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La estabilidad

Condición necesaria para crecer

Alejandro Legorreta González (*)

“La confianza es como el aire que respiramos: cuando está presente, nadie lo nota realmente; cuando está ausente, todos lo notan” —Warren Buffett.

Vivimos tiempos de incertidumbre e inestabilidad política en el continente.

En Chile, un país que durante años fue uno de los oasis institucionales de América Latina, hoy existen movilizaciones sociales en las calles exigiendo mejores condiciones económicas; el gobierno chileno incluso, ante la crisis, ha planteado la idea de abrir un Congreso constituyente para redactar una nueva Constitución.

Por otro lado, la aguda crisis política en Bolivia —primero con unas elecciones inciertas y luego con la renuncia de Evo Morales por presiones de las Fuerzas Armadas— nos remiten a los peores momentos del siglo pasado en la región.

En Argentina habrá cambio de gobierno, pero el actual desorden económico y la incertidumbre sobre las futuras acciones del gobierno entrante siguen siendo el distintivo. También hemos visto inestabilidad, más allá de América Latina, en París y Hong Kong, entre otros lugares.

Un reciente artículo de la prestigiada revista “The Economist” intentaba determinar las causas de las crecientes movilizaciones sociales alrededor del mundo, y apuntaba como las tres principales razones: la desigualdad económica, la demografía (por lo general, quienes protestan son jóvenes, menores de 30 años) y que los canales políticos institucionales tradicionales cada vez están menos legitimados. También que las redes sociales han sido un factor importante de organización y comunicación, con sus respectivos beneficios, pero también sus riesgos.

En México no hay actualmente grandes movilizaciones sociales, pero hemos tenido temas preocupantes. Además de la desaceleración económica, el principal problema del país sigue siendo la inseguridad. La tragedia reciente de la familia LeBarón en el borde entre Sonora y Chihuahua y las terribles escenas del fallido operativo en Culiacán, Sinaloa, de hace unas semanas, nos recuerdan no solo que el problema sigue vigente, sino que no se ven condiciones, por su complejidad y los límites de la política de seguridad del gobierno federal, para reducirlo en el corto plazo.

En este contexto de inestabilidades políticas en el continente e inseguridad en el resto del territorio, en Yucatán, nuestro querido Estado, vivimos por fortuna una realidad radicalmente diferente. El Estado continúa posicionado como el más seguro de México. En lo que llevamos del año ocupamos el primer lugar nacional en menor incidencia de homicidios dolosos (1.03 casos por cada 100,000 habitantes Vs. una tasa nacional de 17.43), de robo a vehículo (9.94 vs. 111.53 nacional) y de secuestro (0 Vs. 0.82 nacional).

Hay que celebrar el éxito indudable en esta materia, sobre todo en un contexto de descuido general de la seguridad pública en el país, pero, querida lectora, querido lector, mi invitación es principalmente a valorar nuestra estabilidad y paz.

La estabilidad política, la seguridad pública, el dinamismo de la economía, la transparencia, los capitales turísticos y culturales, la deuda estatal como porcentaje del Producto Interno Bruto, la confianza, la demografía, los saldos en Estado de derecho, todos estos son factores indispensables para atraer inversión a largo plazo y crear oportunidades. Sin duda con importantes áreas de oportunidad para mejorar, pero con avances muy relevantes que nos permiten tener las condiciones que hoy goza el Estado.

Recordemos que ninguno de los avances está dado. La paz y la estabilidad se trabajan. En Yucatán seguimos teniendo una buena imagen porque hemos hecho las cosas bien, sociedad y gobierno. Sigamos construyendo este paraíso, que es tarea de todas y todos.

En menos de 280 caracteres: Agradezco a las autoridades de la Universidad Politécnica de Yucatán y la Universidad Tecnológica Metropolitana por abrirme las puertas el pasado miércoles para conversar con los talentosos estudiantes. Sin duda la educación es la solución a la mayoría de nuestros problemas.— Mérida, Yucatán.

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