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La información que conduce al bienestar

El oficio de incordiar

José Rafael Ruz Villamil (*)

En el inicio del capítulo 2 del evangelio de Mateo se lee un relato lleno de tensión —del cual Jesús de Nazaret es el eje— en torno a la información y a la verdad y su manejo crítico. En efecto y de una parte están unos personajes un tanto misteriosos: los magos —del griego mágoi— que bien pudieran ser miembros de una tribu mesopotámica que desempeñan funciones sacerdotales y se ocupan del estudio de la astronomía y la astrología; serían probablemente de Babilonia, donde se ha desarrollado un calendario que permite marcar los tiempos de la producción agrícola y auxiliar a los viajeros con el mapa celeste. Sea como fuere y según el tratamiento del texto, vienen a representar lo mejor del saber y de la religiosidad pagana, imbuidos, además, de una cierta idea en relación con alguien que, nacido en la tierra de Israel, regiría al mundo en un horizonte de paz y bienestar.

De otra parte, está Herodes el Grande, personaje histórico de quien se sabe no solo por los Evangelios sino más detalladamente por Flavio Josefo. Habiendo obtenido del senado romano el título de rey de Judea, la gobierna entre 37 y 4 a. C. Excelente constructor de obra pública con la que mantuvo una cierta estabilidad económica, resultó también un autócrata sanguinario que no dudó en asesinar esposas e hijos por el temor de perder el poder, temor causado, por cierto, por el rechazo sistemático de sus súbditos judíos que nunca dejaron de ver en él a un usurpador extranjero.

Pues bien, la tensión que se da entre Herodes y los magos se inicia con la llegada de éstos a Jerusalén donde preguntan de un modo por demás abierto y franco por “el rey de los judíos que ha nacido”.

Y es que los magos manejan la información de un modo harto transparente: nada tienen que ocultar y menos que temer en tanto que no están involucrados en la dinámica del poder, cuanto en el conocimiento derivado de la información obtenida de su observación astronómica.

Herodes, que consigue la información solicitada, la manipula de un modo sesgado, o más bien mentiroso: “Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: ‘Vayan e indaguen cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encuentren, comuníquenmelo, para ir también yo a adorarle’”. De este modo Herodes, que quiere, por encima de todo, conservar el poder con los privilegios que le son anejos, al distorsionar la información queda como avanzada y paradigma de quienes, siendo objeto de la ambición del poder, pasan por encima de toda ética, de toda decencia y de toda verdad.

Hoy como entonces Herodes, detentadores y pretendientes del poder han hecho que la mancha parduzca del populismo tienda con fuerza a devorar a América, como lo ha hecho ya en grandes porciones de la misma: primero EE.UU., luego México y ahora Brasil. Es cierto que quizá el factor principal haya sido el que las llamadas democracias clásicas fueron excesivamente tolerantes, si no es que cómplices, de un neoliberalismo que ha exhibido el crecimiento económico en cifras, pero no en el nivel de bienestar de los segmentos sociales más desfavorecidos —¿o habrá que decir expoliados?—, y que al crecer éstos, hacen insoportable la brecha de la desigualdad con su cauda de violencia y, correlativamente, de inseguridad.

Con todo y en relación con lo anterior, la información ha jugado un papel no pequeño, particularmente aquella producida y compartida en las llamadas redes sociales que, dada la índole de su apertura sin límites y sin control alguno, han resultado el vehículo idóneo para la difusión de lo que ha venido a llamarse posverdad, hechos alternativos o, de plano, mentiras redondas. Da grima oír a personas que, por su nivel socioeconómico, tendrían el acceso y, por tanto, el deber —sí, el deber— de manejar información seria, crítica y sólida, repetir los tópicos estúpidos e inanes generados en las tales redes sociales. Ahora bien, esto mismo resulta gravísimo tratándose de los hoy discípulos de Jesús de Nazaret quien en su relación con la verdad viene a ser el referente absoluto no sólo del grupo de sus seguidores, sino de algún modo universal. Es así que el relato de los magos viene a hacer presente al Maestro, de un modo más que perentorio, como acicate para buscar, analizar y usar la información veraz en función de proteger la vida, a más de conducirla al bienestar.— Mérida, Yucatán.

ruzvillamil@gmail.com

Presbítero católico

 

Foto: Ramón Celis.

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