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La Epifanía, un símbolo de la fe

Los magos siguieron la estrella para llegar al Señor. Arriba

 

Razonando nuestra Fe

Emmanuel Sherwell Cabello (*)

El pasado 6 de enero hemos vivido un día santo, celebrando la fiesta de la Epifanía, que significa manifestación. Se refiere a la aparición y manifestación de una gloria que estaba oculta y se ha hecho presente. Dios ha aparecido en el mundo, se ha hecho pequeño y ha venido hacia nosotros no sólamente tomando carne mortal, sino manifestándose a los hombres, mostrando sus obras, su gran humanidad y su gloria. Dios ha querido desbordar toda su presencia a otras culturas en las personas de los magos.

En entrevista con “Vatican News”, el padre jesuita Frédéric Fornos, director internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, comenta que la Epifanía es importante porque es el momento en que reconocemos a Jesús como nuestro Salvador, el que nos salva la vida de las tinieblas.

Reflexiona que hay miles de hombres y mujeres que buscan un mundo mejor, que no se contentan con lo que saben y conocen. Y en el caso de los magos, ellos se ponen a seguir la estrella que ha aparecido al Oriente. En esa estrella han reconocido esperanza y luz, la que lleva a la vida.

Así, los magos nos enseñan, que insatisfechos con su saber, se ponen en camino, hay algo en su interior que los mueve a buscar y a reconocer aquellos signos que nos abren a la vida. Ellos vienen de lejos, no se quedaron en la seguridad de su casa; por el contrario, se ponen en marcha y van en una búsqueda honesta de Dios tal como lo han interpretado al ver surgir la estrella.

La Epifanía es un signo profundo de nuestra identidad cristiana, y hoy debe ser un reflejo de la propia vida individual y colectiva: la búsqueda animada y decidida en Cristo, descubrir su mensaje y seguirlo, como luz para el camino, como meta de nuestra salvación.

Que la fe sea siempre la estrella que nos disponga hallar a Cristo en nuestra vida, como se lo hizo hallar a los magos en la suya. La fe es la que nos fortalece, reconociendo esta gran esperanza que nos permite, como dice Francisco, dar más crédito a la bondad de Dios que al aparente esplendor del poder.

Seminarista católico

 

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