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Lamento mexicano

El asilo a Evo Morales

Antonio Salgado Borge (*)

Sofía: Hola, Felipe. Qué gusto verte por aquí. ¿Por qué esa cara de enojo?

Felipe: Tengo un muy buen motivo para ello, Sofía. Me parece aberrante e inaceptable que el gobierno de AMLO haya decidido dar asilo a Evo Morales, el expresidente de Bolivia. Y no estoy sólo en mi enojo. De acuerdo con una encuesta de “Reforma”, el 58% de los mexicanos rechaza esta decisión.

Sofía: Sabes que no soy experta en asuntos legales, Felipe; así que evitaré el tema de los requisitos formales para dar o negar asilo a una persona. Lo que sí sé es que México tiene una larga tradición de abrir sus puertas a perseguidos políticos, y que hay varios países que hoy agradecen y reconocen esta apertura del gobierno mexicano.

Pero pongamos entre paréntesis los asuntos formales, pues más allá de éstos, me interesa entender por qué te enoja que esta persona sea recibida por nuestro país.

Felipe: Me extraña que preguntes, Sofía. Evo Morales es un dictador. Y los dictadores nuca deben ser recibidos por México.

Sofía: Hasta donde entiendo, para que alguien caiga en la definición de dictador hay al menos dos condiciones necesarias, Felipe. (a) La primera es gobernar con el apoyo de la fuerza y sin limitación jurídica. (b) La segunda es la concentración de todos los poderes políticos en una sola persona. Dicho esto, creo que es claro que Morales no gobernó a través de la fuerza: en realidad en las dos primeras elecciones que ganó lo hizo por un amplio margen y con una legitimidad contundente.

Además, no hay registro de una dureza o persecución a periodistas u opositores. Los poderes en Bolivia no fueron concentrados en una sola persona, aunque desde luego que en algunos casos el presidente puede en los hechos tener control sobre los otros poderes. Eso es algo que la historia mexicana nos enseña muy bien. Lo importante aquí es que en ambos sentidos, hay varios gobiernos —como el de Putin o el de Nicolás Maduro— que serían candidatos a dictadores contemporáneos antes que el de Morales.

El terrible error de Evo, desde luego, fue haber interpuesto un recurso contra el referéndum en el que 51% de las personas dijo no estar de acuerdo en que se postulase una vez más a la presidencia; pero eso no lo hace automáticamente un dictador. Eso sí, ello pone en duda su legitimidad y abre la puerta a la erosión de la democracia; pero no hubo tiempo de ver el desenlace de esta historia.

Felipe: ¿Y qué me dices del evidente fraude electoral que ejecutó en las elecciones de hace unas semanas, Sofía? Evo Morales claramente detestaba la democracia.

Sofía: Creo que es una posibilidad que haya habido fraude, Felipe. Sin embargo, también me parece que para probarlo se requiere más información y estudios al respecto. Por ejemplo, la OEA considera que, de hecho, hubo fraude.

Pero, por otra parte, el periodista yucateco Eduardo Huchim, que como sabes es un reconocido experto en temas electorales, ha mencionado en el programa de Carmen Aristegui que otros estudios internacionales indican lo contrario. Lo ideal hubiera sido resolver esto mediante auditorías imparciales, y no con el ejército “invitando” al presidente a dejar su cargo; es decir, mediante una vertiente de golpe de Estado.

Lo que es peor, el gobierno que le ha sucedido a Morales parece verdaderamente amenazante para la verdadera democracia. De acuerdo con Sin embargo.mx, Jeanine Áñez, la senadora autoproclamada presidenta con el respaldo del ejército y de un radical líder cristiano, reemplazó a un gobierno indígena para conformar un gobierno sin indígenas. Además, llegó al palacio de gobierno portando en sus manos y a lo alto una Biblia y dijo: “Gracias a Dios ha permitido que la Biblia vuelva a entrar a Palacio, que él nos bendiga”.

Cuando se conoce algo de historia mundial de la conquista y de Latinoamérica, y cuando se entiende la imposibilidad de materializar una democracia con base en principios religiosos, uno tiene que alarmarse ante el simbolismo de estos eventos. Como me dijo hace unos días una brillante amiga española y católica: cuando se entiende las implicaciones de estos mensajes, no es necesario ser indígena o ateo para darse cuenta de que estamos ante mensajes antidemocráticos y neocoloniales.

Felipe: Creo que en eso tienes razón, Sofía. Lo que sí no puedes negar es que Morales es un comunista y un socialista. Su presencia es peligrosa para México porque de alguna forma el gobierno de AMLO puede copiar estos esquemas. Y sabemos muy bien que éstos sólo pueden llevar a una nación al fracaso.

Sofía: Me sorprende que pongas tan fácilmente al comunismo y al socialismo en la misma canasta, Felipe. Un elemento clave para el comunismo es la suspensión de la propiedad privada, algo que claramente no ocurrió en Bolivia —como en algún momento sucedió en Rusia, China o Cuba—. Mi intención no es ahondar en la discusión sobre el comunismo, pues me parece que una vez que se entiende éste término es claro que Morales no fue un comunista.

Ahora bien, me parece obvio que Evo Morales sí fue un gobernante socialista si entendemos ‘socialismo’ como una serie de principios que buscan la igualdad económica, política y social. A pesar de que algunos críticos lo consideraban inviable, condenado al fracaso o peligroso, el gobierno de Morales nunca escondió su intención de regirse por principios de esta naturaleza. ¡Hasta hace unas semanas la BBC se preguntaba si Morales era el gobernante socialista más exitoso en el mundo!

Lo cierto es que bajo muchos parámetros Morales fue el presidente más exitoso en las últimas décadas en América Latina. Con él como presidente, la economía boliviana ha creció en promedio casi 5%, la población en pobreza extrema se redujo a la mitad, la desigualdad se redujo marcadamente, el incremento de salario real —lo que verdaderamente obtiene la gente con lo que gana— fue constante e incluso superó el 10% durante cuatro años, el PIB per cápita se duplicó, la inflación se mantuvo moderada y estable, las exportaciones se duplicaron (Diario de Yucatán y “Reforma”).

De acuerdo con la BBC, parte del éxito se debe a la nacionalización de los hidrocarburos o la estabilidad social derivada de la mayor inclusión. Si el gobierno de México lograra replicar estos resultados, el país sería, para bien, otro.

Felipe: Déjame ver si entendí bien, Sofía: ¿estás diciendo que Evo Morales es el modelo de presidente al que debe aspirar México? Pensé que defendías la democracia en su sentido más amplio, incluyendo instituciones fuertes y autónomas que Bolivia no desarrolló durante el gobierno de ese presidente.

Sofía: Qué bueno que haces esa pregunta, Felipe, porque esto NO es lo que estoy diciendo. Entiendo, sin embargo, el sentido de tu confusión. Mi respuesta a tu inquietud es la siguiente: lo que realmente quiero decir es que los logros del gobierno de Evo Morales son impresionantes, y que estos logros dejan en condiciones de vergüenza a los lamentables resultados de gobiernos o partidos que le critican por “peligroso”, como el PAN en México. Algo muy importante tendríamos que aprender de este contraste.

Ahora bien, he defendido y sigo defendiendo la necesidad de gobiernos con orientación socialista, porque hay evidencias de que éstos pueden generar resultados como los generados por el gobierno de Evo Morales. Pero también he suscrito y sigo suscribiendo la necesidad de instituciones fuertes y de democracia electoral sobre liderazgos personales. Y es que no hay en principio contradicción alguna en la idea de un gobierno socialista y plenamente democrático. El gran error de Evo Morales, Felipe, y la falla por la que hay que criticarle, es no haber podido o no haber querido darse cuenta de ello.— Edimburgo, Reino Unido.

asalgadoborge@gmail.com

@asalgadoborge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (Itesm)

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