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La autoridad perdida

Editorial

Mi punto de vista

Cholyn Garza (*)

El ser humano en una etapa de su existencia vive de recuerdos, de añoranzas, de un pasado que se vivió y por ley de vida, no regresará. Sin embargo, no solo son recuerdos los que anidan en la mente y corazón de las personas, sino lo que cada uno aprendió de los padres en el seno familiar, practicó y compartió con otras personas.

Las comparaciones son odiosas y aunque no quisiéramos hacerlas, no podemos sustraernos a realizar un análisis de antes y después.

Las poblaciones crecen conforme transcurre el tiempo y por supuesto, las sociedades evolucionan. Sin embargo, hay que considerar que las enseñanzas recibidas de nuestros padres, esas van a perdurar por siempre.

Dicen que lo que bien se aprende no se olvida y los valores y principios que nuestros padres y abuelos nos enseñaron, no se puede sustituir por unos supuestos “derechos” a conveniencia.

A conveniencia, sí, desde el momento que cada persona le da la interpretación que quiere y según sus objetivos o requerimientos. Si no fuera así, le aseguro que tendríamos una mejor sociedad y sobre todo, un mejor país.

Hablar acerca de los Derechos Humanos es hacerlo de un tema amplísimo, porque los derechos existen y son para todos. En la Constitución se observaba como Garantías Individuales algo que estaba muy bien porque permitía hacer uso de los derechos sin afectar los de terceros.

¨Por ejemplo, las manifestaciones. Todos somos libres de expresarnos, de inconformarnos, por supuesto, pero en forma pacífica y ordenada. Hacerlo de forma violenta, pintarrajeando edificios públicos o privados, quebrando vidrios a negocios sin que haya autoridad alguna que se atreva a actuar como debería y para lo que fue creada, para poner orden.

Es vergonzoso observar a policías agredidos con piedras y martillazos por mujeres encapuchadas que ya nadie sabe qué desean.

A esto hemos llegado; al desorden, a faltar el respeto a la autoridad, a las instituciones, a los ciudadanos, todo por alardear “derechos” que ni conocen.

Todo lo que hoy en día se está viviendo, ya se veía venir. ¿Cuál fue el propósito real de las Naciones Unidas al pregonar los Derechos Humanos?

Voy a compartir con ustedes, estimados lectores, mi experiencia personal y mi opinión acerca de la difusión de los tan cacareados derechos humanos.

Al realizar el diplomado en Derechos Humanos, me pude dar cuenta de las modificaciones que se iban a realizar en las Constituciones nos iban a afectar más que a beneficiar. Nuestros maestros, con excelente historial académico, sin embargo, solo nos hablaban de las modificaciones a las leyes. Y mientras más lo hacían más admiré a nuestros Constituyentes, a esos hombres sabios que nos otorgaron nuestra Carta Magna.

En una clase, una maestra nos decía que los delincuentes tienen derechos y deben ser tratados sin violentarlos. Durante el receso me acerqué a ella y le expuse el caso, reciente en ese momento, de un individuo que había violado y asesinado a una niña. Me repitió lo que había yo escuchado en clase. Que el individuo tenía derechos. No satisfecha con su respuesta le pregunté si tenía hijos; y sí, tenía una hija. ¿Qué haría usted si su hija hubiera sido violentada de la manera que fue la pequeña ultrajada por el individuo del caso que comentamos? Volvió a repetirme que el asesino tenía “derechos”.

Respuesta con la que no quedé satisfecha y le dije: “Nadie sabe a ciencia cierta qué haría ante una situación de violencia”. Porque no es lo mismo conocer casos ajenos a vivirlos. ¿Por qué se tienen que modificar nuestras leyes para favorecer a delincuentes, a personas sin valores, sin principios? ¿Por qué se ha dejado a una sociedad desprotegida en su seguridad, en su integridad? ¿Por qué se castiga de alguna manera a los ciudadanos que no causan daños y se protege al ladrón o al político sinvergüenza? Sin duda por los Derechos Humanos que nos han traído más problemas que soluciones.

Problemas en los hogares donde han puesto contra la pared a los padres. “No le digas nada al niño, porque se puede traumar” “no corrijas al niño, porque es violencia”. En los centros escolares: los maestros no les pueden llamar la atención a los alumnos porque los acusan y los padres en lugar de informarse, hasta denuncian a quienes tienen que lidiar con los “pobrecitos” niños.

Y si son latosos y hasta groseros en la escuela es porque en casa no son educados. Los valores y buenos modales se aprenden en el hogar; al menos eso era antes.

Tristeza de verdad da observar todo lo que hemos perdido por los cacareados “Derechos Humanos”. Nos vinieron a imponer algo que existía en nuestra Constitución como Garantías Individuales. Hoy como “Derechos” mantiene a las autoridades en el limbo, no saben cómo actuar, es la verdad. La ley es interpretación, pero hay quienes ni siquiera la saben analizar, menos interpretar.

Tristeza que la autoridad se haya perdido en los cuerpos policíacos, que no saben cómo actuar ante la detención de un delincuente porque si lo graban y lo exhiben, corren sin la menor consideración a los policías.

Más triste y lamentable para todos, ver que a nuestro querido y respetado Ejército le faltan el respeto delincuentes y mafiosos que exhiben la humillación de que son objeto por quienes se sienten dueños de todo. No es nada agradable observar a los militares desarmados por delincuentes que ostentan su poder con las armas para uso del Ejército.

Situación tanto vergonzosa como preocupante.

Urge ya recuperar la autoridad que hemos perdido. Empezar en los hogares, en los centros escolares, en las instituciones. El país no está para contemplaciones a personas o grupos que están haciendo mucho daño a nuestro México. No es justo que un país como el nuestro no sea defendido por sus hijos, como debería ser.— Piedras Negras, Coahuila.

cholyngarza@yahoo.com

Periodista

 

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