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Juntos somos fuertes

Guillermo Fournier

José Guillermo Fournier Ramos (*)

Con frecuencia se aprende a valorar aquello más preciado una vez que se ha perdido. Una cruda realidad; una lección de vida que, por lo general, se asimila a la mala tras haber pasado un trago amargo. Sin embargo, cuando se tiene una conciencia colectiva y una sensibilidad social adecuada es posible reconocer lo que nos enorgullece con el propósito de tomar medidas efectivas para preservarlo.

Los yucatecos sabemos apreciar la condición de ser uno de los estados más seguros del país, aunque también debemos aceptar que es indispensable asegurar esta realidad de paz social para futuras generaciones.

Esta tarea requiere de dedicación y compromiso, pues no bastan las buenas intenciones, sino que éstas se deben traducir en una estrategia que involucre diversos aspectos convergentes.

Toda política pública que pretenda obtener un impacto real deberá contar con un diseño fundado en una visión integral. La planeación, la organización, la ejecución y el control de dicha estrategia, propondrán acciones que llamen a la coordinación entre autoridades gubernamentales, sectores de representación empresarial y la sociedad civil.

Al tratar el tema de la seguridad pública es decisivo resaltar que hay dos instancias a través de las cuales se busca reducir la delincuencia. La primera se refiere a la imposición de sanciones para quien comete un hecho ilícito. Esa labor es propia del Poder Judicial y de las autoridades policíacas, quienes desempeñan una tarea digna de reconocimiento. Ahora bien, una segunda instancia, que ha cobrado notoriedad en los últimos años y que es vital para la consolidación del Estado de Derecho, es la prevención social del delito.

Es posible realizar una analogía entre el tópico de la seguridad pública y el tema de la salud pública. Desde hace ya algunas décadas, países occidentales comenzaron a notar el enorme costo que representaba para sus presupuestos el combatir enfermedades tales como la diabetes o el cáncer pulmonar.

Se descubrió entonces que el crear programas de prevención para disminuir el consumo de sustancias nocivas, así como campañas de concienciación para exhortar a llevar una alimentación sana, tuvo un impacto relevante en la población y ayudó a la par a reducir los niveles de nuevos enfermos a mediano plazo.

Por supuesto, es marcadamente más barato establecer políticas de prevención que tener que dar respuesta a problemas emergentes que muchas veces se manifiestan en dimensiones extraordinarias.

Pues bien, los mismo ocurre en el medio de la seguridad. En la actualidad, se presentan fenómenos de preocupación en ciertas zonas del país: la sobrepoblación en los centros penitenciarios, la falta de abasto de los cuerpos de policía o el elevado número de jóvenes adictos a las drogas que son vulnerables a caer en manos del crimen organizado.

Estos males se encuentran lejos de hacer presencia en Yucatán de modo extendido, pero no debemos bajar la guardia. Nos toca defender esta atmósfera privilegiada de seguridad que hemos construido durante mucho tiempo con el apoyo de la familia como núcleo de la sociedad.

Prevención significa reducir lo más posible los factores de riesgo que arrastran a las personas a delinquir, al tiempo que se maximizan los factores de protección que impulsan la sana convivencia. El fomento al deporte y la cultura, el trabajo cercano con la juventud y la atención dirigida a los sectores más vulnerables son herramientas importantes para fortalecer el tejido social.

Juntos somos más fuertes, por lo que una conciencia social madura será la mejor aliada para generar un entorno de unidad donde la prevención sea parte de la esencia cultural de los yucatecos. Que nuestra identidad sea motivo de colaboración en favor del bien común y la seguridad siga siendo el reflejo de los valores que compartimos en nuestro estado. — Mérida, Yucatán

fournier1993@hotmail. com

Licenciado en Derecho, maestro en Administración pública y profesor universitario

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