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La derrota de Ivonne Ortega Pacheco

feminicida de tahdziú

Sopa de su propio chocolate

Marcelo Pérez Rodríguez (*)

Para la señora Ivonne Ortega Pacheco el perder en la contienda electoral por la presidencia del PRI se dio por el robo en las elecciones ante las irregularidades habidas en el proceso. Aceptó su derrota al ver los votos en contra y expresó que no dejará a su partido y será el principio de una lucha como vocera del priismo.

La derrota es sin lugar a dudas un golpe al ego político de la exgobernadora, pues se sentía segura del triunfo ante la campaña realizada a lo ancho y largo del país y el llamado a la militancia para transformar al partido. Sin embargo, el pasado político que arrastra la señora de Dzemul fue un obstáculo para que el priismo votará confiado y en masa a su favor.

Empero, el priismo demuestra una vez más que no hay deseo de cambiar, incluso ni por los mismos candidatos a la presidencia, pues los vicios de antaño se hicieron presentes para llevar al triunfo a Alejandro Moreno Cárdenas. Y es que no había tanto de donde escoger, pues los tres candidatos no son líderes de arrastre, ni convencieron totalmente a la familia priista en el ámbito nacional.

De acuerdo con las denuncias de la señora Ivonne hubo ánforas “embarazadas”, compra de votos, rasurada al padrón electoral, “acarreos”, coacción a la hora de sufragar y demás anomalías que le restaron votos a su persona. Es decir, las mismas irregularidades y vicios que conoce y, en algún momento, utilizó ella misma para llegar a la gubernatura. Cruel paradoja.

Las encuestas de salida y el Programa de Resultados Preliminares del PRI señalaron como vencedor a Alejandro Moreno el mismo día de la votación con más del 80% de los cómputos y con casi un 8% para la exgobernadora. Ante estas cifras la señora Ivonne no tuvo más remedio que aceptar su derrota y señalar los vicios presentes en el proceso.

Aquí en la entidad Alejandro Moreno obtuvo el triunfo con casi cuatro mil votos, del 99% de las actas computadas, sobre su contendiente la exgobernadora Ivonne Ortega.

“Alito” ganó en la mayoría de los municipios yucatecos con más de 18 mil sufragios por un poco más de los 14 mil que logró Ivonne. Yucatán le dijo no a la exmandataria.

Aquí también se señalaron las anomalías, principalmente en un padrón que eliminó a los antiguos militantes, por “acarreo” y la compra de votos.

Estrategias

El priismo siempre ha arrastrado este tipo de estrategias ilícitas en procesos electorales, sean internos, estatales o nacionales. Hay alergia por la democracia y la trasformación del partido, por la ética electoral y el deseo de servir desinteresadamente. De esta manera no es raro que los mismos militantes estén desconfiados ante sus propios candidatos y autoridades de la cúpula priista.

A Ivonne le dieron a beber de su propio chocolate con este golpe electoral. Conocedora de los vicios que se manejan dentro del partido y en este tipo de procesos, ahora ella vive el resultado de estas acciones que le restaron, quizá, votos en la contienda.

Era muy difícil un triunfo de Ivonne Ortega, menos uno arrollador en la entidad y a nivel nacional. El pasado político que arrastra la dueña de Dzemul, principalmente en la gubernatura de nuestra entidad, es un obstáculo grande para procesos electorales en donde ella sea candidata. Los mismos priistas en la entidad cuestionan su desempeño como gobernadora y criticaron sus acciones para llegar a ser candidata. Por eso muchos no votaron a favor.

Este marcado divisionismo en la entidad ha propiciado dolorosas derrotas al priismo. En las pasadas elecciones estas inconformidades propiciaron la estrepitosa derrota de su candidato a gobernador y muchos votos en contra.

Pero el PRI no quiere transformarse, ni democratizarse. Quiere seguir en lo mismo y con los mismos. Que prevalezca el autoritarismo, los abusos, el “dedazo”, el amiguismo, el compadrazgo, el nepotismo, la impunidad y la corrupción. Y los tiempos son diferentes, pues los ciudadanos están más alertas y exigentes.

El priismo muestra que no quiere un rostro democrático. El triunfo de Alejandro Moreno se anunció desde el principio, era una manera de legalizar la imposición. Ahora vienen los abrazos y besamanos y las promesas de unidad, trabajo y democratización.

La derrota de Ivonne es una sopa de su propio chocolate. Ella vive en las entrañas del monstruo y conoce las artimañas, irregularidades, trampas y demás vicios que utiliza el priismo en los procesos electorales. Ella los utilizó para llegar a la gubernatura y luego para heredarle la silla a su amigo y compadre Rolando Zapata Bello. Ahora ella sorbe con creces el sabor de la derrota.— Mérida, Yucatán

marpero53@yahoo.com

Profesor

 

No es raro que los militantes estén desconfiados ante sus propios candidatos y autoridades de la cúpula priista

Sosa, salvador melenudo

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