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La Sobriedad, a tu favor

Foto: Megamedia

 

Uno, dos, tres… por la adultez

Antonio Alonzo Ruiz (*)

Sin perder el hilo de nuestra serena conversación y recordando mi insistencia en saber su nombre, mi nueva interlocutora, con templada voz declaró, me llamo Sobriedad. Y, a diferencia de lo que muchos piensan —revela— mi nombre no se relaciona con privaciones o carencias y menos aún con la miseria humana.

Mi labor se relaciona con tus capacidades superiores de pensar, reflexionar y decidir, que te capacitan para dar a las personas y a las cosas su justo valor y satisfacer enteramente tus necesidades, desde las más básicas hasta las más elevadas, estableciendo límite a tus apetitos que, dicho sea de paso, con frecuencia tienden a salirse de control.

Mi propósito, declara con orgullo, es forjar en ti una personalidad abierta, respetuosa, responsable y emocionalmente estable, la cual debes conducir no por los apetitos, sino por el señorío de tu cerebro inteligente sobre aquellos.

Sin pretender interrumpir la sobria declaración acerca de su identidad y propósitos, le recordé a Sobriedad que había dejado sin aclarar cuáles son tales dos acciones que realizo varias veces al día y seguiré realizando hasta el final de mi existencia relacionadas ambas con el primer paso para lograr ser dueño de mí mismo.

En su gesto sereno y mirada atenta, advertí su plena atención hacia mí y caí en la cuenta que es Sobriedad la primera quien puede ayudarme a lograrlo.

Psicólogo clínico, UVHM, especialista en el manejo de emociones y envejecimiento en el MATIA Instituto Gerontológico.

Antonio Alonzo

aalonzo@crehas.org

 

Por leer mensaje del “WhatsApp”

Predicador con ejemplo