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La existencia de los poderes fácticos

Editorial

Lo mejor es estar bien informado

Edgar Jesús Conde Valdez (*)

Entrar al espinoso tema de los poderosos poderes fácticos es delicado, pues es como caminar en campo minado: se hieren muchos intereses y pensamientos dogmatizados de gente, desde el profesionista más intelectual hasta el obrero más pensante y el católico más fervoroso.

Pero definamos primero hacia dónde vamos y definamos a los poderes fácticos. Por poderes fácticos se entiende a una parte de la sociedad que se encuentra a un lado o fuera de las instituciones políticas, pero que tiene tremenda influencia sobre la sociedad, a tal grado que casi rige sus conductas y forma tendencia a la hora de razonar. Ejemplos pueden ser el clero, los medios de comunicación, la banca, la comunidad empresarial, la oligarquía, la plutocracia, etc.

El poder fáctico no es legitimado bajo ninguna circunstancia pero ejerce el poder de facto (de hecho), pues esto es una realidad consumada. No ejerce de manera legal, pero es un hecho que ocurre. Puede coincidir o no con el Estado en sus puntos de vista, pero puede influir en las estructuras legales y políticas debido a la presión que ejerce erigiéndose como una autoridad informal.

En el ámbito personal me he topado con muchas personas que, sin darse cuenta, son víctimas de la orientación de los poderes fácticos sin distingos de niveles sociales o académicos. Es pareja la cosa. Por ejemplo, si quieres crecer grande y fuerte, toma lo que te receta tu caricatura o artista de moda. Y sin darte cuenta tarde o temprano caerás en la sugerencia debido a la presión ejercida sobre la sociedad y no necesariamente ese producto pueda ser alimenticio.

En política, donde es más grave el problema, se han creado medios impresos y redes sociales, “influencers”, etc., que contribuyen mucho a la información o a la desinformación, según su tendencia.

En el caso de nuestro país, vivimos día tras día con rumores, comentarios simples, memes y otros métodos gráficos y virtuales que han hecho mella en el buen razonar.

En el caso de nuestra figura presidencial, por un lado tenemos a un presidente que cada mañana habla de los poderes fácticos en su contra por no gastar el presupuesto en medios como se hacía antes y, por otro lado, tenemos a medios que miran las críticas presidenciales como ataques a la libertad de expresión.

Si antes no se hablaba de los poderes fácticos, ahora su presencia se ha popularizado por este fenómeno conocido como “las mañaneras”. Pero es verdad que mucho medio de comunicación perdió la objetividad y se dedicó a lo que ahora se llama “el chayoteo”, por lo que la chamba diaria del presidente (porque así lo decide él) es contrarrestar las andanadas de críticas a un dirigente que da la cara todos los días y no rara vez como ocurría antes. Se expone a cualquier error de dicción o de sintaxis o mejor dicho a decir alguna cosa incorrecta y en seguida las corrientes que lo tratan de dejar mal influyen directamente en el pensamiento de la sociedad para indicarles el resbalón o patinada que dio un alto funcionario, sin comentar que un error cualquiera lo tiene o se hace hasta famoso por tenerlo, como las frases de Yogi Berra en el béisbol.

No estoy de acuerdo con “las mañaneras”, pero es su estilo y se le respeta.

Están a favor tanto del gobierno en turno como en contra. Los poderes fácticos siempre han existido y existirán, por eso necesitamos información fidedigna y veraz, para no estar repitiendo falsedades pues recuerden que una mentira repetida mil veces puede acabar en una verdad aparente.

Y no estamos para chismes u ocurrencias, defendamos la información veraz. No afirmemos vehementemente lo que no nos conste de buena fuente ni hagamos apologías a lo loco de nuestros favoritos. Seamos prudentes y manejemos la verdad a secas. Hagamos el intento. Lo ideal es no ser víctimas de los poderes fácticos en nuestro pensamiento y actuar.— Mérida, Yucatán.

condeval1@Hotmail.com

Maestro en Dirección de Gobierno y Políticas Públicas.

 

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