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La ruta de la libertad

El camino que va de regreso

Alberto López Vadillo (*)

— ¡López Vadillo Alberto se va libre! — fue el grito de la “ranita”, un chico que hace las veces de estafeta de la mesa de control del centro de reinserción social de Mérida.

Sentado en el borde de la litera de la celda que fue mi hogar durante quince años y escuchar la frase tan deseada fue tan emocionante como entrañable.

Me levanté despacio y eché una última mirada. Atrás dejaba lágrimas, sufrimiento, mucho dolor y arrepentimiento. Me llevaba en la mochila de las experiencias de vida: aprendizajes, esperanza, madurez y sobre todo la convicción de no rendirme nunca.

Poco a poco, fui recorriendo la distancia que llevaba de mi celda hasta las oficinas administrativas para hacer los trámites finales y obtener mi libertad, contra toda lógica caminaba despacio, quería llevarme en mis recuerdos cada espacio de este lugar que cambio mi vida en tantas formas.

Primero pasé por la escuela, eran las 3 de la tarde, el momento del cambio de turno. Salían los que estudiaban la primaria y secundaria y entraban los que estaban en la preparatoria y los talleres de inglés, computación y mecánica, ver el barullo de hombres que salían y entraban me dio una mezcla de nostalgia y orgullo.

Recordé que encontramos un edificio impersonal, casi sin vida y como poco a poco se fue transformando, hasta convertirse en lo que hoy miraba. Al pasar solamente saludé a los muchachos de lejos, no quería despedidas. Sabía que me quebraría. En verdad los llegué a apreciar.

Seguí mi camino y más adelante estaba la capilla, me detuve un momento y me arrodillé agradecido. Mi fe había madurado durante estos años, de mirar a Dios como alguien a quien le pides y esperas que simplemente cumpla lo que deseas se convirtió en un amigo a quien, si en verdad escuchas en oración, sus consejos siempre son acertados.

Llegué a las oficinas administrativas para hacer los últimos trámites. Les di un último abrazo fraterno a todos los trabajadores penitenciarios con los que trabajé y compartí esfuerzos.

Debo reconocer que muchos de ellos a pesar de no estar en el trabajo que soñaron, siempre ponen todo su empeño para realizarlo de la mejor manera posible.

Parado en la puerta de su oficina estaba el profesor Brito, director del centro penitenciario. Su presencia y consejos fueron determinantes para convertir a este hombre molesto y frustrado en alguien que cumplió su sentencia y sale buscando una segunda oportunidad en paz. Me dio algunas recomendaciones finales y un abrazo cálido, sincero que cerraba simbólicamente esta etapa de mi vida.

A unos pasos

Recorrí el ultimo pasillo rumbo a la salida, al fondo el Sol en todo su esplendor esperaba. Eran las 3:46 de la tarde del 15 de marzo de 2019. Soy un hombre libre.

La luz del Sol por un momento me cegó y cuando finalmente pude ajustar la vista lo primero que vi, como si se tratase de un mensaje divino, fue a la mujer que iluminó mi vida durante estos últimos años, tenía una sonrisa infantil y limpia.

Se acercó con paso apresurado y se fundió conmigo en un abrazo largo y emotivo, habían sido años de promesas y esperanza, años de espera paciente. No hubo palabras, solo sonrisas, miradas cómplices y ojos llenos de lágrimas. Cada uno a su manera, cumplió la promesa que nos hicimos cuando nos conocimos: Llegar al final. Nos mirábamos satisfechos, éramos personas confiables y de palabra. Ahora podríamos pensar en construir cosas más formales.

Miré a mi tía y a mi madrina de bautizo, ellas le hicieron la promesa a mi madre en su lecho de muerte que la representarían, si Dios les daba vida, para verme en libertad.

Mi madrina me tomó de la cara y dijo mirando al cielo: “Betusho” ella estará feliz de verte salir, fuiste su ultimo pensamiento.

Después todo fue algarabía, abrazos y sonrisas de amigos leales, familiares y algunos lectores que me sorprendieron gratamente con su presencia.

Cambios

En estas primeras semanas en libertad me he encontrado con una Mérida diferente a la que deje en 2004, es cierto que es más grande, con edificios y plazas comerciales nuevas, llena de automóviles y tecnología.

Sin embargo, lo que no cambió es su gente, personas cálidas, sinceras y amables, pero sobre todo valientes y luchadoras.

He platicado con muchas de ellas y he podido escuchar sus admirables historias de vida, cómo han salido adelante a pesar de todas las adversidades, con esta convicción innata del ser humano de querer ser feliz y vivir en paz. Todos han intentado explorar diferentes caminos para encontrar sentido a sus vidas, algunos han sido los correctos, pero en otros descubren que han errado.

En cada uno de estos relatos descubrí un elemento común, que es que a pesar de lo mucho que te hayas alejado de lo correcto o lo bajo que hayas caído, siempre existe un camino que va de regreso y eso es digno de contarse también.

Así que, estimado lector, si usted me lo permite continuaré compartiendo relatos de superación, ahora dándole voz a las historias de vida de gente común que encontró su camino de regreso.

Por supuesto que no dejaremos a nuestros abuelitos penitenciarios y continuaremos trabajando a través de la asociación civil acompañando sus diferentes necesidades. En esta ocasión estaremos celebrando con ellos la semana mayor. Si usted quiere participar como voluntario y conocer nuestro trabajo formando parte de esta familia lo invitamos a ponerse en contacto con nosotros al teléfono 9992-57-16-30 con la presidenta, señora Irma Herrera Hernández. Pueden hacerlo también donando artículos de higiene personal (jabones, pasta de dientes, cepillos dentales, papel higiénico, rastrillos, peines, etc.). De igual manera puede donar cualquier cantidad en efectivo. Les recordamos que somos donatarios autorizados y otorgamos recibos deducibles de impuestos en caso de que lo necesiten.

En esta ocasión, en cualquiera de los casos, con todo gusto iremos personalmente a buscar sus aportaciones, entregándole, si me lo permiten, alguno de los cuatro libros que he publicado en agradecimiento por su generosidad y dándole un abrazo por acompañar mi camino que va de regreso. Que así sea.— Mérida, Yucatán

El camino que va de regreso

@elcaminoquevade

alberto.lopez.v@hotmail.com

Psicólogo

 

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