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Juan Guaidó, ¿presidente venezolano?

 

Un edificio llamado democracia

Agustín Llamas (*)

Fundamentalmente las democracias mueren cuando los actores autoritarios, económicos, políticos y/o sociales no respetan las reglas, las instituciones, democráticas. Rompen el marco constitucional, lo minan e intentan por todas las vías reformarlo para beneficio propio. Hoy, el triste y paradigmático caso de Venezuela nos enseña lo que como ciudadanos nunca podríamos permitir en México. Cualquier democracia no solo se compone de reglas e instituciones, sino de ciudadanos comprometidos con ella. Desentendernos de la política y de la democracia tiene implicaciones muy serias. Repasemos algunos antecedentes de lo que hoy podría representar un punto de inflexión en la historia política de Venezuela.

El 23 de enerode 2019, el mundo conoció a Juan Guaidó, cuando Estados Unidos y después decenas de países democráticos, anunciaron que lo reconocían como único presidente de Venezuela. Muchos mediosen el mundo, ante el sorpresivo acontecimiento y la poca información con que contaban, reportaron la auto-proclamación como presidente del joven desconocido como golpe de estado.

Es importante hacer precisiones al respecto y sobre todo aclarar que técnicamente no se trata de una autoproclamación, ni de un golpe de estado, sino de una asunción al poder que obedece a tres figuras jurídicas previstas en las leyes venezolanas: la primera, falta absoluta de Presidente (Artículo 233 de la Constitución Venezolana); la segunda, el Cabildo Abierto (Artículo 70) y la tercera, el derecho al desconocimiento del régimen contrario a los valores venezolanos (Artículo 350).

Nicolás Maduro fue elegido presidente en las elecciones de 2013, para ocupar el cargo hasta el 10 de enero de 2019. Derrotó a Henrique Capriles por muy poco margen. Capriles quiso interponer demandas de fraude, al parecer bien documentadas, pero sus demandas no fueron ni siquiera admitidas. La más importante de las irregularidades denunciadas fue que el voto no era secreto, porque el sistema registra nombre del elector y por quién votó.

En las elecciones intermedias de 2015, la oposición obtuvo la mayoría calificada en la Asamblea Nacional (AN). Las causas fueron varias, destacando la sistemática inhabilitación o encarcelamiento de opositores–entre quienes destacaba Leopoldo López, mentor del joven Juan Guaidó desde 2008, y hoy preso–, asesinatos políticos, una debilitada economía, sumida en una espiral de hiperinflación, emergencia alimentaria por desabasto en muchos lugares del país e incumplimiento con el pago de diversos bonos gubernamentales en el exterior, respaldados con activos petroleros y de la refinería Citgo en Estados Unidos, propiedad de PEDVSA, lo que profundizó la crisis.

En esta circunstancia, Maduro, decidido a recuperar el poder absoluto, y a pesar de haber reconocido la derrota, quiso impugnar 22 diputaciones, pero su intento fracasó. Aun así, el TSJ obediente a Maduro pretendió revertir por decreto la instalación de la Asamblea Nacional. Sin embargo, ésta ya había quedado instalada el 5 de enero de 2016. Juan Guaidó era el diputado 86, por el Estado Vargas.

Maduro optó por desconocer la AN y declararla en desacato (delito imposible de imputar a un congreso o a cualquier poder en una democracia), enviando al TSJ las funciones legislativas, con lo que literalmente ese órgano del Estado se transformó en poder legislativo y judicial al mismo tiempo. Para anular a la Asamblea Nacional, Maduro decidió desconocer al Congreso (Asamblea Nacional) y decretó la creación de una Asamblea Nacional Constituyente, que por supuesto haría leyes a modo y acataría sus indicaciones.

Para cubrir las apariencias, organizó un referéndum al vapor, únicamente entre organizaciones civiles registradas a su favor y conformadas por sus partidarios. Una vez consumado el golpe de estado parlamentario, adelantó las elecciones más de medio año, sorprendiendo a los principales partidos de oposición, quienes no participaron en dicha elección por considerarla una simulación. Sin sorpresa, como candidato único en la práctica, Maduro ganó, con una abstención de casi 70%.

Una vez consumada la simulación institucional, la Asamblea Nacional quedó como el único poder nacional legítimamente constituido. A pesar de haber sido presionado internacionalmente para que no tomara posesión, el 10 de enero, Nicolás Maduro simuló un acto de toma de posesión, al que acudieron representantes de regímenes cómplices del golpe de estado parlamentario y de la usurpación de poder.

Una vez terminado el mandato constitucional de Maduro, el 11 de enero se presentó la situación legal prevista en el artículo 233 de la Constitución: Ausencia total de presidente, por lo que de manera automática, el presidente de la AN queda al frente de las funciones del Ejecutivo Nacional. El presidente de la AN, en ese período era el diputado Juan Guaidó.

Al ser en automático, nada obliga a prestar juramento. Pero, con la intención de dar más legitimidad a su nombramiento, la junta directiva de la Asamblea Nacional organizó dos Cabildos Abiertos, figura reconocida en la Constitución Venezolana, donde por convocatoria a la población en lugares públicos, se toman decisiones o acciones de gobierno, jurídicamente vinculantes por encima de cualquier otra autoridad (Artículo 70).

Fueron realizados dos Cabildos Abiertos, el primero al día siguiente (11 de enero) de haber nombrado a Juan Guaidó titular en funciones y encargado del ejecutivo, y el segundo,visto por casi todo el mundo en los noticieros, el 23 de enero de 2019, en la Plaza Juan Pablo II.

Estos actos jurídicamente vinculantes, válidos y legítimos, fueron los que tomaron en cuenta los países que comenzaron a reconocerlo como Presidente ese mismo día. Y si por alguna razón Guaidó no se sostiene legítimamente será por razones de fuerza pero no de ley.

Ciertamente nuestro entramado institucional que sostiene nuestro edificio llamado democracia tiene defectos y lastres que habría que reformar, pero aún cuando pudiéramos calificar a nuestra democracia como defectuosa, nunca podríamos sostener que habría que derrumbar el edificio. Tomemos nota de lo que sucede en el mundo.— Ciudad de México

Exdirector del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa

 

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