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Las emociones que deben sanar

Foto: Megamedia

Pastoral de la Salud

El estado de ánimo en una persona puede variar ciertamente según múltiples factores. La edad, el clima, las hormonas, el trabajo, las presiones y los problemas cotidianos de la vida pueden influir positiva o negativamente en una persona.

No podemos ni debemos huir de los problemas, pues estuviéramos huyendo de la vida misma.

La pregunta aquí es, ¿cómo canalizo mis emociones? Seguramente más de una vez has sentido preocupación, ansiedad, angustia, tristeza… Y ciertamente no te quedas encerrado o encerrada en tu casa, sino que sales y continúas viviendo. Pero resulta que durante el día estás con mal humor, con, sueño, cansancio, irritable, etcétera. ¿A qué se debe esto?

Recordemos que el ser humano es un ser integral, es decir que mente, cuerpo, relación y espíritu trabajan conjuntamente. Si le doy más espacio a mi cuerpo y vivo solo para él, las otras áreas van a reclamar espacio; si vivo solo para mis relaciones sociales, mi cuerpo y mi espíritu me van a reclamar; si vivo solo para mi espíritu y no le dedico tiempo a mi cuerpo y mis relaciones, pasa lo mismo.

En armonía

Nuestra tarea ha de ser la de mantener una armonía interior para manifestar equilibrio en todo lo que hago. Una vida equilibrada tendrá muy en cuenta la oración, la relación con Dios que me lleva salir de mí mismo y encontrarme con las demás personas, dejando mi individualismo. Así viviré una vida auténticamente sana.

En una reciente alocución, el papa Francisco señaló como antídoto a la enfermedad del estrés a darse un verdadero descanso, que no es el de la “sociedad de consumo” sino el abandono confiado a la compañía y la protección de Dios.— Presbítero Alejandro de J. Álvarez Gallegos, coordinador Diocesano para la Pastoral de la Salud

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