad creativa, concibiendo historias que no acabaríamos ni siquiera de nombrar. Algunas de ellas: “El quijote de la mancha”, “La divina comedia”, Cumbres borrascosas”, “Como agua para chocolate”, “Pedro Paramo”, “Aura”, “Y las montañas hablaron”, “Crimen y castigo”, “Estrella distante”, “Tiempos difíciles”, “El conde de Montecristo”, “Ana karenina”, El viejo y el mar”, y muchísimas obras escritas con un estilo inigualable, pero que en las temáticas, muchas de ellas se repiten.

Qué razón tenían los viejos escritores al decir categóricamente: “No es tan importante lo que escribes, sino cómo lo escribes…” Y tú, ¿puedes identificar en tu diario vivir, aquellos hábitos, pensamientos o costumbres que pueden ser considerados como arquetipos?

Saludos y hasta la próxima…— Mérida, Yucatán.

Jpza14@gmail.com

Escritor

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