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La Revolución, ¿solo un mito?

Editorial

Grandes carencias en México

Macedonio Martín Hu (*)

Los movimientos sociales que trascienden las estructuras políticas, sociales, culturales y económicas de un país no pueden ser, por su propia naturaleza, hechos espontáneos.

Con estudios históricos serios e investigaciones objetivas e imparciales se podría conocer los antecedentes, causas y consecuencias de los hechos trascendentes que marcan el devenir histórico de un país, y pueden ser contextualizados en el espacio y en el tiempo.

Un ejemplo: para comprender en su justa dimensión el movimiento social más importante de América Latina, que tuvo lugar en la primera década del siglo XX, es decir, la Revolución Social Mexicana, que estalló el 20 de noviembre de 1910, se podría tomar como punto de partida la inesperada muerte del presidente Benito Juárez García, ocurrida el 18 de julio de 1872.

Ese hecho tomó por sorpresa a los acérrimos enemigos del indio de Guelatao: la cúpula del clero, la burguesía nacional, los esclavistas hacendados, los terratenientes y el sector militar, liderado por el general Porfirio Díaz.

En 1876 Díaz logró su viejo anhelo de dirigir los destinos de México, salvo el período: 1880-1884, cuando ocupó la presidencia el general Manuel González, el autor del Plan de Tuxtepec. Mantuvo un gobierno dictatorial que sólo abandonó con el “triunfo” de la Revolución Mexicana.

El anciano dictador renunció el 31 de mayo de 1911 a raíz de la firma de los Acuerdos de Ciudad Juárez, documento que fue signado por representantes del dictador y los maderistas el 21 de mayo de 1911, y estableció que Díaz sería sustituido de acuerdo con la Constitución de 1857.

El 25 de mayo de 1911 renunciaba Porfirio Díaz, y el 26 se exiliaba en Francia.

El 7 de junio entraba triunfalmente Francisco I. Madero a Ciudad de México.

Dice el escritor Adolfo Guily: “Para las fuerzas burguesas, la Revolución había terminado”.

En ese contexto, no habría estallado ningún movimiento revolucionario si don Porfirio hubiera cumplido con su proyecto político original de “no reelección” y las palabras que expresó en la entrevista con el periodista estadounidense James Creelman, en febrero de 1908.

Entre otras cosas, Díaz declaró: “Es suficiente para mí haber visto a México levantarse entre las naciones útiles y pacíficas. No tengo el menor deseo de continuar en la presidencia; esta nación está al fin lista para la vida de la libertad”.

Con su magistral jugada política, el dictador oaxaqueño avivó la inconformidad de los liberales y la burguesía nacional, que luchaban para erradicar el sistema dictatorial de Díaz, quien gobernaba con el emblema: “Orden y Progreso”.

Adolfo Gilly, en su libro “La Revolución interrumpida” señala: “En 1905, año de auge del porfiriato, la ‘paz social’ reinaba oficialmente en el país. Las huelgas y los sindicatos obreros estaban prohibidos por ley”.

Sobre la Revolución, que este 20 de noviembre cumplió 110 años, se ha escrito abundante literatura que debería ser estudiada con una mentalidad crítica, para comprender la magnitud del movimiento revolucionario que causó muchas muertes.

El movimiento fue institucionalizado con la promulgación de la Constitución, el 5 de febrero de 1917. Anatoli Shulgovski, en “México en la encrucijada de su historia”, señala: “Con la nueva Constitución de 1917, podría decirse que termina cronológicamente la Revolución Mexicana. Su aprobación, empero, no eliminó toda la agudeza de las contradicciones sociales en el país, la encarnizada rivalidad entre los distintos grupos políticos”.

La lucha por el control del poder provocó el asesinato de los caudillos revolucionarios: Emiliano Zapata, Francisco Villa, Venustiano Carranza y Álvaro Obregón.

En 1929, Plutarco Elías propuso la fundación del Partido Nacional Revolucionario (PNR); la finalidad fue unificar a las diversas tendencias y partidos, así como mantener bajo su control a las masas obreras y campesinas e “impulsar” el desarrollo económico del país que ya se enfrentaba a las políticas intervencionistas de los Estados Unidos.

Con la guerra de 1846, EE.UU. arrebató a nuestro país más de 2 millones de kilómetros cuadrados y con su tristemente célebre Doctrina Monroe: “América para los Americanos”, bloqueó la entrada de inversiones extranjeras y logró el control del desarrollo industrial (ferrocarrilero, petrolero y financiero).

Con el PNR, el Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y el Partido Revolucionario Institucional (PRI), los grupos, “Cachorros de la Revolución”, tomaron en sus manos el poder, utilizaron los postulados de la Revolución en sus proyectos de reconstruir la economía de la nación y “cumplieron” supuestamente la justicia social.

A 110 años del movimiento revolucionario, las mujeres y hombres que cifraron sus esperanzas en un cambio verdadero, ahora sus herederos conforman un núcleo social de más de 50 millones de personas que sobreviven en pobreza extrema.

Las causas que originaron la Revolución, hipotéticamente fueron superadas, empero, el Covid 19, ha desvelado una cruda realidad.— Mérida, Yucatán.

chilambalam945@hotmail.com

Maestro de la Universidad Pedagógica de Mérida

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