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La negociación en el campo cultural

El Macay en la cultura

Rafael Alfonso Pérez y Pérez (*)

No preguntemos si estamos plenamente de acuerdo, sino tan solo si marchamos por el mismo camino (Johann Wolfgang von Goethe). La política cultural son un conjunto de intervenciones realizadas por el Estado, las instituciones civiles, así como organizaciones debidamente integradas, cuyo fin es satisfacer las necesidades culturales para obtener un consenso o tipo de orden, que dé como resultado la transformación social. Por lo cual, uno de los resultados de ese buen ejercicio de política cultural se materializa en los convenios culturales.

Por otra parte, hay que entender que dentro de los actores debidamente integrados se encuentran los museos, como espacios enfocados para salvaguardar el patrimonio y promover el desarrollo cultural en la sociedad, y que como coadyuvantes son también regulados por esa política cultural desde la obligación del propio Estado, consagrado en el artículo 4 constitucional.

En ese sentido existen dos categorías de convenios establecidos con base a sus suscriptores: los interadministrativos, celebrados entre personas jurídicas públicas o entre entidades estatales, y los convenios administrativos, suscritos por la administración pública y particulares como coadyuvantes de esa obligación estatal; asimismo, los acuerdos contenidos dependen en gran parte de la personalidad negociadora de quien los suscribe, o de los que intervienen en su caso, como: observación, amabilidad, motivación, promoción del diálogo, serenidad, compromiso y profesionalismo.

Por otra parte, habría que entender que la relación entre estas personas no es necesariamente una relación personal, ya que ésta debe entenderse como una relación social-política, la cual se trata como interacciones de carácter cívico y por las cuales los sujetos establecen vínculos laborales, profesionales, amistosos, deportivos y culturales, con un fin común o acuerdos que se recopilan en un documento escrito como manifestación de buena voluntad. Estas relaciones interpersonales (con personas físicas o morales en el caso de instituciones), deben basarse en el interés colaborativo para que las negociaciones presentes y futuras sean exitosas en beneficio de sus representadas. Por lo cual es importante destacar que una característica de la política cultural implica el poder, es decir, que para el logro de las metas públicas se requiere la intervención de sujetos con capacidad de conducir la acción colectiva a nombre de quien representan o el ámbito político-geográfico, lo cual supone indudablemente que dicho ejercicio se ajusta al alcance de los objetivos de la política pública, a partir de las diferencias y jerarquías que se involucran, y que están por arriba de cualquier diferencia en el plano “personal” o ideológico, ya que los interlocutores deben poseer experiencia y voluntad negociadora, a lo cual se le dice “tener tablas”. Bastaría recordar que, como responsables de una negociación, se debe tener la “inteligencia emocional”, que se refiere a las capacidades y habilidades psicológicas como: autoconocimiento (autoconciencia emocional); autocontrol emocional (autorregulación) que nos permite reflexionar y dominar nuestros sentimientos o emociones; automotivación que es el enfocar las emociones hacia objetivos y metas; empatía, que se fundamenta en la correcta interpretación de las señales que los demás expresan y habilidades sociales o sentido protocolario, las cuales podríamos definir como una “buena educación”, que va más allá de los conocimientos o el estatus social y que podemos sintetizar como una cuestión de civismo, buen trato y respeto hacia el otro. Un buen negociador debe conocer tanto sus limitaciones como las de su interlocutor, demostrando siempre liderazgo a través de las herramientas que le proporciona la experiencia, el puesto o encargo, así como ver los logros del “otro” como propios, y atribuírselos como una sesión de prerrogativas, una gracia o una exención que se concede para entender que lo otorgado es también propio de su gestión.

Director del Macay.

 

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