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La Normal Rural de San Diego, Tekax

Foto de mayo de 2010 de una ceremonia efectuada por exalumnos de la Normal Rural de San Diego

Reapertura benéfica

Macedonio Martín Hu (*)

Con el propósito de reivindicar y consolidar los logros de la Revolución de 1910 y fortalecer un sistema educativo nacionalista, equitativo y progresista, así como replantear los lineamientos de las Escuelas Regionales Campesinas y las Escuelas Centrales Agrícolas, en 1922 se fundaron las Escuelas Normales Rurales.

El objetivo fundamental del proyecto fue la creación de instituciones educativas para ponerlas al alcance de los hijos de obreros y campesinos. La mística del normalismo rural es formar profesores para laborar en comunidades apartadas y pobres del país y que se involucren en las necesidades más apremiantes de esas poblaciones. En ese tipo de escuelas se forman profesores para que sean “soldados” de la educación.

Los jóvenes que estudian en esas normales no temen laborar en comunidades rurales e indígenas. Un normalista rural no se niega a transportarse en burro, avioneta, caballo o a pie, para recorrer los caminos sinuosos de la geografía nacional.

En una comunidad indígena, el profesor formado en una escuela normal rural, independientemente de coordinar el proceso enseñanza-aprendizaje, en un espacio sencillo y humilde, está preparado para impulsar actividades sociales y otras tareas: como técnico agrícola y pecuario, consejero conyugal, promotor deportivo y artístico, orientador de salud y asistente en emergencias médicas.

El maestro rural enseña a los pobladores a conocer sus derechos constitucionales, es un gestor y agente conciliador de conflictos comunitarios; como vive en la comunidad, asume las necesidades de ésta y participa en la resolución de problemas sociales, ideológicos y políticos.

En suma, el profesor de formación normalista rural no se desempeña únicamente como un técnico de la enseñanza; es un líder social que deja huella en las comunidades. (Pasados 45 años de mi retiro de Sucopo, Tizimín, Yucatán, de regreso como visitante, un padre de familia de esos años, al saludarme derramó unas lágrimas de alegría; uno de mis acompañantes comentó: “Ese es el mejor ejemplo del trabajo de un maestro normalista rural”).

En 1968 se gestó en México un movimiento social liderado por estudiantes de educación superior: UNAM, IPN, ENAH, Universidad de Chapingo, Escuela Normal Superior y otras que luchaban contra las políticas sociales y económicas del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz.

Los estudiantes se oponían a que nuestro país fuese la sede de los XIX Juegos Olímpicos, ante l extrema pobreza de miles de familias mexicanas. Como respuesta, el gobierno diazordacista ordenó el 2 de octubre de 1968 una represión brutal contra los asistentes al mitin popular que se realizaba en la plaza de Tlatelolco, de la ciudad de México.

El objetivo del gobierno de Díaz Ordaz era evitar la instauración en México de un sistema comunista, una exigencia del gobierno de Estados Unidos, de la alta burguesía nacional y de los sectores más reaccionarios de nuestro país.

Los aparatos de espionaje nacionales e internacionales, como la CIA y las instituciones de “seguridad” nacional, aplicando prácticas reprochables e inhumanas, “presumían” contar con las presuntas pruebas de que en instituciones educativas de nivel superior se hallaban “centros” de “adiestramiento” y “adoctrinamiento” de los agentes comunistas internacionales, quienes enseñaban a los jóvenes estudiantes las bondades del comunismo y demostraban las atrocidades del capitalismo.

En ese marco, el gobierno federal, con la finalidad de erradicar las pretensiones de un cambio radical del sistema político nacional, desarticular el movimiento estudiantil y demostrar al mundo entero la “paz social” que imperaba en México, previo a la inauguración de los Juegos Olímpicos, puso en práctica su aparato represor y desató una política persecutoria en contra de los líderes estudiantiles.

Entre las víctimas de la “limpieza social” de Díaz Ordaz, estuvieron 14 escuelas normales rurales, porque se les consideraba “centros” de adiestramiento de grupos guerrilleros marxistas-leninistas.

En el sureste, nuestra Escuela Normal Rural Federal “Gregorio Torres Quintero” de San Diego, Tekax, fue clausurada en agosto de 1969, y tres generaciones de futuros maestros fueron enviados a la hermana Escuela Normal Rural “Justo Sierra Méndez” de Hecelchakán, Campeche, que se salvó de ser clausurada gracias a la férrea defensa del gobernador de ese estado, Carlos Sansores Pérez.

Por todo ello, los egresados de la Escuela Normal Rural de San Diego, Tekax, están agradecidos con el presidente Andrés Manuel López Obrador por aprobar su reapertura. El mandatario instruyó a la doctora Raquel Sosa Liceaga, coordinadora del Programa de Universidades para el Bienestar “Benito Juárez”, para que coordine el proceso de reapertura, con la intervención del maestro Joaquín Díaz Mena, delegado de Programas Federales de Desarrollo en nuestro Estado. La convocatoria de las inscripciones se publicará en noviembre de 2019 y los cursos se iniciarán en febrero de 2020. La reapertura de esa Escuela Normal Rural será benéfica para la educación pública en Yucatán.— Mérida, Yucatán.

chilambalam945@hotmail.com

Maestro de la Universidad Pedagógica Nacional

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