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La “cuesta de enero” en la actualidad

Ya no es como era antes

Filiberto Pinelo Sansores (*)

Durante años los mexicanos hemos padecido lo que se ha dado en llamar “cuesta de enero”, que consiste en un alza desmesurada en los precios, sobre todo de los artículos de primera necesidad, al comenzar un nuevo año.

Antes, en estas fechas, nos quejábamos de los gasolinazos, la elevación de impuestos y el alza desmedida de los precios de todo lo que se consume.

Habrá nacido ayer quien no recuerde que los 31 de diciembre los dueños de vehículos automotores llenaban sus tanques ante el inminente golpe a sus bolsillos que con el seguro aumento a la gasolina, recibirían al siguiente día.

A la par, subían los precios de todo lo demás. Inútiles eran las reclamaciones para que cesara este brutal golpe a las finanzas populares, motivado políticas de gobierno. Si se suma a ello que el salario mínimo estuvo congelado, durante más de 30 años —con el pretexto de que elevarlo sería desatar la inflación—, tendremos la escena completa de lo que ocurría.

Es cierto que muchos empresarios ponían también su granito de arena en la tarea de encarecer la vida y ponían también su parte para que creciera un poco más el dinero que la gente tenía que desembolsar para adquirir los bienes que necesitaba. Su pretexto era que ellos se veían obligados a subir sus precios porque tenían que pagar el aumento de impuestos y el alza de las gasolinas.

Enero era un mes de sufrimientos para el pueblo, que se quejaba porque sus cada día más menguados ingresos eran, a la par, cada vez más insuficientes para comprar lo necesario, comenzando por los ingredientes de la canasta básica. Esta política jamás fue corregida.

En contraste, el gobierno actual, por tercer año consecutivo está cumpliendo el compromiso de no aumentar el precio de las gasolinas —ni siquiera en el 3.5 % en que aumentó la inflación durante el 2020, lo que significa su disminución, en términos reales—.

En diciembre de 2018 el precio promedio de los combustibles era de $ 20.17 por litro (El Economista, 30-06-19); en enero de 2021, después de poco más de 2 años de gobierno, este precio es de $ 19.77 (GasolinaMX.com, 12-01-21).

Tampoco ha aumentado los impuestos. Son los mismos que hace dos años. Es decir, ha puesto todo de su parte para que no haya cuesta de enero.

Por ejemplo, en días pasados existió la amenaza de que con el nuevo año aumentaría el precio de las tortillas. El gobierno se puso al habla con los dueños de Maseca y Minsa, grandes corporaciones productoras de harina de maíz, y consiguió que no aumentara su precio a los productores de tortillas durante los próximos 60 días.

Todo lo que ha sido necesario se ha hecho para que las grandes mayorías transiten por esta crisis, provocada por la pandemia y más de 30 años de neoliberalismo, con los menores daños posibles.

La cuesta de enero actual no es, pues, como antes, fruto de la irresponsabilidad del gobierno sino resultado de una crisis económica ocasionada por un fenómeno mundial que ha devastado en mayor o menor medida las economías de decenas de países. Es la consecuencia obligada por la pandemia de mantener cerrados o semicerrados durante mucho tiempo miles o millones de negocios, en todo el país, para hacerle frente.

Ya no son los aumentos en los precios de las mercancías, incluidas gasolinas y energía eléctrica, o el alza de impuestos lo que la está originando, sino una causa externa. Como escribió el Diario en una nota al respecto, “los almacenes de ropa que abrieron desplegaron llamativos carteles en los que ofrecen descuentos de 20%, 30%, 50% y hasta 70%, compras al 2x1 o 3x2”, y sin embargo, no venden (D. de Yuc., 04-01-21). Es una cuesta atípica, aunque cuesta, a fin de cuentas.

Sin embargo uno se preguntaría: ¿Qué hubiera ocurrido si a las consecuencias de la crisis causada por la pandemia se hubieran agregado las propiciadas por las políticas que antaño se aplicaron? No cabe duda, tendríamos una crisis doble, que implicaría no sólo tener giros económicos abiertos, semiabiertos o cerrados, sino la acostumbrada brutal carestía de cada inicio de año. Se trata, la del gobierno federal, de una política responsable que, si bien no está resolviendo del todo el problema económico presente, está contribuyendo, de manera importante, a su solución.

En los tres años que lleva, además de no haber aumentado impuestos, ni asestado gasolinazos, ni incrementado tarifas sensibles como la de la energía eléctrica —todo esto, sin contratar deuda—, este gobierno está haciendo obras que implican dar trabajo al mayor número posible de mexicanos, como en Yucatán la del Tren Maya, y aplicando programas sociales que, indudablemente, aumentan la capacidad de compra de millones más, creando mercado interno.

Ha aumentado el salario mínimo haciéndolo crecer en 60 por ciento sin producir inflación —que era los que se argüía para no incrementarlo. Hoy, nos encaminamos a la solución del grave problema de la pandemia mediante la compra de millones de vacunas —para lo cual hay presupuesto suficiente— y vacunar, en el menor tiempo posible, a todos.

El objetivo es que no sólo nunca vuelva a haber cuestas de enero sino que las grandes mayorías de nuestro país vayan saliendo de su ancestral pobreza y empiecen a incursionar en una vida mejor. Pero esto dependerá de que, como ha sucedido hasta hoy, el pueblo lo siga apoyando y evite la regresión.— Mérida, Yucatán

fipica@prodigy.net.mx

Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa

 

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