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La gran reforma, atorada

Actitudes

José Santiago Healy (*)

Gobiernos van y gobiernos vienen, sin que se lleve al cabo la gran reforma nacional que impactará de lleno no solo al país sino prácticamente al mundo entero.

Tal reforma se ha atorado en cada uno de los últimos gobiernos debido al antagonismo de los partidos y los presidentes en turno, pero también por la tozudez e intransigencia de los legisladores a la hora de asumir posturas realistas y objetivas.

No hablamos de la reforma educativa que tantos encontronazos ha registrado y cuya primera versión fue cancelada y ahora se discute una nueva opción por demás controvertida.

Tampoco nos referimos a la reforma del sistema judicial que tanta expectativa levantó durante el sexenio pasado y que ha dejado en evidencia que los más beneficiados fueron los criminales que entran un día a prisión y al día siguiente salen libres para seguir cometiendo sus fechorías.

Vaya ni siquiera deseamos aludir a la reforma del modelo económico que buena falta le hace al país y que sería clave para evitar los vaivenes en las decisiones de los políticos en temas financieros y comerciales torales, como sucedió con la cancelación del aeropuerto de Texcoco.

Enorme repercusión

La reforma que hoy vamos a analizar tendrá enorme repercusión en México, pero en realidad compete a Estados Unidos y a la necesidad de ordenar un problema que ha crecido con el tiempo y que los vecinos del norte han aplazo irremisiblemente.

Hoy queremos abordar los pormenores de la reforma migratoria estadounidense que no se ha concretado en los últimos 30 años, pese a innumerables intentos y esfuerzos por llevarla al cabo.

Fue en tiempos del presidente Ronald Reagan, en la década de los 80, cuando se realizó una reforma parcial —la llamada Simpson-Rodino— que permitió la regularización de por lo menos tres millones de indocumentados, cuya mayoría vivía y trabajaba del lado estadounidense.

De ahí en adelante el proyecto más serio de reforma migratoria se impulsó en el primer periodo de gobierno de George W. Bush. Había simpatías hacia México y buena química con el gobierno de Vicente Fox.

Pero los atentados del 11 de septiembre de 2001 sepultaron aquel espíritu reformista. ¿Cómo facilitar el ingreso y legalización de extranjeros cuando Estados Unidos había sido infiltrada por terroristas islámicos del Medio Oriente, pero también de su propio territorio?

Murieron más de tres mil inocentes en las Torres Gemelas y en los demás atentados aéreos, al tiempo que se esfumaban de un día para otro las esperanzas de diez millones de inmigrantes por encontrar una solución definitiva a su estatus migratorio.

Nuevas propuestas

En los siguientes años surgieron nuevas propuestas migratorias, algunas favorables como la llamada reforma integral que lanzaron en 2005 los senadores John McCain y Ted Kennedy y que despertó enormes expectativas tanto en Estados Unidos como en México.

Pero nuevamente se topó con la cerrazón de congresistas que no deseaban una salida humanitaria.

En 2013 una vez más el republicano McCain formuló una nueva propuesta; gobernaba Barack Obama, quien había prometido una y otra vez la esperada reforma migratoria. La intolerancia de los conservadores y el poco oficio político de Obama impidieron su aprobación.

Nueva opción

Ahora surge una nueva opción de reforma, muy distinta a las anteriores porque aquí lo que se busca es la seguridad de las fronteras y establecer un sistema migratorio basado en los méritos y no en las relaciones familiares.

El proyecto será presentado en breve por Jared Kushner, asesor y yerno del presidente Donald Trump, quien asegura que considera mantener “los valores humanitarios” de Estados Unidos.

Sin embargo, Kushner no menciona la posibilidad de regularizar a los más de diez millones de indocumentados que residen en el vecino país, tampoco ofrece una solución a la crisis humanitaria que se vive en materia migratoria en México y en Centroamérica.

Es muy probable que la propuesta de Kushner no llegue muy lejos; sin embargo, podría dar pauta para que de una vez por todas los estadounidenses se pongan de acuerdo en la tan ansiada y necesaria reforma migratoria. Ya es tiempo.

Noticias, noticias…

El empresario Alfonso Romo, jefe de la Oficina de la Presidencia de la República, negó haber presentado su renuncia al presidente López Obrador, al tiempo que reconoció que el decrecimiento de la economía en el primer trimestre del año es un problema serio. “Le dio una ‘cachetadita’ al gobierno federal”, precisó. Romo dijo que la economía crecerá en 2019 al 2 por ciento y no al 4 por ciento como asegura AMLO. ¿A quién le creemos?— California.

jhealy1957@gmail.com

Periodista

 

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