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La fiesta del Buen Pastor

Semana del Seminario 2019

José Gilberto Pérez Ceh (*)

Hoy, cuarto domingo de Pascua, iniciamos la Semana del Seminario. El lema que hemos diseñado para orar, promover y sensibilizar a la comunidad eclesial es: “La vocación sacerdotal es un llamado a la santidad”.

Queremos de manera especial suplicar al “Dueño de la mies” el aumento, la perseverancia y la santificación de las vocaciones sacerdotales; con ello también recordar nuestra responsabilidad como Iglesia en los diversos niveles, formas y competencias: obispo, sacerdotes, fieles laicos y “los mismos seminaristas como protagonistas del proceso de maduración integral, junto con la familia, la parroquia de origen y otras instituciones eclesiales” (cfr., Ratio Fundamentalis Institutionalis sacerdotalis No. 127).

Queremos dirigirnos de manera especial a los jóvenes para invitarlos a reflexionar acerca del llamado que Dios les hace a llevar una vida santa, aunque sabemos lo delicado y difícil que es hablar y llevar esta vida ante una sociedad donde lo que impera es el materialismo, hedonismo y la indiferencia religiosa. Parece que la vida son “las apariencias y el disfrute”, cada día se hace más palpable “una mentalidad generalizada que podemos calificar” de pensamiento y voluntad débil.

Sin embargo, a pesar de lo anterior, encontramos signos positivos en el sector juvenil que se convierten en señales de esperanza para nuestra sociedad e Iglesia; la transparencia, honestidad, disponibilidad, alegría juvenil y deseo de servir, así como la habilidad para manejar los medios electrónicos.

Urge potenciar estos valores y ofertar la vocación sacerdotal y la santidad de vida en todos.

Tenemos que hablar e invitar a la santidad, puesto que la llamada de Dios sigue resonando con el “¡sean santos!” según la gracia que Dios nos ha dado.

Todos estamos llamados a la santidad a partir de nuestro bautismo. La acción del Espirítu Santo nos anima desde nuestro interior, por consiguiente la santidad es fruto de esta acción.

No es principalmente nuestro esfuerzo, por ello ¡sí es posible vivir en santidad¡ Podemos vivir cada día con las actitudes y pensamientos de Jesucristo, el papa Emérito Benedicto XVI nos dice: “la santidad se mide por la estatura que Cristo alcanza en nosotros, por el grado con que la fuerza del Espíritu Santo modela toda nuestra vida según la suya”.

Es necesario que cada uno se esfuerce por dar lo mejor de sí, responder a esta invitación y asumir este don divino para llegar a ser santos y vivir en plenitud nuestra vida cristiana.

Jóvenes no teman responder a Dios con una vida de santidad, a una vocación específica. “¡La vocación es hoy! ¡La misión cristiana es para el presente!”, nos recuerda el papa Francisco.

Y si Dios los llama a la vocación sacerdotal, el Seminario, que es el corazón de nuestra Diócesis, los acompaña para discernir este “don y tarea”.

La formación en el Seminario es importante y delicada; si bien nos apoyamos en las estructuras, los itinerarios, las cualidades humanas del formador y las fortalezas del joven que responde a la llamada.

Sin embargo, el gran Autor de la formación es y será siempre el Espíritu Santo, Él va moldeando a cada seminarista para que se configure con Jesucristo Buen Pastor y construya un camino de santidad. Es la acción del Espíritu Santo que transforma la vida de los seminaristas y convierte en “piedras vivas” en la construcción de su Reino de justicia, libertad y santidad esperando que lleguen a transparentar a Cristo en la “plenitud de su esplendor”.

Este domingo, Día del Seminario, los invitamos a orar, promover las vocaciones sacerdotales, llevar una vida santa y colaborar efectivamente con nuestro Seminario Conciliar.

Que cada uno sea instrumento eficaz en la formación y una ilusión para los jóvenes, pues tenemos que entusiasmarlos e infundir en ellos el espíritu apostólico.

Es nuestro deber como Iglesia ser verdaderos colaboradores e instrumentos ante el llamado de Dios, para que muchos jóvenes valientes y generosos respondan a la vocación sacerdotal, la que se construye cuando se responde con fidelidad y alegría y se vive en gracia día a día, sostenidos por Dios Padre y guiados de forma correcta por el Espíritu Santo.

Roguemos a Nuestra Señora del Rosario que interceda por nuestro Seminario para que su hijo Jesucristo nos de la gracia de responder a esta noble vocación y confirmar con nuestra vida que: La vocación sacerdotal, es un llamado a la santidad.

Rector del Seminario Conciliar de Yucatán

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