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Juan Ku Vera: Covid y ley seca en Yucatán

Caos en el manejo de la pandemia

La pandemia del Covid-19 está fuera de control en Yucatán y es evidente la caótica situación en los aspectos sanitario y económico en la que han derivado los intentos del gobierno estatal por contener la dispersión del virus (SARS-CoV-2) causante de la enfermedad.

El semáforo epidemiológico cambia de color de manera azarosa, descontrolando de manera errática el pulso de la economía yucateca, situación que es inaceptable dada la necesaria estabilidad de los factores de la producción.

Ante el aumento en el número de contagios y de fallecidos por Covid-19 en varios estados del país, y conforme México se aproxima a los primeros lugares del mundo en el número de fallecidos por la enfermedad, en Yucatán se han impuesto medidas erráticas de prevención, en un intento por controlar la dispersión del virus, pero sin un pleno conocimiento de los efectos que las medidas tendrán en diferentes estratos de población.

El negativo impacto económico que se cierne sobre México por la pandemia de Covid-19 es inminente, y la Comisión Económica para América Latina (Cepal) prevé que la caída del Producto Interno Bruto del país será del 9%.

Entre la población yucateca, los indígenas mayas son quizás los más vulnerables debido a la pobreza extrema y al bajo nivel educativo, por lo que resienten con mayor severidad las medidas de prevención impuestas por el gobierno estatal (aislamiento social, restricción en la movilidad vehicular), al verse limitados para asistir a sus centros de trabajo, y no poder generar el ingreso económico suficiente para alimentar a sus familias.

Es difícil entender los razonamientos que condujeron a las medidas de prevención impuestas recientemente en Yucatán, tales como la “ley seca”.

No existe evidencia que sugiera que el consumo de alcohol tenga relación directa con las tasas de contagio o de letalidad del virus SARS-CoV-2. De hecho, en la actualidad, en la mayoría de los países con indicadores epidemiológicos por Covid-19 al alza, cualquier ciudadano puede comprar bebidas alcohólicas sin restricción.

Vayamos a los hechos: ¿cuáles son las comorbilidades asociadas a la gravedad de la enfermedad por Covid-19? A saber: obesidad, diabetes e hipertensión arterial.

El vocero oficial de la Secretaría de Salud nunca ha mencionado que el consumo de alcohol tenga relación con las tasas de contagio o de letalidad de la enfermedad por Covid-19. ¿Qué condición se relaciona entonces más con el riesgo de sufrir cuadros graves de dicha enfermedad?: la obesidad. Este padecimiento es resultado del consumo de energía en exceso, debido en cierta medida a la ingesta excesiva de bebidas azucaradas y de alimentos procesados.

¿No sería más recomendable entonces aplicar una “ley seca” al consumo de bebidas azucaradas? ¿Por qué razón no se ha hecho? Son el elevado consumo de embotellados y la epidemia de obesidad en los yucatecos los que deberían llamar la atención de las autoridades de salud estatales.

Desde hace muchas décadas, las bebidas azucaradas han mermado silenciosamente la salud de los yucatecos. En cualquier lugar de la geografía estatal se pueden comprar refrescos embotellados, pero no en cualquier comunidad del estado se puede adquirir leche de vaca; la desnutrición de la población rural yucateca ha sido descrita en las encuestas nacionales de alimentación desde hace más de 30 años.

Yucatán ocupa el lugar 32 en producción de leche de vaca; o sea, el último lugar. Un litro de leche a la puerta del establo cuesta en promedio 7 pesos en la actualidad, mientras que un litro de refresco embotellado cuesta 13 pesos o más; siendo éste mucho más caro que la leche.

¿Qué sentido tiene esto? El valor nutricional de la leche, es inmensamente superior al de las bebidas azucaradas (la leche contiene: proteínas, carbohidratos, ácidos grasos, vitaminas, minerales), pero Yucatán es uno de los estados donde se consume mayor cantidad de refrescos embotellados por persona cada día.

La mayor parte de la leche que se consume en Yucatán proviene de otros estados de la república, como Coahuila y Aguascalientes.

Repasemos un poco de química y de física, cada mol de azúcar (glucosa) contiene 673 kilocalorías de energía total; mientras que cada mol de alcohol (etanol) contiene 326 kilocalorías de energía.

La ingesta de calorías

En lo que se refiere a la ingesta de calorías, el cuerpo humano obedece las leyes de la termodinámica, a mayor cantidad de energía (azúcar) consumida, mayor será el aumento de peso; ya que la energía consumida en exceso no se puede destruir, solo transformar, por lo que ésta se almacenará como grasa en el cuerpo. Es por lo anterior que las bebidas azucaradas, al contener una alta concentración de energía, conducen al sobrepeso y eventualmente a la obesidad, la peligrosa comorbilidad fuertemente asociada a los fallecimientos por Covid-19.

No tiene sentido, entonces, prohibir la venta de bebidas alcohólicas en Yucatán durante la actual pandemia, ya que esta medida de prevención no contribuirá a contener la dispersión o la letalidad del virus en la población. Tal vez fueron creencias sin fundamento las que influyeron en la decisión de la administración estatal en cuanto a las medidas de prevención ante la Covid-19, algunas de las cuales no mitigarán la dispersión del virus SARS-CoV-2.

La gestión epidemiológica de la pandemia por Covid-19 en Yucatán es caótica, parece más el resultado de creencias que producto de un análisis objetivo de la casuística de la enfermedad (R0, virulencia, patogenicidad, etc.) que conduzca a la aplicación de medidas de prevención que hayan demostrado ser exitosas bajo una diversidad de escenarios pandémicos.

Las implicaciones económicas, sociales, sanitarias y éticas por los errores cometidos en la gestión epidemiológica de la pandemia por Covid-19 en Yucatán están claramente visibles: parálisis económica, desempleo, pobreza, hambre y, desafortunadamente, muerte.

Dadas las ominosas predicciones para la economía mexicana en el 2020, Yucatán no tiene tiempo de cometer más errores en la gestión de la actual crisis sanitaria.

Hay que apoyar a la generación de empleo y a la reactivación económica en la zona rural de Yucatán, es necesario incrementar la producción y el consumo de leche, para reducir el consumo de bebidas azucaradas en la población infantil en el Yucatán rural, con el fin de mejorar el rendimiento académico en el aula y la talla de los niños y niñas.

De mantenerse algunas de las medidas de prevención de la pandemia —que carecen de base científica—, los yucatecos seguirán requiriendo de atención hospitalaria cada día en mayor número, ante la dispersión sin freno del letal virus causal de la enfermedad de Covid-19.— Mérida, Yucatán.

kvera@correo.uady.mx

Profesor-Investigador de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Uady

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