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La independencia de Yucatán, olvidada

feminicida de tahdziú

Pasajes de una epopeya histórica

RUBéN J. BOLIO PASTRANA (*)

En la historia de México septiembre reviste una importancia capital.

En ocasiones anteriores, por medio del Diario, he puntualizado que este mes fue el privilegiado testigo de cuando en el pueblo de Dolores, don Miguel Hidalgo y Costilla, colgado de la esperanza de liberar a nuestra patria de la monarquía española, enarboló la bandera de la libertad.

Hidalgo se transformó así en el campanero que infundió el espíritu luchador, aquel inolvidable año de 1810, que tiempo después culminaría con el galopar del ejército trigarante, que en lo que ahora es la capital de la República anunció el arribo de la independencia, al suscribirse el tratado de Córdoba entre don Agustín de Iturbide y don Juan O’Donojú, quien fuera el postrero reducto virreinal del hispánico yugo palaciego.

El recordatorio del comienzo de la emancipación mexicana de la corona española siempre merecerá nuestro elogio, con aplauso a las autoridades por esparcir esas heroicidades con rememoraciones de diversos semblantes.

Los héroes de antaño son acreedores a la beatificación popular, a fin de que en la memoria perdure la evocación que ahora pasa revista de aquella epopeya, al despertar del pasado a los célebres guerreros, comandados por el padre Hidalgo, como Juan Aldama, Mariano Abasolo, Ignacio Allende, José María Morelos y Pavón, Mariano Matamoros, por citar algunos, sin que se escape la singular figura del Pípila, cuyo auténtico nombre es Juan José de los Reyes Martínez Amaro, quien se cubrió la espalda con una roca y tomando una antorcha encendida de las que usaban los mineros en los túneles y un puñado de varas de ocote, desafiando una lluvia de balas, se dirigió a la puerta de la Alhóndiga de Granaditas, le prendió un fuego intenso que la derribó, para que los insurgentes tomaran esa edificación, usada como guarnición de los realistas.

Aclamación a nuestras autoridades por la devoción prodigada a aquellos adalides, cuya proeza los convirtió en libertadores, más nos llena de tristeza el que los gobernantes de nuestro estado nunca festejan la valiente gesta de que el 15 de septiembre de 1821 —curiosamente unos días antes del 27 del mismo mes y año en que culminó la emancipación que anualmente se enaltece— nuestra Península se desligó del imperio español, en una jornada épica, que estuvo rodeada de sucesos gloriosos, dignos de ser inscritos en las crónicas territoriales, sin que nuestros gobiernos estatal y municipal divulguen y mucho menos rindan homenaje a los paladines que dieron su nombre a tan memorable fecha, la cual yace arrumbada en el olvido.

Durante la época colonial Yucatán fue una capitanía general creada en 1565, subordinada a la dominación de España, que abarcaba los territorios actuales de Campeche, Quintana Roo, Tabasco, el Norte de Petén y la actual Belice; era una zona administrativa que estaba bajo la dependencia directa del rey para asuntos militares y de gobierno, pero debido a su situación geográfica se mantuvo con ciertas libertades; sin embargo, también el virrey de la Nueva España podía nombrar gobernadores interinos en la provincia yucateca, mientras que sólo el soberano hispano tenía potestad para designar al definitivo.

Por su lejanía, Yucatán no se vió afectado militarmente por la guerra de la independencia de México, aunque ya había un espíritu libertador revelado en un grupo denominado los Sanjuanistas, que desde 1810 comenzaron a reunirse semanalmente en la sacristía de la iglesia de San Juan, entre los que figuraban el sacerdote Vicente María Velázquez, los esposos José María Quintana y María Ana Roo, padres de don Andrés Quintana Roo, así como también el controvertido don Lorenzo de Zavala y Sáenz, quien en 1820 dio vida a lo que se llamó Confederación Patriótica, que a la postre se dividió en dos grupos, el que apoyaba el colonialismo y la constitución de Cádiz y otro que pugnaba nuestra liberación absoluta de la hegemonía ibérica.

El proceso que condujo a la proclamación de la independencia de Yucatán no fue similar al que se dio en el resto de México, principalmente porque en la entidad no figuraron acontecimientos bélicos, más allá de las persecuciones políticas que se practicaron desde el poder público contra los independistas, de modo que todo ocurrió en una relativa paz, ya que el último gobernador y capitán general, don Juan María Echeverri Manrique de Lara, tras recibir una nota oficial del Ayuntamiento de Campeche, el 13 de septiembre de 1821, donde se le manifestó su simpatía en favor de la emancipación de México, llamó a sesión extraordinaria a la Diputación y al Ayuntamiento de Mérida, para que debatieran y decidieran libremente, en torno a tan significativo planteamiento.

El 15 de septiembre del propio año 1821 se realizó una asamblea general a Cabildo abierto, presidida por el mismo Echeverri, en la que se optó por la autonomía de Yucatán, aceptando los planes de Iguala (24 de febrero de 1821) y el tratado de Córdoba (24 de agosto de 1821), que constituían la Nación Mexicana en imperio constitucional representativo.

De esa magistral convención se levantó un documento de los pactos aprobados, que viene a ser el Acta de Independencia de Yucatán, en la que en su artículo 1º se expuso: “Que la provincia de Yucatán, unida en afectos y sentimientos a todos los que aspiran a la felicidad del suelo americano, conociendo que su independencia política la reclama la justicia, la requiere la necesidad y la abona el deseo de todos sus habitantes, la proclama, bajo el supuesto de que el sistema de independencia no está en contradicción con la libertad civil, esperando hacerlo con solemnidad luego de que los encargados de establecer definitiva o interinamente sus bases, pronuncien su acuerdo y el modo y tiempo de llevarle a puntual y debida ejecución”.

Por voluntad de los ciudadanos, el estado se unió con posterioridad a la República, pasaje que no se pregona, ni se evoca oficialmente, que el 15 de septiembre de 1821 nuestra entidad, sin derramarse una sola gota de sangre, se desligó directamente de España, derivándose en una omisión imperdonable que no haya correspondencia a los méritos de los próceres que rescataron nuestra comarca.

(Obras consultadas: Wikipedia, enciclopedia libre, y Yucatán en el Tiempo, enciclopedia alfabética).— Mérida, Yucatán.

rbolionot56@hotmail.com

Abogado, notario público

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