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La inseguridad va a la alza en el país

Foto: Megamedia

Razonando nuestra fe

Emmanuel Sherwell Cabello (*)

Es muy claro que el ambiente de violencia e inseguridad en que vivimos denota una pérdida del sentido de Dios que lleva a muchos al desprecio de la vida del hombre.

La ola de violencia en México sigue al alza y en los primeros meses de este año las cifras oficiales reportan la muerte violenta de casi 22 mil mexicanos. Esto lleva a cuestionar las medidas que el actual mandatario está poniendo en marcha para contrarrestar esta situación. El combate a la violencia fue una prioridad de su campaña y lo es en su programa de gobierno, pero no ha conseguido de momento resultados positivos.

Nuestro país está dañado en lo profundo, comunidades, familias, hombres y mujeres, tanto niños y jóvenes llevan consigo heridas irreparables. ¿Dónde han quedado las voces críticas de los partidos políticos opositores, de los grupos empresariales, de las ONGS?

Las manifestaciones de violencia no cesan y parece que muchos solo viven para asistir diariamente al enojo violento que se manifiesta en sus actos terribles; y la raíz de su actuación es su pretensión de prescindir de Dios y de no reconocer la existencia de un orden moral objetivo, permanente y universal.

Como cristianos debemos ser sensibles a las voces del dolor, al clamor que se multiplica en muchas partes de nuestro país pidiendo ayuda y las acciones necesarias; por nuestra misma misión cristiana, que es un quehacer continuo, estamos llamados a ser instrumentos declarados y abiertos de una progresiva paz y bien entre los hombres.

Solo en la paz en las conciencias puede nacer la paz en los pueblos y entre los pueblos, decía San Josemaría. Y añadía, que la violencia no es apta ni para vencer ni para convencer; siempre sale vencido el que la usa.

Debemos estar convencidos que, por encima del mal que oprime al ser humano, a nuestras comunidades y la sociedad, está la acción redentora y salvífica de Dios. Pidamos pues la fuerza y sabiduría necesaria para que podamos abrazar el vivir con justicia y paz en todo momento, en todas partes, ayudando a ser el cambio donde podamos. Recordemos, las comunidades de fe son parte central en el desarrollo y la práctica de otras vías diferentes de las violentas para resolver las crisis.

Seminarista católico

 

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