in

La corrupción y la impunidad

feminicida de tahdziú

Acento de Mujer

Lourdes Casares de Félix (*)

Acabar con la corrupción y la impunidad es una de las premisas que se manejan más en este gobierno.

El tráfico de influencias, la extorsión, el soborno y el fraude son algunas prácticas de corrupción que se han generalizado en los gobiernos mexicanos. Así también los llamados “moches”, acción que consiste en entregar dinero a un funcionario para ganar una licitación o en otorgar una cantidad económica para evitar que clausuren un lugar cuando no se cuenta con las condiciones o permisos necesarios.

La corrupción política consiste en sacar provecho del poder público para obtener alguna ventaja, aunque se transgreda la ley y el Estado de Derecho.

El presidente López Obrador decía que estaba “papita” acabar con la corrupción. Asimismo ha dicho: “Hay que aplicar el criterio de limpiar de arriba para abajo y así vamos a barrer el gobierno, como a las escaleras. No daremos un paso atrás ni para tomar impulso. Es una vergüenza que México se coloque en el lugar 135 en corrupción”, continúa AMLO, “y esto es a causa de las acciones del gobierno, no por el pueblo, porque el pueblo es honesto y por eso soy optimista y estoy seguro que saldremos adelante”.

AMLO debería saber que la corrupción, por desgracia, es parte de ser mexicano o mexicana, en mayor o menor medida, tarde o temprano se presenta una oportunidad que lo prueba. Aunque es común no darse cuenta por lo normalizada que está esta práctica que no es exclusiva de los gobernantes.

El mexicano siente que tiene derecho a meterse en las filas, a ser atendido primero, a tener el mejor lugar y no le importa perjudicar o ser injusto con otros. Esta aparentemente simple actitud se transforma en corrupción y se agrava.

El presidente AMLO piensa ilusa e irrealmente que ya que él es honesto (aunque haya quienes opinen lo contrario) automáticamente el pueblo mexicano lo será. La realidad es que se requieren leyes estrictas y castigos ejemplares cuando éstas no se cumplan.

Un país como Singapur que era pobre y con altos índices de corrupción se transformó en una nación próspera y redujo exitosamente la corrupción con varias estrategias, muchas de ellas contrarias a las de AMLO, como aumentar los salarios de los funcionarios, ya que si eran bien pagados, no tendrían la necesidad de buscar otras fuentes de ingreso; además de una serie de medidas como rotar a los funcionarios para evitar la formación de lazos corruptos o llevar al cabo inspecciones sin previo aviso; la creación de empleos con diversas estrategias y una reforma educativa que incluía enseñanza de valores y profesionalismo para el trabajo.

Aunque, por otra parte, en extremo radical se estableció una reforma judicial que castigaba con cárcel, azotes, pena de muerte, en un marco de cero tolerancia, hasta los menores delitos.

El Presidente no puede calificar al pueblo de honesto solamente porque así lo piensa cuando somos de los países más corruptos según datos estadísticos internacionales. Tampoco puede basarse en un optimismo que en el fondo es sólo un deseo etéreo.

Tiene que haber un plan, una estrategia, un programa sólido, para eliminar la corrupción y la impunidad que se encuentra en todos lados y no es “papita” eliminarlos.— León, Guanajuato.

acentodemujer@hotmail.com

Escritora y activista

 

El Presidente no puede calificar al pueblo de honesto solamente porque así lo piensa…

La final del Sur, Leones Vs Diablos, arranca en el infierno

Cartón de Tony: De fajas a fajas