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La democracia que se marchita

Editorial

La estación

Por Pedro Cabrera Quijano (*)

Mientras las pasiones y aspiraciones de nuestros servidores públicos se desenfrenan en la búsqueda de una candidatura local o federal en la llamada “La gran elección”, del 6 de junio de 2021, las votaciones de Estados Unidos están a tiro de piedra.

El proceso del país más poderoso del mundo, el próximo 3 de noviembre, impacta, queramos o no, en nuestra incipiente democracia ya que, siempre, quienes pierden con un mal gobierno somos los ciudadanos.

El modelo político de Estados Unidos ha encontrado su réplica en México y, por ende, en Yucatán. No están en juego los cargos públicos sino algo más profundo: la amenaza a las instituciones democráticas en tiempos oscuros, en tiempos con tufo de muerte por la pandemia, una alerta que nos obliga a replantear nuestro papel como ciudadanos para mantener a flote el barco en tiempos de oscuridad.

Llevamos dos años de éxitos de papel, de primeros lugares en encuestas que no soportan el mínimo rigor metodológico y de premios y reconocimientos comprados con el erario, pero sin servidores públicos con visión de largo alcance que nos saquen de esta crisis sanitaria, económica y política.

En ese entorno, vale la pena reflexionar sobre el mensaje que el expresidente estadounidense Barack Obama pronunció el pasado 19 de agosto, tres minutos de una meditación profunda, que podemos traspolar a nuestra realidad yucateca.

De entrada, la reflexión puntualiza que ningún gobierno saliente espera que sus sucesores, sobre todo si emanan de un partido distinto, den seguimiento a la visión o política de sus antecesores.

Pero la sociedad, los ciudadanos, depositamos en las urnas el 1 de julio de 2018 una boleta con la esperanza de escoger autoridades que gobernaran por el bien común, con el interés de tomarse en serio sus encargos.

Pero hasta hoy, inmersos en campañas abiertas y/o encubiertas, lo menos que percibimos son autoridades conscientes del peso de su encargo, sin un mínimo de veneración por la democracia que depositamos a su cuidado.

Han transcurrido dos años de campaña desde el cargo público, de desapego y falta de respeto a los Planes de Desarrollo, de tiempo perdido. No palpamos un interés real de trabajar por el bien común sino del privilegio de la fotografía y el estilo unipersonal: la ambición particular aplastando el interés colectivo.

En dos años, los servidores públicos no han mostrado interés en encontrar puntos en común con la sociedad, ningún interés en usar el asombroso poder de su encargo para ayudar a nadie más que a sí mismos y a sus allegados, a su club de cuates, a los financiadores de sus campañas.

Funcionarios que se ven como protagonistas de espectáculos mediáticos, para obtener la atención que anhelan, sin estar a la altura de los cargos que les conferimos con nuestro voto o, en su caso, con los acuerdos políticos de alto nivel, pues no olvidamos cómo se desperdiciaron nueve millones de pesos en una oscura asignación del Programa de Resultados Electorales Preliminares a la empresa capitalina “Programas Integrales de Red, Voz y Datos” (originalmente constituida en el giro comercial de agencia de viaje), en una caída del sistema.

La consecuencia del fracaso de este modelo de gobierno de “influencers” es grave: 2,500 yucatecos muertos por Covid-19. Y eso que son cifras oficiales, pues desde hace cinco semanas muchos seres humanos dejaron de respirar, según las actas de defunción, por neumonía atípica, paros cardíacos y otras causas ajenas al virus.

Para las autoridades son cifras y estadísticas, para nosotros son la pareja, la mamá, el papá, el vecino, varios integrantes de una misma familia que se nos adelantaron por la irresponsabilidad de servidores públicos que no han estado a la altura de su cargo.

Son miles de empleos perdidos, cientos de familias que sobreviven a esta profunda crisis económica mientras quienes están en la cima de los cargos públicos, sus familiares y amigos, reciben más dinero y apoyos oficiales que nunca.

La elección de Estados Unidos nos advierte que las instituciones democráticas están amenazadas como nunca antes y que todos tenemos la obligación de sacar a Yucatán adelante.

Nadie, por muy alto que sea su cargo público, puede sacar adelante al país y al Estado por sí mismo; desde los remotos tiempos de los griegos, la democracia jamás fue concebida para ser transaccional, el “dame tu voto y yo hago que todo sea mejor”.

Es tarea de todos. Por eso urge una ciudadanía activa e informada. Urge creer en nuestra capacidad ciudadana y asumir nuestra responsabilidad, para asegurar que los principios básicos de la democracia perduren, porque lo que está en juego es eso: la democracia.

Quienes están en el poder saben que no gozan de nuestra confianza y por eso se esmeran en que votar sea cada vez más difícil para ti: te convencen que todos son iguales, que de nada sirve ir a las urnas, que tu voto no importa.

Así es como ganan y así es como consiguen seguir viviendo de la ubre presupuestal, tomando decisiones que afectan nuestra vida y la vida de quienes amamos. No podemos dejar que esto suceda.— Mérida, Yucatán

pedrocabreraq@hotmail.com

Empresario

 

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